14/08/2003 | 813

Ellos «patinan», el PO sube

A pesar de que sólo restan dos semanas para las elecciones porteñas, la intención de voto en torno de los «polarizados» Ibarra y Macri no ha logrado superar un porcentaje que oscila entre el 60 y el 65% de los votantes, niveles que se mantienen estables desde hace ya varias semanas.


Esto ha puesto de manifiesto la enorme fragilidad de los dos «polos» de la elección porteña, pero, principalmente, el derrumbe electoral de Aníbal Ibarra, que estaría medio millón de votos debajo de los que reunió en el 2000, cuando ganó la jefatura de Gobierno. Esta tendencia disgregatoria del voto se acentúa fuertemente a la hora de la votación legislativa: los candidatos a diputados de Ibarra y Macri reúnen la mitad de la intención de voto de sus cabezas de lista. A Ibarra lo apoyan desde el empresario menemista Giorno hasta los Bonasso y Lozano, quienes pasaron a descubrir los «valores» de la gestión ibarrista días y horas antes del cierre de listas.


El carácter de los bloques de Ibarra y Macri aparece en las pujas que han estallado entre sus distintos «sublemas respecto de la fiscalización de los comicios». Las listas macristas de Jorge Mercado y De Estrada discuten cómo «cerrar un pacto de defensa, desconfiados de la actitud que puedan tener los fiscales de Compromiso para el Cambio» (Infobae, 6/8). En el caso de Ibarra, Giorno «procurará controlar a los emisarios que tendrá Fuerza Porteña durante las elecciones. A ellos, les teme también Miguel Bonasso» (ídem).


La declinación de Ibarra


En las primeras semanas de campaña, el pueblo recibió con perplejidad el asalto electoral de los Ibarra y Macri, pero luego comenzó a sacar las cuentas. No sólo del menemista Macri, sino también de la gestión ibarrista: las recorridas del Partido Obrero por hospitales, teatros y reparticiones públicas dan lugar a verdaderas asambleas, donde los trabajadores estatales reclaman por el congelamiento salarial que sufren y por el cobro de buena parte de sus sueldos en negro (en el caso de los docentes, los «adicionales no remunerativos» llegan al 43%). En las villas recogemos el clamor popular por el fraude de los «planes de urbanización» de Ibarra y Jozami. Lo mismo ocurre con todos los reclamos vecinales en los barrios de clase media.


La experiencia del «progresismo» ha terminado entregando el presupuesto porteño a un grupo de pulpos contratistas encabezado por Benito Roggio. La caída electoral de Ibarra es un claro registro del abismo que se ha abierto entre los centroizquierdistas y el pueblo de la ciudad. Sólo el chantaje que implica la presencia de Macri lleva a algunos votantes a encontrar en Ibarra un mal menor.


La campaña del PO


En este cuadro político, la campaña del PO desde hace algunas semanas está en ascenso. Lo evidencia el esfuerzo cada vez mayor de la militancia del Partido y del Polo Obrero. En todos los círculos y núcleos de simpatizantes se está desarrollando el «punteo» del voto. En las mesas, aparece un interés por retirar boletas electorales. Para sostener esta tendencia hay que crecer mucho más en los diez días que restan: alcanzar una presencia callejera arrolladora, que le muestre a la población con qué determinación hemos salido a esta lucha. Junto a las mesas y el punteo, aparece imperiosa la necesidad de los fiscales: el 24 de agosto, la guerra por las calles y las paredes se trasladará a las urnas. Necesitamos llegar a dos mil compañeros que trabajen todo el domingo, defendiendo la boleta del PO y, luego, realizando el escrutinio.


El 24, vamos a llevar «más Partido Obrero a la Legislatura».

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