04/01/2002 | 736

El «Porteñazo» contra la Corte y los banqueros desnudó el fracaso de Rodríguez Saá

El cacerolazo del viernes 28 no sólo estuvo precedido por la experiencia de la enorme pueblada que echó a Cavallo y a De la Rúa una semana antes. La tendencia a la movilización, a la acción directa y a la manifestación política de masas no había amainado con el nuevo gobierno, al contrario. La huelga ferroviaria y el paro de los empleados del Banco Ciudad contra el no pago de horas extras, marcaban la tendencia. Fueron muy sintomáticas las «respuestas» de los usuarios perjudicados por estas medidas de fuerza. El jueves 20, los ahorristas y clientes que esperaban para cobrar en el Banco Ciudad de Tribunales, cortaron Corrientes denunciando a los banqueros y a la Corte Suprema por el robo de sus depósitos. En Plaza Once, al día siguiente, hubo una verdadera rebelión de los usuarios de trenes contra la negativa de la empresa a devolverles la plata de los boletos. En la misma mañana del viernes, hubo otro cacerolazo en la puerta de Tribunales *convocado por los abogados laboralistas* para reclamar la renuncia de la Corte Suprema.


Comienza la auto-organización


El cacerolazo del viernes 28 fue organizado por la tarea previa de miles de activistas que convocaron asambleas barriales, llamaron a los vecinos a manifestar, primero en cada barrio, donde se realizaron cortes de calles y asambleas; luego se marchó organizadamente a Plaza de Mayo. La tarea de organizar los barrios fue tomada por activistas sindicales, militantes políticos y, sobre todo, la juventud universitaria, que volcaron la experiencia adquirida en la nueva tarea.


En el cacerolazo contra Rodríguez Saá comenzaron a aparecer carteles identificatorios de agrupamientos barriales que marcharon organizadamente a Plaza de Mayo. La «Asamblea Popular de Almagro», por ejemplo, después de cortar Angel Gallardo y Corrientes, marchó con su cartel y mil vecinos a la Plaza. Esta movilización fue preparada con asambleas previas y una significativa declaración política (ver aparte). En la «Asamblea Popular de Almagro» participan, además de los vecinos, organizaciones del barrio como la Coordinadora por el Trabajo y la Vivienda (integrante del Polo Obrero) y el Centro de Estudiantes de de la Facultad de Sociales de la UBA (sede Ramos Mejía).


Y, de una manera más acusada todavía que el cacerolazo del 19, el del viernes 28 sentó las bases para el surgimiento de nuevas organizaciones. En San Cristóbal, los vecinos que organizaron el cacerolazo del 28 convocaron a una Asamblea Popular el 30 (concurrieron 80 personas) y a nuevos cacerolazos el 30 de diciembre y el 1° de enero. Fueron en gran parte estas organizaciones, que funcionan por el método de la asamblea, las que organizaron *frente al brutal bloqueo de los medios de prensa*, el gran cacerolazo del 1° de enero, la noche que asumió Duhalde.


Lejos de la «montonera» de vecinos que presenta la prensa, se asiste a un amplio movimiento de auto-organización en las barriadas.


Politización


Resulta extraño que se considere «antipolítico» un cacerolazo que apuntó no sólo contra notorios corruptos sino también contra la propia Corte Suprema; un hecho excepcionalmente raro en las movilizaciones populares de cualquier parte del mundo. El cacerolazo cuestionó a la Corte de las privatizaciones, de la libertad de Menem y de la convalidación del robo de los ahorros de la clase media y de la Obediencia Debida, el Punto Final y el Indulto.


La respuesta de Rodríguez Saá fue un verdadero ejemplo de demagogia y mentira mientras que a la 1:10 de la madrugada del sábado se anunció la renuncia de Carlos Grosso; un día después, La Nación (30/12) informaba que «Carlos Grosso continúa cerca del poder» y que hasta era el encargado de redactar el discurso que Rodríguez Saá pensaba pronunciar en la noche del sábado.


Represión y maniobras


La represión «tardó» en llegar, pero Rodríguez Saá recurrió a ella para desalojar la Plaza de Mayo.


La policía y el gobierno distribuyeron una larga lista de policías golpeados y hasta mostraron las camas del Churruca llenas de policías heridos por piedrazos y palos. Pero se guardaron muy bien de señalar que incluso los policías heridos son responsabilidad de la represión desatada desde el interior de la Rosada contra el pueblo y del odio acumulado por los 28 muertos sin justicia de la semana anterior. Mucho menos publicidad tuvo la noticia de que todos los manifestantes asesinados en la movilización del jueves 20 cayeron, en todos los casos, con balas de escopeta calibre 12… utilizadas por la Federal (Diario Popular, 30/12).


Frente a la represión, una buena parte de los manifestantes se desplazó al Congreso, donde se produjo un hecho por demás «curioso». «Una vez en el Congreso, la gente se abalanzó a las escalinatas al grito de Argentina, Argentina. La policía observaba desde la esquina. Con unos pocos gases lacrimógenos logró dispersar a la multitud que abandonó a las corridas las escalinatas del Congreso. Los efectivos tomaron el control de la entrada del edificio pero sorpresivamente, a los pocos minutos, abandonaron el portal. Y la gente regresó. Esta vez con más furia. Un pequeño grupo comenzó a golpear las grandes puertas (…) Para ese entonces, la policía prácticamente había desaparecido» (Página/12, 30/12). Entonces, los manifestantes entraron al Congreso y quemaron parte del mobiliario.


Varios medios han hecho notar, y también varios legisladores, que es imposible entrar al Congreso si las puertas no son abiertas desde adentro. Este hecho y la «desaparición» de la policía en el momento crítico, han levantado la conjetura de que elementos gubernamentales habrían armado un ataque al Congreso, de anticipación a una nueva convocatoria de la Asamblea Legislativa.


Con la represión y con las maniobras, el gobierno de Rodríguez Saá es el único responsable de haber ensangrentado la movilización popular del viernes 28.

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