Políticas

24/8/2026

Fondo de Garantía de Sustentabilidad: una garantía atada al pago de la deuda

Tres de cada cuatro pesos del Fondo están colocados en títulos de deuda del Estado argentino.

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Foto: archivo.

El Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES tiene un patrimonio gigantesco: al cierre de 2025 alcanzaba aproximadamente 106,1 billones de pesos. Pero detrás de esa cifra existe un dato decisivo. Tres de cada cuatro pesos del Fondo están colocados en títulos de deuda del Estado argentino.

Esto significa que la garantía del sistema previsional depende, en una proporción abrumadora, de la capacidad de pago de uno de los Estados que continúa soportando una de las primas de riesgo más elevadas en términos internacionales y que, además, acumula una prolongada historia de defaults, reperfilamientos y reestructuraciones de su deuda.

El problema no es abstracto. En agosto de 2026 el riesgo país argentino volvió a superar los 500 puntos básicos, después de haber descendido considerablemente respecto de los niveles alcanzados en años anteriores. El 20 de agosto llegó a 532 puntos y al día siguiente cerró alrededor de 505, acumulando un aumento superior al 17% durante el mes.

Por lo tanto, cuando se afirma que el FGS posee más de 100 billones de pesos, inmediatamente hay que formular una segunda pregunta: ¿en qué consisten esos activos y qué ocurriría con ellos frente a una nueva crisis de la deuda argentina?

El FGS nació en 2008, con la eliminación de las AFJP y la transferencia de sus activos al sistema público. Sus objetivos son actuar como reserva frente a contingencias del sistema jubilatorio, preservar el valor de los activos y destinar recursos a inversiones financieras y productivas.

La composición actual del Fondo obliga a preguntarse hasta qué punto está en condiciones de cumplir esa función.

Tres cuartas partes prestadas al Estado

A diciembre de 2025 los títulos públicos nacionales representaban 75,6% del patrimonio del FGS, aproximadamente 80,2 billones de pesos. Las acciones de empresas privadas constituían 16,3%; los proyectos productivos y de infraestructura, apenas 4%; los préstamos y otras inversiones, 3%; y los fondos comunes de inversión, alrededor de 1,1%.La actualización de enero de 2026 no altera sustancialmente esta estructura. Los títulos públicos alcanzaban 81,48 billones y representaban 74,9% de una cartera cuyo patrimonio total implícito ascendía a unos 108,8 billones.

No estamos, por lo tanto, frente a un fondo ampliamente diversificado. Su patrimonio está extraordinariamente concentrado en un único deudor: el Estado argentino.Y éste es precisamente el deudor que debe garantizar, en última instancia, el pago de las jubilaciones.

Hay una segunda concentración.De los títulos públicos que poseía el FGS al cierre de 2025, aproximadamente 51% correspondía a bonos en pesos ajustados por CER. Estamos hablando de casi 41 billones de pesos, equivalentes a 38,6% de todo el patrimonio del Fondo.En términos sencillos: de cada 100 pesos del FGS, aproximadamente 76 dependen de títulos del Estado nacional y 39 están colocados específicamente en deuda ajustada por inflación.

Los bonos CER ofrecen una protección frente al aumento de los precios. Esto tiene una lógica evidente para un fondo previsional: si aumenta la inflación, se actualiza el capital de los títulos.Pero protección contra la inflación no significa protección contra una crisis de deuda.Un bono CER puede actualizar su capital de acuerdo con la inflación y simultáneamente perder valor en el mercado. Una suba de las tasas reales, un aumento del riesgo país o una crisis fiscal pueden provocar una fuerte caída de su cotización. Y existe un riesgo todavía más importante: que el Estado reperfile, canjee compulsivamente o reestructure sus obligaciones.

Aquí aparece el peligro del default.No se trata de presentar un default como inevitable. Pero tampoco puede excluirse del análisis de un fondo que tiene tres cuartas partes de su patrimonio concentrado en deuda argentina.

Incluso el FMI, en su evaluación de 2026, sostiene que la deuda pública argentina es sostenible, pero “no con alta probabilidad”. El organismo advierte sobre las importantes obligaciones en moneda extranjera, la necesidad de refinanciar deuda y la vulnerabilidad frente a shocks adversos. Su propio análisis contempla la disponibilidad de deuda privada susceptible de reestructuración si esos shocks se materializaran.

Es una advertencia significativa. Si hasta el organismo que sostiene financieramente al Estado argentino considera que la sustentabilidad de su deuda no puede establecerse con alta probabilidad, el riesgo no puede ser ignorado cuando se analiza la seguridad patrimonial del Fondo que respalda las jubilaciones.

El garante es también el deudor

Llegamos así a una de las contradicciones fundamentales del FGS.

El Fondo debe funcionar como garantía frente a una eventual insuficiencia de recursos del sistema previsional. Pero aproximadamente tres cuartas partes de esa garantía consisten en promesas de pago del mismo Estado que debe garantizar las jubilaciones.

Los títulos tienen naturalmente valor jurídico y financiero. Pero no constituyen una diversificación del riesgo estatal. Desde el punto de vista del sector público consolidado, el Estado aparece simultáneamente como deudor, garante y beneficiario del financiamiento.

