08/10/2021

¿Fin de la reactivación? Cayeron la industria y la construcción en agosto

Según el Indec, la actividad se ubicó por debajo de julio y el bimestre cerró a la baja.

Los informes del Indec referidos a agosto, tanto del Indicador de Producción Industrial Manufacturero como el de Coyuntura de la Actividad de la Construcción, marcaron una variación mensual negativa. Los registros golpean al discurso oficial acerca del presunto rumbo de reactivación económica en que se encontraría el país y evidencian la precariedad de los niveles actividad, que se encuentran por debajo de hace tres años atrás.

La producción de la industria cayó 0,6% en agosto respecto de julio, según el índice que mide la variación intermensual desestacionalizada. Sumando ambos meses, la caída es del 2,8%. Si miramos el índice de la tendencia-ciclo que mide el organismo (e indica más rigurosamente hacia dónde se va), el bajón en el octavo mes del año es del 0,7% y en el bimestre suma -1%. La construcción, por su parte, se contrajo 2,6% en agosto en la comparación con julio, y un 1% en la tendencia-ciclo, la cual arroja ya un trimestre a la baja (acumulando -2,1%).

Estos indicadores abren fuertes interrogantes acerca de si la recuperación de los niveles de actividad tras la pandemia se acercan a un techo -ciertamente en niveles muy bajos. Desde el ministerio que conduce Martín Guzmán celebran no obstante que los niveles de producción muestran un crecimiento comparado con el mismo período de 2020 (afectado por la cuarentena) y aún son algo superiores a la prepandemia; pero lo cierto es que todos los registros se ubican por detrás de los de 2018 -cuando inició la crisis cambiaria que derivó en el acuerdo del entonces presidente Macri con el FMI. Según la consultora LCG, la industria está un 8,5% abajo de noviembre de 2017.

De hecho, el propio Indec refuta en el apartado metodológico de sus informes la interpretación de Economía, ya que afirma que las series desestacionalizadas y las estimaciones de la tendencia-ciclo permiten «interpretar de forma integral el comportamiento de las series y detectar rápidamente los puntos de giro cíclicos que indican el inicio de períodos de expansión o contracción». Incluso agrega que «en períodos de mucha inestabilidad, como el que se registra debido a la actual pandemia de coronavirus, resulta conveniente analizar la evolución de la tendencia-ciclo en conjunto con la serie desestacionalizada para tener un mejor diagnóstico del corto plazo». Claramente, alerta contra la tendenciosa comparación interanual.

Es decir que no estamos ante quiebre alguno que augure un despegue productivo, ni mucho menos. El punto es que, independientemente de las variaciones de la actividad con las particularidades del caso (de hecho, en todo el año no hubo siquiera tres meses consecutivos sin caídas), lo que perdura es la huelga de inversiones de los capitalistas. Siguiendo con las publicaciones del Indec, en el segundo trimestre de 2021 la inversión no creció (0% comparado con primer trimestre) y la formación bruta de capital fija acumuló un año en declive (llegando a los bajos niveles del 18,8% del PBI).

El horizonte que se avizora plantea más dudas aún, ya que la dilapidación de las reservas del Banco Central -en pagos de deuda externa y operaciones para contener la brecha cambiaria- llevaron a la reciente disposición de frenar importaciones con pagos adelantados, lo cual es tomado por los empresarios con desdén. Las leyes de regímenes de beneficios especiales, como las que se ofrecen a las petroleras o los pulpos agroindustriales, mal pueden alcanzar para revertir esta tendencia. La clase capitalista argentina, y desde ya las multinacionales, son un parásito para la nación.

Por eso es una perfidia que Matías Kulfas festeje afirmando que desde diciembre ya se recuperar 36.000 puestos de trabajo formales en la industria. Es aproximadamente el 10% de los empleos formales que se perdieron el año pasado. En la construcción, a su vez, los puestos de trabajo son inferiores a los de comienzos de 2020. El hecho es que los meses de reactivación (no por expansión económica sino por reposición de stocks después de fuertes contracciones) se llevan a cabo sobreexpotando la fuerza de trabajo. Es el modelo que intentan consagrar en el tiempo, sea con leyes de reforma laboral como las que reclaman Juntos por el Cambio y los Milei, o flexibilizando convenio por convenio como bregan el gobierno y la burocracia sindical.

Es decir que el propio camino que se busca cimentar para encarar la pretendida reactivación productiva solo depara mayores ataques a las conquistas obreras y la manutención los salarios en niveles de pobreza, pero no asegura en lo más mínimo una reversión de la huelga de inversiones. La hoja de ruta, sin dudas, está dictada por las exigencias del gran capital y el Fondo Monetario Internacional.

Para sacar al país del pozo es necesario un plan de desarrollo debatido y dirigido por los trabajadores, concentrando para ello los recursos nacionales en función de un programa de inversión, lo cual se contrapone con el saqueo del pago de la deuda y la fuga de capitales del régimen de los Pandora Papers.

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