Políticas

24/2/2005

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El Vaticano da tema para una nueva muestra de Ferrari


Es indudable que los servicios informativos del papado son muy rápidos, pues el Vaticano no demoró nada en solidarizarse con el obispo castrense, Antonio Baseotto, que propuso “que le cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar”, en referencia a la robusta humanidad del ministro de Salud, Gines González García, por la ‘culpa’ de haber adherido a la necesidad de despenalizar el aborto.


 


El castrense y las huestes de Wojtyla saben muchísimo mejor que nadie (e incluso lo supieron antes que nadie y hasta en tiempo real) que esa fue la metodología de la dictadura militar para hacer desaparecer a miles de jóvenes argentinos. Lo que se dice mentar la soga en la casa del ahorcado, para que el agravio refuerce la impunidad del autor. Es una convocatoria a nuevos crímenes de parte de las almas piadosas que rezan por el parkinson del sucesor de Pablo. La certeza del especialista en asuntos clericales de La Nación (22/2) de que Baseotto “cuida con más esmero su relación con la curia vaticana que con la Conferencia Episcopal (argentina)”, muestra que el ejército argentino (especialista en atarle piedras a las personas, aunque no sean de molino) es bendecido todas las mañanas por un agente extranjero y un fascista sin disfraces.


 


¿Qué va a hacer ‘nuestro’ comandante en jefe de ‘las tres armas’? Agachar el lomo, con toda seguridad. Los organismos tipo Carlotto ¿aceptarán esta capitulación del gobierno nacional ante el Estado reaccionario extranjero o seguirán ocupados en salvar a Ibarra del ‘infierno’?


 


La lección de todo esto, al menos para el que quiera aprender alguna cosa, es que no hay derechos reproductivos, libertad de conciencia, derechos humanos, defensa de la mujer, en un Estado sometido al Clero. El punto de partida de cualquier libertad es la separación de la Iglesia del Estado en todas las esferas de la vida social, en especial de la educación, y reservar la religión para el ámbito privado.