23/03/1993 | 385

Esta muy, pero muy bien «pensada»

“Por fin le rinden cuentas”, se jacta la propaganda oficial. Con la implantación de la “jubilación privada”, insiste el aviso, “la cuenta de sus aportes la lleva Usted… Ud. sabe dónde están sus aportes. Vé cómo crecen y se capitalizan… Con el nuevo sistema Ud. nunca pierde. Su cuenta y sus aportes están garantizados”.


“Nunca pierde”. “Garantía total”. “Control personal”. ¿No dicen por ahi que cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía? Precisamente. Porque basta mirar el “ejemplo” chileno, fuente “inspiradora” de los privatizadores argentinos, para que la desconfianza se convierta en certeza de un gigantesco embuste.


Pruebas


Un estudio acerca de los resultados de diez años de experiencia chilena, efectuado por el ultraprivatista Banco Interamericano de Desarrollo, comprueba que “no existe evidencia que permita afirmar que el nuevo sistema estará en condiciones de pagar pensiones superiores a las del antiguo sistema… las estimaciones sobre las pensiones que en el futuro pagará el régimen de capitalización se basan en simulaciones, cuyos supuestos básicos no necesariamente coinciden con la realidad relevante para el conjunto del sistema”. (Mario Marcel y Alberto Arenas, Reformas a la Seguridad Social en Chile, pag. 49, BID)


Esas simulaciones irreales suponen que el trabajador aportará durante 45 años en forma ininterrumpida al fondo de pensión, sin sufrir desempleo ni la evasión de su aporte por la patronal, y que dicho fondo logrará una rentabilidad real (por encima de la inflación) del orden del 3% anual acumulativo, descartando crisis económicas, devaluaciones monetarias e inflación.


Pero incluso bajo estos supuestos imposibles, el trabajador se jubilaría, según un documento del especialista de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), con el “44% de los ingresos finales” (es decir del salario al cese) (Revista Internacional del Trabajo, vol.111, Nº 2, pag. 194, Colin Gillion y Alejandro Bonilla). Los autores añaden que si, por desempleo o enfermedad, disminuyera el tiempo del aporte, por ejemplo un 20% (o sea, que fuera de 36 años en lugar de 45), la jubilación sería “tan sólo un 37%”. Si, a su vez, el rendimiento real del fondo fuese inferior al 3% anual, la jubilación caería otro 25%, o sea al 28% del salario al momento del cese laboral. Los especialistas citados no se ocuparon, por razones obvias, de la hipótesis de que el Fondo perdiera dinero o quebrara.


La conclusión de los investigadores del BID es que “tras 10 años de funcionamiento del nuevo sistema, a pesar de los altos rendimientos de los recursos invertidos, una significativa proporción de los contribuyentes ha acumulado fondos que están aun lejos de garantizarles pensiones de retiro razonables. Así, por ejemplo, cerca de un 70% de los contribuyentes entre 30 y 35 años registraba a fines de 1990 saldos acumulados inferiores a un millón de pesos. Esta última cifra, debidamente capitalizada, equivale apenas a un 25% del fondo necesario para asegurar al final de la vida activa una pensión equivalente a sólo dos ingresos mínimos actuales (60.000 pesos actuales)” (ídem, pag. 25).


Evasión


Primera conclusión, entonces: Usted siempre pierde.


¿Pero acaso es verdad que el “control personal” termina con la evasión?


Tampoco. A pesar del registro de los depósitos que debe efectuar la empresa con el aporte retenido y del resumen de cuenta que debe enviar al Fondo del aportista, la evasión es fabulosa.


