21/06/2007 | 997

Filmus y Macri: La cultura es un negocio más

Lo que se perdió Telerman

Con la misma dedicación que pusieron en la primera vuelta en pegarle más a Telerman y a olvidarse que Mauricio era Macri, ahora desde el gobierno lanzan una encendida súplica para que “en la Ciudad no pase la derecha”. En el terreno de la cultura, quieren crear la ilusión de que votando a Filmus la cultura en la ciudad tendría un sesgo “popular” que con Macri desaparecería. Sin embargo, sus propuestas contienen, en los aspectos centrales, la continuidad de la unión “progresismo”-macrismo que se vio en sus respectivas acciones legislativas privilegiando el lucro y la privatización de la cultura y de las actividades artísticas.

 

Cuando Filmus en su programa para la Ciudad escribe: “Las actividades culturales tienen también gran importancia económica para la Ciudad. Así, las industrias culturales aportan un 6% del Producto Bruto Geográfico, y generan un 4% del empleo”, y que “Pondremos en marcha, junto con el sector privado y las ONGs, un plan de promoción de la cultura porteña en el exterior, potenciando así el turismo cultural, la capacidad innovadora de nuestros profesionales y las industrias culturales de la Ciudad”, no difiere de lo que Macri propone: “Asumir la cultura como inversión y no como gasto. Coordinar los esfuerzos de la gestión privada con la pública a fin de complementarlas y expandirlas. El Estado como promotor de industrias culturales y no sólo como productor de espectáculos. Crear una red de enlace que asocie a todos los barrios en la producción cultural. Diseñar un calendario de actividades culturales adaptadas a una política de incentivo al turismo”.

 

Ambos también se refieren a la importancia de “llevar” la cultura a los barrios, no de que se haga en y por los barrios. (¡Macri hablando de cultura popular! Ni por ser presidente de Boca se manchó.)

 

El arte, en sus múltiples formas de expresión, genera dinero, muchísimo dinero. Los bailes —hay decenas en cada ciudad del mundo, con centenares de personas: el cine -que recauda millardos—, la literatura/los libros, los negocios de la música, la música, la actuación —miles y miles de actores en toda América, muchísima juventud—, las publicidades, las discotecas, las escuelas, los teatros —especialmente los de vodevil—, el diseño de ropa y el diseño gráfico, la pintura con cuadros centenarios de millones, las ferias artesanales, la historia en San Telmo, la geografía del país, todo eso está en juego. El capital necesita apoderarse de todo. Quieren cobrarnos aún más por lo que es nuestro.

 

Para quedarse con el negocio capitalista, la Legislatura ha votado conjuntamente leyes como la de Mecenazgo —un auténtico cercenamiento del arte—, que privilegia el pasaje a manos privadas de los bienes estatales culturales.

 

La perla de la privatización es la ley de creación del Ente Unico Centro Cultural Recoleta, Teatro Colón, Complejo y Centro Cultural San Martín, que se propone quedarse con los espacios públicos de mayor circulación cultural para hacerlos dar ganancias por medio de su explotación económica, acentuado esto gracias a crecientes inversiones del capital financiero. Y esto no lo hizo Macri… pero Macri lo hubiera hecho también. El objetivo final es, todos lo sabemos, la privatización, directa o indirecta, de esos que son bienes del pueblo. ¡Que se pronuncien sobre esto los que van a votar a Filmus “contra la derecha”!

 

Esta es la «ciudad cultural» que quieren Macri y Filmus: una ciudad con cientos de clausuras a boliches y centros culturales independientes por razones de “seguridad”, fomentando el monopolio de sus conocidos empresarios culturales. Una ciudad que promueva la privatización de la cultura, fomentando leyes y eventos que permiten al capital transformar en mercancía a los últimos reductos de la producción personal. E impulsar industrias culturales con fondos estatales; la privatización y tercerización de espacios y teatros públicos, fomentar el negocio de las galerías privadas y a la vez mantener a los artistas y trabajadores de la cultura bajo la forma de contratación más precaria y negrera.

 

Creemos haber sido claros. Y esto ahora lo hace Kirchner, el jefe de Filmus. A quien nos piden votar. No. Votemos No. Ni Filmus ni Macri. Vote en blanco, anule el voto, rómpalo.

 

Mientras hablan de “ciudades culturales” tienen enjuiciado a un músico de rock, Diego Abrego, por tocar con su banda en un lugar público. Lo que muestra que van también por el “ordenamiento” de la ciudad con la aplicación del Código Contravencional.

 

Desde LuchArte llamamos a no confiar ni ahí en el canto de sirenas del “progresismo cultural”, menos de la “eficiencia” macrista. Ambas en cultura son caras de una misma moneda. La que les deje más dinero a los negocios capitalistas en arte y cultura, lo que de paso excluye de su disfrute a la población trabajadora.

 

Esta segunda vuelta vote No. Ni Filmus ni Macri. Vote en blanco, anule el voto.

 

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