05/04/2001 | 701

Enfermedad de pobres o responsabilidad de gobierno

Afirmar, como hacen los medios, que la leptospirosis es una «enfermedad de los pobres» es, por un lado, repetir la consigna oficial, mientras por otro lado se pretende ocultar la verdadera responsabilidad de los gobernadores nacionales y provinciales en el deterioro creciente de la salud de la población.


El diario Clarín (29/3) informa de cinco muertes hasta la fecha, de más de 80 casos detectados y de la presencia de brotes de leptospirosis en las provincias de Buenos Aires (en los distritos de Quilmes y el Gran La Plata), en el sur de Santa Fe y Misiones. A esa fecha se registraba un nuevo caso fatal en la ciudad de La Plata.


La emergencia cada vez más frecuente de enfermedades erradicadas o controladas (dengue, cólera, paludismo, rabia, tuberculosis), los brotes de hepatitis y meningitis, el incremento de las enfermedades de transmisión sexual y en especial la expansión de la epidemia del HIV/Sida, a las que entre otras ahora se suma la leptospirosis, son consecuencia de la inviabilidad de un régimen político que es absolutamente incapaz de garantizar las más elementales tareas de prevención de la salud, de control de las plagas y de saneamiento ambiental.


La versión oficial


La Dra. Cristina Etchegoyen, jefa del programa de Prevención de Zoonosis del Ministerio de Salud de la Nación, declaró: «No se trata de una epidemia porque ésta se define cuando hay transmisión de persona a persona, y la leptospirosis es una zoonosis, que se transmite de los animales al hombre», y agrega: «En todo el país la media anual habitual es de cien casos» (ídem).


La declaración oficial expresa la desidia y falta de compromiso de la funcionaria, que no es más que la del propio gobierno. En primer lugar, la media anual está abiertamente superada, el número de casos actualmente reconocido se presentó sólo en el curso del mes de marzo; en segundo lugar ésta es una zoonosis que afecta fundamentalmente a mamíferos salvajes y domésticos (ratas, perros y gatos) que se transmite al hombre por contagio directo, es decir por contacto con la orina de los animales enfermos (el reservorio vivo de la bacteria es el riñón del animal, donde esa bacteria puede permanecer por períodos prolongados) o indirectamente por medio de aguas, basurales o suelos contaminados por la orina de animales infectados.


El comportamiento de la enfermedad en el ámbito mundial nos brinda la diferencia de la situación en nuestro país y de la envergadura real del problema. El Dr. W. Edmund Farrar (especialista en el tema) señala que el reservorio epidemiológico son las ratas; en el hombre esta es una enfermedad ocupacional (de granjeros, veterinarios y trabajadores de mataderos) y de circunstanciales acampantes y nadadores en regiones de aguas contaminadas por los roedores. Esta enfermedad tiene una tasa de mortalidad del 10%, y hay un dato no menor, el contagio interhumano, si bien no es frecuente, existe.


La gravedad de la situación


La génesis de la enfermedad, su causa está en la ausencia de redes pluviales y cloacales, de agua corriente, de elementales condiciones habitacionales, urbanísticas y sanitarias, de centros de procesamiento y reciclaje de desperdicios, sumados a los niveles crecientes de desocupación, desnutrición y miseria. Es decir, en la brutal expropiación de los trabajadores por la clase capitalista. Este cuadro de situación es común al conjunto del país. Sobre estas causas fundamentales las autoridades no dicen nada. Estamos en presencia de una enfermedad en expansión.


Según datos oficiales (Cepal), en 1995, el 21% de la población argentina estaba debajo de la línea de pobreza, porcentaje que se eleva al 27,9% en 1996. Para esa fecha, en la provincia de Buenos Aires el 42,4% de la población carecía de agua corriente y el 64,1% de servicios cloacales.


El reclamo de los vecinos


La Municipalidad de Quilmes dispuso desratizar los barrios afectados mediante el uso de cebos y emplazó un trailer sanitario; medidas absolutamente ineficientes. Los barrios se encuentran desbordados de basura. Con las lluvias tanto, la basura como las ratas se dispersaron, por eso la denuncia de los vecinos es clara: «Si el intendente Fernando Geronés se hubiera preocupado antes por el problema no estaríamos en esta situación de emergencia»… por lo tanto … «hasta que el intendente dé la cara vamos a cortar todas las calles que sean necesarias»… Los vecinos tienen razón: los responsables son las autoridades municipales, provinciales y nacionales. Hay que declarar la «emergencia sanitaria» en todas las zonas afectadas. En una primera etapa se debe efectuar el relevamiento general en las áreas, para delimitar los focos; trasladar a los vecinos, detectar a los infectados y tratar a los enfermos (el riesgo de muerte está directamente relacionado con la demora en iniciar el tratamiento); proceder luego a desratizar, desmalezar y erradicar los basurales, y por último implementar un adecuado plan estatal de urbanización e infraestructura pluvial, cloacal y sanitaria, que generará puestos de trabajo y que debe estar bajo la dirección y el control de los mismos trabajadores y vecinos.

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