27/12/2000 | 693

El progresismo y los piqueteros

Dos fenómenos políticos interrelacionados caracterizan el año 2000. El primero, es el fracaso vertiginoso del progresismo como alternativa estratégica; el otro, es la proyección política que ha adquirido el movimiento piquetero a partir de las huelgas generales. En un caso, asistimos a la inviabilidad de las salidas que parten de la pequeña burguesía intelectualizada y de características izquierdistas, que concluye el año con la necesidad de ser blindada por el FMI. En el otro, a una tendencia de la clase obrera, todavía relativamente inconsciente, por transformarse en dirección política de la nación oprimida.


El progresismo no ha hecho otra cosa que importar las vulgaridades que le han llegado del centroizquierdismo europeo, con la desventaja de no contar con el capital acumulado ni con las reservas de explotación colonial del viejo continente. Su derrumbe obedece a la inadecuación de su programa para hacer frente a las tendencias a la disolución social del capitalismo contemporáneo. Pretender remediarlas discurseando sobre la ética administrativa, revela una descomunal ignorancia histórica y una insalvable limitación de clase *la del pequeño burgués que ha logrado esquivar por el momento los golpes de la crisis. La retórica de la redistribución del ingreso ha quedado recluida en el centroizquierdismo residual y una parte de la izquierda, luego de que quedara comprobado que es inviable sin arrebatar antes a los monopolios y a los bancos el control de los medios fundamentales de la economía. El centroizquierdismo, que debutó con la proclama de que «otro país es posible», se ha quedado sin espacio debido a la intensa polarización social y a las crisis internacionales en cadena. Lo que sí deja en pie el centroizquierdismo, es una inocultable lealtad a los voluminosos salarios de la administración pública.


Frente al derrumbe del progresismo pequeño burgués, cobra significación la fuerza creciente y la politización del movimiento piquetero. El pasaje del movimiento piquetero, al que se le han incorporado los obreros de la industria, de los cortes de ruta aislados a la huelga general y del reclamo del asistencialismo social a la elaboración de verdaderos programas políticos, constituye una clara superación política del progresismo vacío. Esto pone a la clase obrera, y por lo tanto al socialismo, como una alternativa que va cobrando cuerpo en la conciencia y en la organización. Allí donde está presente la tradición obrera, como en Tartagal-Mosconi, los piqueteros han planteado, como en Cutral Co en 1996, un verdadero programa de transformación social a partir de la apropiación de la renta petrolera y gasífera y de la renacionalización de esa industria.


La fusión del piquetero con el programa y la organización, es la fórmula de construcción de una vanguardia obrera.


Públicado en Página/12

 

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