03/07/1997 | 546

Falsifican las cuentas nacionales

¿Cuán serias son las estadísticas sobre ‘reactivación’ económica, de las que hace alarde la mayoría de los economistas de la burguesía? Los índices que proporciona el gobierno y las principales ‘consultoras’ privadas revelan un ‘boom’ sin precedentes. Durante el primer trimestre de 1997, el Producto Bruto Interno (PBI) habría crecido un 8,1% en relación al mismo período del año anterior. La fundación FIEL, patrocinada por las principales cámaras empresarias, «dio a conocer otro récord de actividad industrial, con una gran suba en la producción fabril entre mayo y abril» (La Nación, 22/6). Se daría así la ‘paradoja’ de una «realidad macroeconómica (que)muestra el duro contraste entre indicadores globales en fuerte expansión y una situación social que dista de ser óptima», dice otra ‘consultora’ (ídem, 8/6).


Todos coinciden en que este aumento no se funda en el ‘consumo’, como lo demuestran la deflación y el retroceso de la recaudación del IVA interno. Basta con destacar que «la industria alimentaria —a pesar de sus crecientes saldos exportables— parece detenida, cuando no en retroceso» (ídem).


Así, el gran ‘boom’ se habría producido en la ‘inversión’; lo que para los ‘gurúes’ a sueldo del imperialismo sería la garantía de un crecimiento ‘sano’, ya que aseguraría la infraestructura necesaria para el ‘despegue’ argentino, sin ‘derrochar’ recursos en el presente (‘consumo’). Se habría conjugado, para ello, un salto del 36,7% en el valor agregado de las maquinarias y un 21,2% de la construcción (primer trimestre del 97 contra igual trimestre del 96).


Estas cifras se han revelado, sin embargo, ‘truchas’. La Secretaría que las elaboró (Programación Económica) «ha admitido que esos índices han sido elaborados sin contar con información de muchos sectores» (ídem). Es que al desagregar la información, resulta que «la producción de equipo nacional sólo aumentó 2,4%»; en cambio, lo que no se considera en el cómputo del PBI, «la importada, lo hizo en 51%». Por otro lado, «el índice de precios de la construcción es el que mayor deflación mostró en el último año … los permisos para construir, medidos en metros cuadrados, crecieron sólo el 3% en todo el país en 1996, también según el Indec … cabe sospechar que si la producción de cemento aumentó cerca del 20% se debe sobre todo a una buena cantidad de obras públicas provinciales y municipales realizadas en el último año» (ídem). Esas obras están incluidas en el tercer componente que incluye el PBI, que es el ‘gasto público’, que se mantiene ‘estacionado’ (Los recortes en salud, educación, etc., lo han hecho caer violentamente).


Wálter Graziano destaca que «una característica típica» de «una gran inversión implica también una gran demanda de préstamos bancarios … (pero) nunca durante toda la convertibilidad el sistema financiero estuvo más líquido y las tasas de interés estuvieron más bajas que entre enero y marzo de 1997», es decir, no hubo tal demanda de préstamos (ídem, 22/6).


La burda adulteración de cifras se ha transformado, incluso, en una norma en los medios ‘privados’ más ‘serios’. Ha sido el caso de Fiel y del ‘estudio’ Broda. Ocurre que «no contradecir a las autoridades permite acceder a muy buenos contratos de consultoría con organismos internacionales» (ídem, 8/6).


Un ex-secretario de la UIA, ex-frepasista, y ahora duhaldista, Manuel Herrera, afirma en El Economista (27/6) que «en nuestro país puede estar ocurriendo lo mismo que sucedió en Chile» en la década pasada, «en el que surgía un marcado aumento del PBI que luego se mostró equivocado»: «si tomamos en cuenta la elaboración de los principales productos industriales que internacionalmente se tienen en cuenta para establecer la solidez industrial y económica de una Nación, nos encontramos con una realidad … salvo en dos casos (sobre ocho), pasta para papel y aluminio, en los que se registran pequeños aumentos, en todos los restantes las producciones de 1988 son superiores a las de 1994» (las más altas de toda la escala histórica). Lo mismo sucede, siempre en lo que se refiere a producción física, con otros siete sobre ocho productos «relevantes»: tractores, máquinas herramientas, papel de diario, medicamentos y diferentes productos químicos.


«En todos los casos» —y Herrera incluso releva la producción de aceites y subproductos oleaginosos, la que más creció—, «los aumentos de producción» del ciclo 1983/88, comparados con los de 1989/94 (deliberadamente no incluye los dos años recesivos posteriores), «fueron enormemente superiores».


«Los aumentos de producción que pueden registrarse en determinados sectores (automotriz, neumáticos, electrodomésticos) no están acompañados de incrementos proporcionales de la producción local de sus insumos que, a veces, registran disminución» (ídem). Esto es un «drama», afirma el economista Marcelo Lascano, «el gobierno no miente cuando dice que (la economía) está creciendo, lo que pasa es que hay un hecho nuevo … el contenido importado de cierta producción … Antes un auto en un 90% era producido por talleres o fábricas locales. Hoy a lo mejor es el 30% o el 20% de agregado nacional. Cuando uno ve la industria, está creciendo, se duplicó, pero no el valor agregado» (La Prensa, 22/6).


El régimen automotriz, presentado por los pulpos y el gobierno como una herramienta de ‘industrialización’ nacional, se ha revelado un fenomenal trampolín para la importación y transformación de la actividad en una gran ‘ensambladora’: se permite «Armar un auto con el 83% de piezas importadas, exportarlo como ‘nacional’y generar nuevos permisos de importación de componentes a arancel cero desde Brasil, hasta el 120% del valor de lo vendido al exterior» (Página 12, 29/6). Por esto, también, el déficit comercial no sería de 500 a 1000 millones de dólares para este año, como se anunció, sino de 2.500 o 3.000 millones, y es lo que explica, una vez más, «la sobreestimación mensual que las autoridades vienen efectuando de las exportaciones argentinas» (Ambito, 11/6).


La Argentina está viviendo, dice el vicepresidente primero de la Academia de Ciencias Económicas, Adolfo Buscaglia, «un ‘espejismo’ estadístico»: si el PBI de Argentina es llevado a su «paridad de poder de compra» con el dólar, ascendería a 186.000 millones de dólares y no a los 300.000 que afirma el gobierno (El Economista, 23/5, yClarín, 25/5).


Igual que sus estadísticas, todas las afirmaciones del gobierno son ‘truchas’: «un crecimiento económico de baja calidad social, con desempleo estructural y pobreza en ascenso, que no es sustentable por mucho tiempo en condiciones normales» (ídem).

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