27/11/1997 | 566

El régimen de Menem y Duhalde en el atentado a la Amia

Las pruebas que conectan a la plana mayor de la ‘bonaerense’ con el atentado criminal a la AMIA ponen en el banquillo al conjunto del Estado y al régimen de Menem y de Duhalde.


Ribelli no solamente recibió como mínimo 2,5 millones de dólares por ese atentado, sino que era el jefe «presunto (del) negocio de autos robados» en toda la provincia, al que «le habría agregado otro más redituable: la supuesta compra-venta de droga» (Ambito, 21/11). Estos ‘negocios’ prosperaron en los años que Duhalde hablaba de «la mejor policía del mundo» y Ribelli era el «hijo dilecto de la Bonaerense» (Noticias, 22/11). Un día antes que declarara ante la comisión parlamentaria que investiga el atentado, Clarín decía que al ex-jefe Klodczyk «lo une con Juan José Ribelli» una «relación casi de hermano», o sea, una estrecha «sociedad comercial» (19/11). Fue bajo el imperio de la ‘dupla’ Klodczyk-Ribelli que «se institucionalizó el tráfico de drogas, el armado de autos truchos, el arreglo con los delincuentes, el juego, la prostitución y el gatillo fácil» (Página 12, 21/11).


Ribelli ascendió meteóricamente bajo la dirección de su ‘hermano’. Según Ambito (21/11), su primer destino fue «el denominado (campo de concentración) ‘Pozo de Banfield’…», de la mano de ‘pajarito’ Suárez Mason y el ‘mayor Guastavino’-Raúl Guglielminetti, con quienes ambos ‘hermanos’habrían «tenido estrechos contactos». Por esto, «no son pocos los que aseguran que el ‘mayor Guastavino’, incluso, acercó información para aclarar (¿o entorpecer?) la investigación por la AMIA» (ídem).


Se ha implicado también en este mismo atentado a gente de «la ‘banda de Gordon’, (que) cultivó una estrecha relación con la policía brava del ex general Ramón Camps, (cuando) la provincia de Buenos Aires se transformó en su coto de caza» (ídem). Pero el propio secretario de Seguridad de Duhalde, Carlos Brown, acaba de reconocer que hoy la situación es aún «peor» (La Nación, 23/11), o sea que los negocios de la ‘bonaerense’ bajo la época del genocidio son un poroto al lado de los de Ribelli-Klodczyk y su cuerpo de oficiales en ‘democracia’. Hay una denuncia de que el ex-jefe Klodczyk habría participado «del cobro de 700.000 pesos» por el atentado, y que la suma descubierta de «2,5 millones … son el ‘iceberg’ de un total de $15 millones»(Ambito, 21/11).


La madeja de la ‘bonaerense’ conduce a los ex-carapintadas del MODIN, acusados de operar ‘negocios’ con explosivos robados a las FF.AA., que habrían sido utilizados en la AMIA. Los lazos policiales se entrecruzan, a su vez, con la ‘mano de obra’ (¿inactiva?) de la dictadura: así, «la conexión de Ribelli con el reducidor Carlos Telleldín —el que vendió la Traffic …— (el) que supo aprender de los métodos de su padre en Córdoba, cuando era jefe de inteligencia policial, un reconocido antisemita y ultraderechista, y guardián del campo de concentración de La Perla» (Clarín, 23/11).


El reconocimiento tardío de Klodczyk, de que Ribelli habría actuado por simpatías «antisemitas», tiene el propósito de ‘salvar la institución’ y a los‘demócratas’ que la encubren. Hasta el diputado del PJ, Soria, presidente de la citada comisión, reconoció que ésa fue la intención: «Klodczyk paró en Ribelli el nivel de responsabilidad». Esa estrategia habría sido pactada con la gobernación, según lo sugiere La Nación (21/11), porque su ex-secretario Piotti «podría aparecer como responsable político». Se ha revelado, por ejemplo, que la depuración iniciada por De Lazzari un año atrás fue parada por la resistencia de los hombres de la ‘dupla’ en la jefatura, que aún fuera de la fuerza la controlaba por medio del ‘segundo jefe’, «sindicado —dice La Nación, 23/11— como un incondicional del ex-jefe».


Según el ex-juez bordonista, Llermanos, la detención de Ribelli «produjo ‘consternación en los medios tribunalicios, porque era tal vez el comisario de mayor prestigio en toda la Policía Bonaerense’…» (Ambito, 21/11). Un ‘progre’ del Frepaso, Juan Pablo Cafiero, sin embargo, «no encontró huecos en lo que dijo Klodczyk» ante la comisión. Ambito ironizó que «quizá porque este hombre —Klodczyk— fue designado en un cargo relevante en la institución cuando Antonio Cafiero era gobernador» (ídem).


Cualquiera sea la importancia de la ‘conexión externa’, ¿no está siendo usada como una cortina de humo para opacar la envergadura de la telaraña fascistoide y criminal en el seno de las instituciones estatales argentinas?