19/10/2020

El Plan Gas 4 es otra «sarasa»

A pesar de los subsidios, no se revertirá la desinversión y la caída de la producción.

Si bien falta la publicación en el Boletín Oficial para conocer la letra chica del llamado Plan Gas 4, lo anunciado por Alberto Fernández en Vaca Muerta, el yacimiento estrella, fueron “palabras al viento”. Con una torre de perforación como fondo y un presidente de YPF enfundado en un overol, la cinematográfica puesta en escena de la conferencia de prensa no podía ocultar la crisis.

El mandatario, junto a la cúpula de YPF, los gobernadores de Neuquén y de Río Negro, y el flamante secretario de Energía Darío Martínez, no pasaron de anunciar generalidades, estimaciones y promesas. Lo único concreto es que sigue la política de subsidiar a la empresas productoras, un rumbo que ya fijaron los anteriores “planes gas” y que terminó en una huelga de inversiones, ya previo a la pandemia.

El primer Plan Gas arrancó en 2012 bajo el gobierno de Cristina Fernández, y después de siete años de sucesivos “planes” no se logró llegar en Neuquén a la producción del 2005, cuando alcanzó unos 2.500.000 de miles de m3 de gas por mes.

Cuando Macri designó en el Ministerio de Energía a Juan José Aranguren, exejecutivo de Shell, continuaron los subsidios. Durante todo 2018 estuvo vigente el «sendero de precios» que implicaba un subsidio sobre el precio local (3,20 dólares el millón de BTU) para completar un precio de 7,50 dólares, pero a pesar de garantizar a las petroleras ese precio recontra alto la producción creció ese año un módico 11%. Como el nivel de subsidios iba bajando, hasta completar 7 dólares por millón de BTU en 2019 y 6 dólares en 2020, las inversiones se fueron retrayendo (al punto que el pasado febrero se produjo menos que un año atrás -ambas épocas estivales).

El nuevo “plan gas” asegura a las productoras algo bastante menos abultado que los anteriores plantes, fijando 3,70 dólares por millón de BTU como precio contractual para las compras de Cammesa (mayorista) y las distribuidores gasíferas, pero esto en medio de una caída estrepitosa del precio del gas en el mercado internacional (el Henri Hub se cotiza en 2 dólares el millón de BTU). Por este motivo, a pesar del costo fiscal del orden de los 1.500 millones de dólares, no está asegurado ningún nivel de inversión ni de un aumento sustancial de la producción.

En lo referido al gas de Neuquén y Vaca Muerta, vale recordar que el nuevo secretario de Energía, Darío Martínez, ha dicho que sin construir nuevos gasoductos la producción gasífera neuquina entra en un cuello de botella. Se trata de obras de cientos y miles de millones de dólares, sean nuevos gasoductos o estaciones de presurización a lo largo de los ductos ya existentes.

La realidad pincha el globo al relato que el presidente y los gobernadores de Neuquén y Río Negro pregonaron en Vaca Muerta.

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