La contradicción se vuelve especialmente aguda ante una crisis.Una recesión provoca una caída de la actividad y de la recaudación. Las dificultades fiscales pueden elevar el riesgo país y hacer caer el precio de los bonos. Esa caída reduce el patrimonio del FGS. Pero, simultáneamente, la recesión y la caída de los aportes aumentan las necesidades financieras del sistema previsional.

El mecanismo puede operar entonces en cadena: recesión-deterioro fiscal-aumento del riesgo país-caída de los bonos-reducción del FGS-mayores necesidades del sistema previsional.

El Fondo pierde valor precisamente cuando podría ser más necesario.Y si la crisis desembocara en un reperfilamiento o una reestructuración de la deuda, el problema dejaría de ser una mera fluctuación de mercado. Un alargamiento forzoso de vencimientos reduciría la liquidez del Fondo; una quita implicaría directamente una pérdida patrimonial.

La valorización reciente

Esta misma concentración ayuda a explicar el enorme aumento reciente del patrimonio del FGS.

La recuperación del precio de los bonos argentinos y de las acciones produjo importantes ganancias de capital. Entre 2024 y 2025 los títulos públicos del Fondo aumentaron significativamente su valor y el patrimonio medido en dólares se recuperó con fuerza respecto de los mínimos de 2023.

Pero aquí hay que distinguir dos fenómenos diferentes.Una cosa es un aumento de los recursos genuinos que ingresan al sistema previsional. Otra es que aumente el precio de mercado de los títulos que el Fondo ya tenía.

Una parte importante de la extraordinaria valorización reciente pertenece a esta segunda categoría.La concentración funciona, por lo tanto, en las dos direcciones. Cuando caen las tasas y el riesgo país y suben los bonos, el patrimonio del FGS puede aumentar espectacularmente. Cuando ocurre lo contrario, el mismo mecanismo puede provocar una fuerte pérdida.

En ese sentido, una parte considerable del patrimonio previsional está realizando una apuesta concentrada sobre la solvencia y la normalización financiera del Estado argentino.

Un ejercicio puramente ilustrativo permite medir la exposición.Si los aproximadamente 80 billones de pesos colocados en títulos públicos perdieran 20% de su valor de mercado, la reducción patrimonial sería cercana a 16 billones de pesos.Equivaldría aproximadamente a 15% de todo el FGS.

Si la caída de 20% afectara exclusivamente los casi 41 billones colocados en bonos CER, la pérdida rondaría los 8,2 billones, aproximadamente 7,7% del patrimonio total.El ejercicio permite dimensionar la vulnerabilidad que deriva de la concentración.

El problema no termina en la cartera

El debate sobre el FGS suele quedar reducido a una discusión financiera: si debería tener más acciones, menos bonos públicos, activos externos o una cartera más diversificada.

Pero el problema es más amplio.Sólo alrededor de 4% del Fondo está destinado a proyectos productivos y de infraestructurapublica, mientras tres cuartas partes están invertidas en deuda pública.

El Fondo surgido de la eliminación de las AFJP terminó convirtiéndose, en una proporción abrumadora, en un mecanismo mediante el cual los recursos previsionales financian al propio Estado para el pago de la deuda. En otras palabras, sus recursos están al servicio de satisfacer las necesidades yoficiar de garantía de pago de los acreedores financieros y no delos jubilados.  Continúa, incluso empantanado el uso del FGS para impulsar los créditos hipotecarios, pese que la alternativa fue admitida recientemente por Caputo.  No nos debe sorprender que las recomendaciones recurrentes del FMI, en su condición de   correa de transmisión de los intereses de Wall Street, es reforzar esa tendencia y establecer una suerte de blindaje parael pago de la deuda extrema del mismomodo que lo hace con la acumulación de reservas del Banco Central. En el mismo sentido, apuntan otros sectores de la clase capitalista que  plantean utilizar  el Fondo de Sustentabilidad para financiar sus propias inversiones .Enla actualidad , hay  proyectos en el candelero que con el argumento de  dinamizar la economía ,fogoneados por   una parte de la burguesía  que  pretende canalizar a su favor  fondos del FGS.Los recursos no son puestos al servicio de las prioridades  para un desarrollo nacional independientesino, subsidios mediante,  de los apetitosempresarios y de sus negociados  

Esto conduce a una cuestión importante. La sustentabilidad de un sistema jubilatorio no puede medirse simplemente por el valor de mercado de una cartera financiera. Su base última reside en los recursos creados por la economía: el empleo, los salarios, los aportes patronales, la productividad y la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo.

Por eso puede producirse una situación aparentemente paradójica: un FGS que aumenta espectacularmente su valuación mientras las jubilaciones pierden poder adquisitivo y el sistema previsional es sometido al ajuste fiscal.

No existe ninguna contradicción contable en ello. La contradicción es económica y social. La valorización de los bonos aumenta el patrimonio registrado del Fondo. Pero no crea por sí misma nuevos recursos productivos ni garantiza mejores jubilaciones. Y si una parte decisiva de ese patrimonio consiste en deuda del propio Estado, sometida a un elevado riesgo soberano y al peligro de una nueva reestructuración, la magnitud contable del FGS no puede confundirse con la solidez efectiva de la garantía previsional.

Ese es el problema que queda oculto detrás de los más de 100 billones de pesos que hoy exhibe el Fondo.



Estos cuadros resumen los mecanismos de riesgo contenidos en el documento de base; la referencia explícita al default desarrolla el escenario extremo implícito en una reestructuración de deuda.

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