27/12/2000 | 693

Entre Cavallo y Farinello

En un reportaje radial, Machinea le destapó a la opinión pública que el principal fogonero de un ingreso de Cavallo al gobierno es precisamente el hombre al que Prensa Obrera bautizó hace varios años con el apodo de «Cavallo» Alvarez. Según La Nación (17/12), el objetivo de Alvarez sería incluso sumar a Ruckauf a un «pacto democrático».


Cavallo ya fue


Pero, ¿qué lleva a Alvarez y varios sectores de la patronal a requerir la presencia de Cavallo? La pregunta es pertinente toda vez que la enorme crisis actual no es otra cosa que la consecuencia del fracaso del «plan Cavallo» para desarrollar la economía argentina. Ese «plan» es el responsable del nivel extraordinario que ha adquirido la deuda externa y del completo parate industrial. La suposición de que Cavallo podría pilotear un cambio de la convertibilidad, reemplazando las reservas en dólares por una canasta de monedas, ha perdido actualidad ante la perspectiva de que comience una devaluación del dólar y una revaluación del euro. Cavallo no tiene salidas propias y hasta provoca el rechazo del FMI por sus planteos de desgravar impuestos sin importarle las consecuencias que ello pudiera tener sobre el déficit fiscal. El ingreso de Cavallo al gobierno no tiene perspectivas, por lo menos hasta que se plantee abiertamente la necesidad de devaluar el peso y congelar los depósitos bancarios. Pero un pasaje de Cavallo por el gobierno aliancista apenas será un episodio en el marco de una crisis política que se llevará consigo a todos los partidos tradicionales. La recomposición de la Alianza en las últimas semanas, obedece fundamentalmente a una presión del Tesoro norteamericano, que condicionó el «blindaje» a un restablecimiento de la «gobernabilidad». El progresismo nacional ha logrado convertirse en sólo un par de meses, en espada política del imperialismo yanqui. Alvarez busca disimular esta situación con un llamado a la unión nacional que incluye al peronismo *y por supuesto a Cavallo.


Lo que hace segura una profundización de la crisis política no son los reparos del Frepaso en votar la liquidación de la PBU o la oposición de los senadores del peronismo a los vetos de De la Rua a algunos artículos del presupuesto; los senadores ya han aceptado la reducción salarial del 12% *sólo discuten las cajas chicas de las provincias. El desarrollo de la crisis política está determinado por la lucha popular que enfrentará a las medidas anti-obreras pactadas con el Fondo (que ha tenido una primera muestra en el gran paro ferroviario del jueves 21) y por la imposibilidad de blindar a la economía argentina de lo que ya es una imparable crisis financiera y económica en los Estados Unidos.


Madre Iglesia


Quien sospecha que es inevitable una crisis política aún mayor, es la Iglesia argentina. Tanto el Episcopado como la Pastoral Social están militando para que se forme un frente político que contenga y desvíe la creciente beligerancia de las masas; los curas, mejor que nadie, se han dado cuenta que los piquetes ya no se limitan a cortar aisladamente las rutas sino a impulsar una huelga general y a lanzar programas que atacan el monopolio capitalista sobre los recursos mineros y financieros de Argentina. Los obispos pregonan abiertamente la reunificación de las burocracias de la CGT y mueven los hilos en varias direcciones, en especial a través del MTA de Moyano.


Hugo Moyano, en efecto, se ha anotado con las alternativas que prepara Ruckauf y con las que prepara la Corriente del santacruceño Kirchner, y le da también manija a la candidatura de Farinello. El cura tercermundista fue hasta hace poco un devoto del Chacho Alvarez, pero ahora negocia con el grupo País del ex bordonista, Conte Grand, quien como tantos otros milita por una reconstrucción del peronismo en la Capital. Esto demuestra que la candidatura de Farinello no se mueve en un vacío de piedad, o que pueda ser neutral de las corrientes patronales en presencia. Que el obispado de Quilmes le haya dado la dispensa para actuar en política, revela que es un instrumento de la jerarquía. El pueblo irá descubriendo de a poco las características reales de la candidatura de Farinello.


«Unidad Popular»


Bajo la misma impronta del clero, Moyano ha preferido pasar la nochebuena en Plaza de Mayo en lugar de avanzar por el camino de la huelga general. El apoyo de la CCC, que ha prometido acompañar el movimiento, significa cubrirle la espalda al principal exponente de la política de la Iglesia. De este modo se va tejiendo, también, la variante de la «unidad popular» que, sumada a todas las otras, aspira a poner en pie una «unidad nacional» que no excluya a nadie. Quienes apoyaron a Menem en 1989 y a Bordón en 1995, son consecuentes de este modo con una política de subordinación de la clase obrera a la patronal y al clero «social-cristiano».


La crisis en marcha se encargará de desenmascarar estas alternativas patronales de apuro y por sobre todo de mostrar su carácter reaccionario y su inviabilidad.


Es sobre la base de esta perspectiva que hay que trazar una política de lucha. A los planes del Fondo, oponemos la organización de la huelga general indefinida y una salida popular que emane de un congreso de delegados piqueteros. A los recambios de gabinete y a las salidas electorales, oponemos echar al gobierno aliancista y de los gobernadores peronistas del FMI y la entrega del poder a una Asamblea Constituyente libre y soberana. A la alternativa de hambre y miseria del capitalismo mundial, oponemos la unidad socialista de América Latina y de los trabajadores del mundo entero.

 

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