04/01/2002 | 736

El recurso del fascismo: «Barras bravas contra la izquierda»

La policía acudió al rescate de las bandas de Duhalde

La caída de De la Rúa, primero, y de Rodríguez Saá, después, en ambos casos a manos de la movilización popular ha sembrado el temor en la burguesía (dentro de ese pánico hay que meter el frío asesinato de los tres jóvenes de Floresta, a manos de un custodio policial).


Por eso, mientras se discutían las variantes sucesorias al frente del Estado, comenzaron una serie de operativos de «inteligencia» para sacar a la masa de la población de la calle.


Ya el domingo había circulado por diversas zonas de la ciudad de Buenos Aires un volante burdamente apócrifo de HIJOS llamando a tomar la Casa Rosada. La desmentida de HIJOS no detuvo, sin embargo, el operativo de militarización de la ciudad.


En este cuadro, se anunció que la Asamblea Legislativa sesionaría el martes 1° de enero. Para «garantizarla» se montó un vasto operativo «disuasivo». Se vallaron todos los accesos al Congreso Nacional dos cuadras a la redonda, el cual sesionó sitiado por las fuerzas policiales. Los diputados y senadores debieron atravesar dobles y triples vallas policiales, completamente alejados del pueblo.


Las galerías del Congreso fueron abarrotadas de «barras bravas» duhaldistas que se dedicaron a hostilizar a los diputados opositores y de izquierda.


Los partidos de izquierda habían decidido movilizarse para protestar contra la designación a dedo de Duhalde.


A las 14 horas, el Partido Obrero, el MST y Convergencia Socialista nos concentramos frente a las vallas policiales en Bartolomé Mitre y Callao. Más tarde, aparecieron delegaciones del FOS, Patria Libre (¿su presencia aquí significa que rompió con el Polo Social, el cual apoyó explícitamente o por vía de la abstención el nombramiento de Duhalde?), el PC (que tardó más de 2 horas para recorrer las 2 cuadras que lo separaban de su sede en Callao y Sarmiento hasta la concentración de la izquierda) y una delegación del PCR y la CCC.


Cerca de 1.000 compañeros. La mayoría de las fuerzas allí reunidas impugnaban el nombramiento de Duhalde y reclamaban la convocatoria a una Asamblea Constituyente soberana.


A 3 cuadras de distancia estaban concentrados entre 1.500 y 2.000 punteros del aparato duhaldista.


Como señala el cronista de La Nación (2/1), «la fuerza de choque que simpatizaba con el senador justicialista, manejada por manzaneras y punteros políticos de La Matanza, Lomas de Zamora y Lanús, eludió los controles policiales, llegó hasta Bartolomé Mitre y Rodríguez Peña y comenzó a lanzar pedradas» hacia el lugar donde estaban concentradas las fuerzas del Partido Obrero y la izquierda.


¿»Eludió los controles policiales»?


Cualquier observador objetivo coincidirá en que el desplazamiento de la patota duhaldista se realizó simultáneamente con el retiro de la policía.


Pero…. el ataque de la patota se encontró con la sorpresa de una fuerte resistencia de la izquierda, particularmente del PO, el MST y Convergencia. La izquierda puso en huida en varias oportunidades a los patoteros. Hubo varios heridos. Pero cuando la patota estaba a punto de ser aplastada, la policía intervino para «separar a los bandos». Lo concreto es que tiró gases contra la izquierda y no contra los patoteros atacantes que se batían en retirada.


Escribano, uno de los editorialistas políticos rectores del diario La Nación, señaló con alegría, al día siguiente, que «los deplorables incidentes habidos por la tarde, dejaron constancia, además, de que la calle ya no está libre, por lo menos para la izquierda, por otras razones novedosas: el justicialismo movilizará si es necesario, también gente adiestrada en choques despiadados».


Para el editorialista fascistizante, se trata de echar a la izquierda de la calle, apelando si hace falta al accionar de las bandas duhaldistas. El pánico creado en la burguesía frente a las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre, primero, y a la del 28 de diciembre, es patente.


Este ataque a la izquierda es un ataque al pueblo revolucionario que ganó las calles en la Capital. El mismo editorialista de La Nación, señala su preocupación: «¿Qué quieren hacer los ‘caceroleros’ con la gran Constitución que en su artículo 22 proclama que el pueblo no gobierna, ni delibera, sino por medio de sus representantes y que toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuyen derechos del pueblo comete el delito de sedición?». El viejo editorialista de la reacción termina señalando que «hacia donde se incline la mayoría de los espíritus en ese tema, se inclinará una parte sustancial de la evolución de los acontecimientos inmediatos del país».


A pesar de todas estas maniobras burguesas-policiales, el pueblo de Buenos Aires salió esa misma noche a «cacerolear», cortando avenidas y levantando barricadas de fuego para repudiar el nombramiento de Duhalde y, en muchos casos para reclamar que se convoque a elecciones y a una Asamblea Constituyente. Varios miles marcharon a la Plaza de Mayo y al Congreso durante la noche, a pesar del operativo policial.

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