Políticas

14/3/2002

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Floresta no olvida. El gobierno de Ibarra, sí

Ya han pasado dos meses del brutal asesinato de Maxi, Adrián y el Gallego, los “pibes de Floresta”. Hoy, la lucha que movilizó a miles de personas en este barrio de la Capital se encuentra en una encrucijada.


Está previsto que en abril próximo comience el juicio oral contra Juan Belastegui, el custodio de la estación de servicio de Bahía Blanca y Gaona que ejecutó a los tres jóvenes. La pregunta planteada es la siguiente: con este juicio y su previsible condena, ¿se cumple integralmente el gran reclamo de Floresta?


 


Encubrimiento


En un reportaje realizado por Prensa Obrera, el padre de uno de los pibes, Adrián Matassa, incorporaba en las responsabilidades del caso a “la Policía Federal, el Ministerio del Interior, los dueños de la estación de servicio y de la seguridad”. Así lo entendieron los miles de vecinos que, en la tarde posterior al crimen, se dirigieron resueltamente a la Comisaría 43a a pedir la remoción de toda su cúpula, de la que dependía la actividad del custodio criminal. Juan Belastegui es un policía retirado que cumplía servicios para la 43a pero en forma “privada”, es decir, sin integrar el cuerpo de agentes de la comisaría. Mediante esta “tercerización”, que es una variante del pujante negocio de la “seguridad privada”, se extiende una red que, además de cobrar “en negro”, ejerce una labor represiva sobre la cual el Estado pretende deslindar luego toda responsabilidad. Fue ante la posibilidad de semejante “deslinde de cuentas” que el pueblo de Floresta se lanzó, sin vacilaciones, sobre la 43a, a exigir el juicio y el castigo. Pero es esta responsabilidad criminal la que ahora se pretende encubrir, utilizando como pantalla la previsible condena de Belastegui. Es así que el comisario de la 43a fue trasladado a otra comisaría, como recurso para impedir su destitución. El resto de los oficiales de la 43a… sigue “a cargo”. Como ha ocurrido con otros casos de “gatillo fácil”, al acotar las responsabilidades a los autores directos *en este caso Belastegui*, se preparan las condiciones para una futura liberación del propio culpable, vía “revisión de las causas” (Dock Sud) o, simplemente, “fuga concertada” (Budge).


 


La Policía de la Ciudad


Mientras se admitía este “indulto” a la 43a, comenzó a desplegarse un fuerte operativo político sobre la barriada de Floresta, a manos del gobierno de Ibarra y sus punteros. El eje de la campaña oficial es hacer que el movimiento “por los pibes” levante la bandera de “la municipalización de la Policía Federal”, como salida a la brutalidad policial. Pero, ¿cuál es la “nueva policía” que quieren los aliancistas porteños? Fernando Caeiro, presidente de la Comisión de Seguridad de la Legislatura, ha señalado que, una vez que el gobierno nacional le transfiera a la Ciudad “los inmuebles y el presupuesto” correspondientes, habrá que realizar una convocatoria para aquellos miembros de las fuerzas de seguridad que quieran formar parte de la nueva policía, o a través de un esquema de transferencia voluntaria donde hombres de la Federal pasen de motu propio a la Metropolitana. Garantizando, claro está, “los beneficios de los que hoy gozan, como la caja de jubilaciones y la obra social” (Ambito Financiero, 30/1). La policía “autónoma” de Ibarra- Caeiro se integrará, en definitiva, con los Belastegui y los mismos comisarios que repudió el pueblo de Floresta.


 


Operativo


Para asegurar esta municipalización “trucha” Ibarra no quiere “olas” con la Federal. Por eso, destituyó a su anterior subsecretario de Seguridad cuando éste admitió la existencia de cafishiaje policial. Por eso, no ha dicho una palabra sobre la “huida” de las autoridades de la Comisaría 43a. Impotentes para poner en el banquillo a los verdaderos responsables, los aliancistas porteños quieren conformar al pueblo de Floresta… con homenajes a los pibes. Los funcionarios gubernamentales han desembarcado en el barrio con propuestas de mega-recitales de rock, que permitirían recaudar fondos para una fundación que se ocuparía de los “jóvenes con problemas de adicciones”. La “iniciativa” retrata, con todo, a sus autores: para ellos, en el origen del crimen de los pibes no estaría la brutalidad policial, sino, apenas, los “jóvenes con problemas”, a los que habría que “darles una mano”. Pero el pueblo de Floresta no se movilizó de a miles por “fundaciones” o por el nombre de una plazoleta, sino para arrancar de raíz a la red criminal que se levanta contra la juventud explotada. La política encubridora del gobierno llevará a la absolución de los asesinos de Floresta. Por eso, el Partido Obrero lucha por: cárcel y perpetua a Belastegui; destitución y enjuiciamiento de toda la cúpula de la Comisaría 43a y todos los responsables de la salvaje represión del 29 de diciembre; por una fuerza de seguridad autónoma de la Ciudad, reclutada entre los vecinos, trabajadores, asambleas populares y organismos de derechos humanos