En vez de una represa y central hidroeléctrica, un canal aliviador
El “Niño” y las improvisaciones de los gobiernos en Vaca Muerta
En su reciente viaje a Buenos Aires el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa y el ministro Luis Caputo firmaron un acuerdo para la construcción, por parte de Nación, del llamado canal Vaca Muerta. Se trata de un canal para derivar agua del río Neuquén ante una eventual crecida por las lluvias en la cuenca superior del río, que pueda poner en riesgo la capacidad de contención de la presa Portezuelo Grande. Tal como se cita en el boletín de prensa del gobierno la obra se realizará porque “a partir de una causa judicial, se impuso al Estado nacional la obligación de realizar las obras necesarias para garantizar la seguridad de la presa. Portezuelo Grande” (NeuquénInforma, 2/11). Digamos que ese fallo judicial tiene ya más de 15 años sin cumplirse. Y se produjo luego que todas las poblaciones ubicadas aguas abajo de Portezuelo Grande estuvieran al borde de un apocalipsis luego de la crecida del río Neuquén en el año 2006.
Situación que causaría un desastre porque inundaría áreas petroleras y ciudades enteras. Hay que recordar que cuando no había obras de contención, la crecida del río Neuquén en 1899 llegó hasta el Atlántico, inundando todo a su paso hasta Carmen de Patagones y Viedma.
Y no es solo un tema histórico. En el año 2006 se estuvo a centímetros de reproducir lo de 1899. No es un tema menor. La situación dramática ocurrida en el año 2006 está muy bien descripta en un Informe de la AIC (Administración Interjurisdiccional de Cuencas) denominado “Reseña de la crecida del 12–13 de julio de 2006 del río Neuquén”.
No pasó inadvertido en su momento que la capacidad de diseño de contención de los caudales del río en la presa de Portezuelo Grande es de 11.500 m3/seg, y en esos dos días mencionados llegó a los 10.347 m3 /seg. O sea, se estuvo muy cerca de la catástrofe.
Chihuidos, la presa fantasma
En realidad, como ocurre en el río Limay, las obras que hay que construir son al menos dos represas escalonadas en la parte media del río Neuquén. Pero eso implica grandes inversiones para lo que el capitalismo considera desechable: la vida de la población.
Por eso el proyecto de la presa y central de Chihuidos I, jamás se concretó, a pesar que hubo licitaciones, idas y venidas, negociados, trenzas y disputas que incluyeron bancos rusos, empresas chinas y grandes capitales nacionales, y hasta una aprobación express de un crédito en la Legislatura. Pero no se avanzó un milímetro en una obra clave para la seguridad de centenares de miles de vidas y patrimonios aguas abajo.
Pero a partir del desarrollo de Vaca Muerta en el 2012 en adelante, ahora también se inundarían áreas hidrocarburíferas que están explotadas febrilmente y es a lo que el gobierno de “La Neuquinidad” subordina todo el futuro de la provincia.
Es en este marco que el “Niño” metió la cola. Las últimas lluvias han provocado desbordes de arroyos y ríos, en un anuncio de lo que habría que esperar. Por lo que el anuncio del acuerdo firmado huele a improvisación. En el inicio la boca del canal sobre el río no estará bloqueada por compuertas cuando el curso de agua lleva caudales “normales”, sino que la boca estará obturada por un simple “terraplén fusible que evitará que se active ante crecidas menores y que, cuando el agua alcance cierto nivel, se romperá de forma controlada para habilitar el paso del caudal” (RN, 2/11). Nada de compuertas que impliquen una inversión de cierta magnitud. Una improvisación típica de una obra que ha quedado en manos de un gobierno nacional que ha paralizado la obra pública por años.
Las obras que garantizan seguridad como Chihuidos I y las presas compensadoras siguen siendo un fantasma que se pretende reemplazar por un canal que depende de un presupuesto nacional bajo la “motosierra” mileísta.
Portezuelo Grande y el canal Vaca Muerta
La presa Portezuelo Grande deriva agua del río Neuquén hacia los lagos Los Barreales y Mari Menuco, que tras pasar por la central hidroeléctrica Planicie Banderita regresa al río en un tramo río abajo.
La cota de los lagos entre un máximo y un mínimo está al servicio de garantizar el negocio hidroeléctrico, y en segundo lugar de amortiguar volúmenes grandes de agua ante una crecida.
Por eso aquellas casi trágicas jornadas del 12 y 13 de julio del año 2006 el nivel del lago Los Barreales era 414,77 metros, cuando su cota máxima es de 416,20 metros. Se estuvo a menos de un centímetro y medio del apocalipsis.
Ahora con el canal Vaca Muerta se quiere sumar una capacidad de derivación extra a los lagos de 4.000 m3/seg., lo cual llevaría la capacidad de soporte de una crecida aluvional a 15.000 m3/seg. ¿Ese extra podrá bancar lo que el “Niño” amenaza? No está claro. Pero nunca más apropiado decir que cuando el río suena agua trae.
Si se espera caudales superiores a los 11.500 m3/seg, que habrá que derivar por el canal Vaca Muerta el lago Los Barreales debe estar en una cota baja, afectando la producción de energía eléctrica, en detrimento de la empresa concesionaria de la central Planicie Banderita.
Pero además, no es el único problema. Porque YPF S.A. construye un gasoducto, con un tramo submarino, en el vecino lago Mari Menuco como parte de su proyecto que alimente los barcos licuefactores para GNL. Cualquier situación fuera de control, sería un desastre.
La aparición repentina, entonces, del proyecto del canal Vaca Muerta desnuda que hay una urgencia en los gobiernos y cierta información climática que no la reconocen públicamente.
Pero lo que sí queda claro es que si llegamos hasta aquí es por la desidia de esos gobiernos y la huelga de inversiones en todo lo que no redunde en un negocio suculento en el corto plazo.
Pero esa desidia está poniendo en riesgo todas las poblaciones aguas abajo en el curso inferior del río Neuquén y todo el alto valle del río Negro (Cipolletti, Allen, Roca, etc.) y hasta el valle Medio e Inferior. Ni hablar de la catástrofe económica que eso causaría en áreas hidrocarburíferas, viñedos, chacras, industrias, infraestructura y la población en general.
En manos del capitalismo y su Estado las obras que brinden seguridad de las vidas de las personas se reduce a un negociado y si no, no se hacen.
Norberto E. Calducci
Ver sus notasMás para leer
Necesitamos ser independientes: nos autofinanciamos en un esfuerzo colectivo de quienes estamos de este lado de la lucha. Con tu aporte mensual podemos seguir creciendo en esta tarea militante, haciendo oír la voz obrera y la perspectiva socialista para que gobiernen lxs trabajadores
