29/05/2003 | 802

En el mismo lodo

Han sido tres días «agitados». El domingo, Kirchner en el «balcón».


El lunes, Fidel frente a miles de personas enfervorizadas, en una noche fría, en las escalinatas de la facultad de Derecho.


El martes, Kirchner de nuevo, que «desaparece» por cuatro horas para acabar con un baño de multitud en Paraná para firmar un acuerdo que compromete al gobierno nacional a pagar los salarios adeudados a los docentes entrerrianos.


En simultáneo, el pasaje a retiro de decenas largas de almirantes, brigadieres y generales, y hasta la amenaza de defenestrar a la Corte proferida por Béliz.


Béliz es el hombre de la «tolerancia cero», que ya supo recalar en el menemismo, luego en el cavallismo anti-menemista, más tarde en el aliancismo pro y anti-cavallista, y ahora en el kirchnerismo duhaldo-lulista.


¿»Se viene el estallido»?


Parece que sí, pero no.


Porque el acuerdo entrerriano testimonia una perfidia sin precedentes.


La plata del Banco Mundial está condicionada a la aplicación de la «reforma educativa» menemista contra la que, precisamente, han estado luchando los maestros de Entre Ríos.


Es para imponer la política de «gerenciamiento» y privatización educativos que exige universalmente el capital financiero.


La remoción de los generales que participaron de la dictadura militar no cambia ninguna realidad sustancial, ni siquiera en las fuerzas armadas.


Apunta a facilitar la aceptación popular de la constitucionalidad de la obediencia debida y el punto final que la Corte ya ha aprobado.


Apunta también a ganar un margen de maniobra para adaptar la política militar a la exigencia de «la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico».


Durante ese mismo fin de semana «agitado», el gobierno argentino suscribió en una reunión latinoamericana en Cuzco un planteo para internacionalizar la guerra civil en Colombia.


El tema del juicio político a los jueces de la Corte tiene que ver con la posibilidad, de nuevo, de una redolarización de los depósitos, que los bancos rechazan.


Kirchner busca armar su propia tropa para conseguir un Estado «disciplinado», en especial cuando el presidente tiene sólo el 22% de los votos y los partidos del sistema se encuentran en disgregación.


Por eso ya está hablando de «consultas populares» y plebiscitos.


Necesita esta disciplina para poder pagar la deuda externa, beneficiar a los petroleros de Repsol y a los pulpos que explotan los yacimientos mineros de Santa Cruz y Catamarca, para armar un plan de obras públicas con salarios del plan Trabajar, sacar de la bancarrota al sistema financiero con subsidios del Estado y mantener los actuales ingresos miserables de los trabajadores que fueron diezmados por la devaluación del peso.


Se trata de mantener un régimen donde los salarios reales de bolsillo cayeron un 25% en18 meses a pesar de que la producción industrial aumentó un ciento por ciento.


Que Kirchner necesite adaptarse a las condiciones psicológicas e ideológicas generadas en el pueblo por la bancarrota capitalista y la rebelión popular, explican la perfidia y la febril demagogia oficiales.


El contenido de la «nueva» política oficial es, como las que la precedieron, capitalista hasta los huesos.

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