En Chile, solo aporta la mitad de los 5 millones de afiliados. Los especialistas de la OIT dicen “que la proporción de afiliados al nuevo régimen que paga sus cotizaciones disminuyó del 76% en 1983 al 71 en 1988 y al 53% en 1990”. En los sectores de menores salarios, “las tasas de cumplimiento en el pago de cotizaciones oscilan entre el 45 y 55%”. Los autores del BID dan un dato más importante aún: “la cobertura del conjunto del sistema ha continuado descendiendo, ubicándose a fines de la década de 1980 unos 10 puntos por debajo de la de mediados de los año setenta”. Con esto, la evasión “previsional” en el régimen de “jubilación privada” es mayor que en la estatal.


La evasión está relacionada con los trabajadores en relación de dependencia, toda vez que para los autónomos o independientes la afiliación es optativa. A pesar de constituir el 35% de la fuerza laboral hay solo 100.000 autónomos inscriptos con un elevado grado de incumplimiento en los aportes. Este solo dato constituye todo un plebiscito contra el sistema “privatista”.


¿Por qué hay tanta evasión? Ante todo, “los datos disponibles indican que una alta proporción de los contribuyentes declara ingresos imponibles extraordinariamente bajos” (ídem, BID). Es que para las patronales la evasión o la demora del aporte es un flor de negocio. Primero, porque les permite financiarse con un dinero por el que no deben pagar intereses, ya que, si se descubre la evasión, la única consecuencia para el patrón es que deberá aportar el dinero retenido. Los trabajadores, en general, son, sin embargo, renuentes a efectuar la denuncia por temor al despido. Aún así, si hubiese una denuncia, debe abrirse un proceso judicial que normalmente concluye con un …plan de pagos a largo plazo. Aunque la patronal haya cometido un delito (retención indebida de fondos), el perjudicado es el trabajador, porque dichos fondos no ingresan debidamente capitalizados en su cuenta individual. En suma las patronales tienen un crédito subsidiado por el trabajador.


Pero aún en el caso que declaren el aporte y demoren su pago, el interés que deben pagar las patronales por el retraso es inferior al que cobran los bancos.


En estas condiciones, lo mejor que puede hacer un obrero es pactar con el patrón el cumplimiento del pago del mínimo legal, para con ello tener acceso a la jubilación mínima que, para sobrevivir, garantiza el Estado.


Esta es la razón de la gran mora en el pago de los aportes y de la alta evasión. De acuerdo a un estudio de una Administradora privada, “un 26% de los afiliados que no tienen los aportes al día corresponde a personas —especialmente mujeres— que se retiraron voluntariamente de la fuerza laboral, un 13% son cesantes, un 37% son trabajadores independientes y un 22% corresponde a morosos al sistema” (citado por el BID). La conclusión del BID es lapidaria: “Esta situación contrasta con las expectativas de los impulsores de la reforma de 1981, en cuanto a que la creación del sistema de capitalización individual conduciría a una reducción de la evasión y a un aumento de la cobertura previsional.


Un sistema caro


La “jubilación privada” es, ¿por último?, un régimen caro. Los especialistas de la OIT señalan, con relación al gasto de administración de los fondos, que “en 1989 se había elevado hasta representar un 25% del ingreso total procedente de las cotizaciones”. Teóricamente, se considera una exageración que los gastos totales superen el 2% del presupuesto previsional anual.


Los consultores del BID dicen “que el nuevo sistema previsional (chileno) emplea aproximadamente un 10 por ciento más de personal que el sistema antiguo antes de la reforma”. ¡Qué tal! Pero aún estos costos se duplican, toda vez que se mantiene la estructura del viejo sistema público.


Los costos se elevan porque a medida que transcurre el tiempo, las Administradoras realizan grandes gastos publicitarios, de vendedores, etc., para atraer nuevos afiliados “Así, entre 1988 y 1990 los gastos por concepto de las ventas experimentaron un aumento del 73% en valores reales” (OIT).


Conclusión


Destructivo para los trabajadores, costoso para los  consumidores en general, ineficiente, confiscatorio, evasor… a esto se resume la panacea de la “jubilación privada”. Volveremos sobre el tema.

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