25/09/1997 | 558

Encuentro Episcopal Latinoamericano

El 14 y 15 de julio pasados se celebró en Cochabamba, Bolivia, la Reunión de Presidentes y Secretarios Ejecutivos de las Comisiones Episcopales de Educación de Latinoamérica. En representación de nuestro país, estuvieron presentes Mario Maulin y Mario Iantorno, presidente y secretario ejecutivo, respectivamente, de la Comisión de Educación Católica.


El Encuentro de Cochabamba permite apreciar la política «oficial» en que está empeñada la Iglesia y que traduce las directivas que emanan del Vaticano.


Reforma educativa y avance clerical


Lo primero que la curia latinoamericana señala es que «casi todos los países están en un proceso de Reforma Educativa, concretizado en legislación en diversos niveles de progreso. En la mayoría, el esfuerzo es financiado en parte por préstamos del Banco Mundial y el BID».


La curia saluda la «descentralización», particularmente «la posibilidad de tener planes y programas propios de cada colegio, conforme a unos objetivos y contenidos mínimos». Es decir, se avala el desguace del sistema educativo, convirtiendo a cada institución escolar en un coto cerrado en donde el dueño (ya sea cura, empresa o particular) acapara el manejo omnímodo y discrecional del establecimiento en todos los planos (contenidos, procedimientos pedagógicos, financiamiento, régimen de trabajo y selección del personal, etc.).


La filiación clerical de los actuales planes de reforma se revela más que nada en la introducción de la enseñanza religiosa en los colegios estatales. «Comienza a ser una realidad en los colegios estatales, afirmada a través de la legislación».


En nuestro país, varias constituciones provinciales han establecido la enseñanza religiosa. La ley federal de educación, a su turno, coloca en pie de igualdad a la enseñanza confesional con la oficial, que pasan a revistar bajo el denominador común de «escuelas públicas» (de «gestión privada» y «gestión estatal», respectivamente).


Al adquirir el status legal y hasta constitucional de escuela pública, los aportes que la educación confesional venía recibiendo en calidad «subsidiaria» pasan a ser una «obligación» del Estado. La flamante constitución de la Ciudad autónoma de Buenos Aires consagra ese criterio.


Financiamiento y regimentación


Ciertas trabas —advierten— conspiran contra las transformaciones que se vienen realizando.


En primer lugar, que el «financiamiento equitativo deja mucho que desear en varios países».


La Iglesia, en nuestro país, viene batiendo el parche sobre el punto. La preocupación es que el recorte de recursos educativos termine por hacer naufragar las reformas educativas en curso.


Pero la curia latinoamericana no se detiene en preservar la actual tajada del presupuesto, sino que apunta a una mayor. El modelo sería el «sistema de financiamiento de Chile, por considerar todos los gastos que demanda la educación en igual forma para el estatal como para el particular, entregando los recursos por alumno que asiste a clases».


El clero hace una observación contra la «actitud opuesta al cambio de los sindicatos y organizaciones de los docentes». Estas expresiones —a buen entendedor— son un llamado a los gobiernos a iniciar una «cruzada» contra el magisterio y sus organizaciones representativas.


Fundamentalismo religioso


La Iglesia, comprometida con las reformas educativas, cuestiona, sin embargo, lo que denomina «tendencias económicas que subyacen en sus fundamentos».


La curia no objeta los planes que apuntan a una descalificación y desvalorización profesional (léase mano de obra barata y hasta gratuita).


Su crítica apunta contra el sesgo ‘liberal’ que contendrían los actuales planes de estudio alentados por la corporación bancaria. Esa disputa ya se manifestó, en forma descarnada, en nuestro país, con motivo de la elaboración de los CBC (Contenidos Básicos Comunes ) de la EGB, cuya redacción fue ‘modificada’ por presión de la jerarquía eclesiástica.


La Iglesia pretende asumir el liderazgo ideológico mundial en materia educativa, frente a lo que denomina «la decadencia y el fracaso del modelo liberal» por integrar al sistema a la población, y particularmente a las nuevas generaciones.


La resurrección de la «moral y ética cristianas» sería el antídoto para neutralizar el escepticismo, la falta de valores, la anarquía, las prácticas disociadoras, las conductas aberrantes, que no son más que algunos de los tantos eufemismos con que suele referirse a la rebeldía, el disconformismo y la tendencia a la rebelión de la juventud.


De allí, el énfasis en «recentrar la acción educativa en lo valórico del hombre contra el predominio, en la práctica, del conocimiento». El Encuentro reivindica como punto de referencia la reforma educativa boliviana, «la que contiene valores cristianos dignos de consideración».


Estrategia de la Iglesia


El Encuentro de Cochabamba plantea, como objetivo estratégico, trabajar por el copamiento integral del sistema educativo. «Mantener como Iglesia una doble estrategia en educación. Por una parte tener centros propios que sirvan como modelos de educación integral. Por otra, dar una atención preferencial a la pastoral educativa en la totalidad del sistema. De hecho los centros de Iglesia no atienden más allá del 15% de los alumnos de básica y media, por lo que la mayoría de los católicos se educan en los centros estatales».


En base a este principio, el episcopado latinoamericano se propone una ofensiva en todos los frentes: mantener e incrementar la presencia de la Iglesia en todas las instancias educacionales; desarrollar el trabajo de editoriales; formación de los padres de familia y de los docentes.


Lucha contra el clericalismo


El Encuentro de Cochabamba ilustra hasta qué punto ha llegado la influencia exorbitante en Latinoamérica de una institución anacrónica que es el símbolo de la reacción en materia cultural y científica, y es enemiga de la libertad, del espíritu científico y crítico, de la juventud y del progreso y la revolución social.


El cese de la presencia clerical en la educación pública, la separación de la Iglesia del Estado, la supresión de los subsidios a la educación privada, son reivindicaciones fundamentales en la lucha contra la reforma educativa y forman parte de la reorganización integral de la educación que están llamados a promover los trabajadores bajo su control y dirección política.


 

También te puede interesar:

Lo dice el jerarca de la institución con más prebendas del Estado, ante un coloquio de empresarios que embolsan millones de fondos públicos.
El Ministerio de Economía aclaró que la reducción de subsidios energéticos será compensada con aumentos en las tarifas de luz y gas.
Fortalezcamos la organización contra la privatización y la mercantilización educativa, y expresemos la defensa de la educación pública con el voto al FIT-U.
El proyecto presentado por el gobierno profundiza el saqueo de los pulpos petroleros.