09/12/1999 | 650

«Formemos un frente amplio de ‘Izquierda-Centro’»

En un reciente Congreso Extraordinario del PC, Patricio Echegaray volvió a su planteo de formar una ‘izquierda-centro» con los que eventualmente emigren del Frepaso. «Yo creo –dijo–, que … la izquierda tendrá que ir (?) acompañada de otros sectores progresistas que durante un período han optado por apoyar al centro. Sectores que pueden abandonar o retirarse del Frepaso y de la Alianza» (Propuesta, 11/11). O sea, «construir una opción como las que, en el continente, encarnan el Frente Amplio Uruguayo…» (Bollo, secretario PC Córdoba, Propuesta, 4/11).


El FA uruguayo, como es bien conocido, apoya el pago de la deuda externa, las privatizaciones y la flexibilización laboral. Lo que Echegaray está proponiendo no es explotar el fracaso del ‘centro’ para ganar a su mejor gente para la izquierda revolucionaria sino desplazar a IU hacia las posiciones del Frepaso previas a la integración de éste en la Alianza –es decir re-anudar el camino que lleva a la derecha–. El planteo, además no pasa del cuadro del electoralismo («tendríamos que ir»), o sea que es una oferta de carrerismo electoral a quienes no consiguieron puestos en la Alianza. Echegaray no tiene el menor pudor en definir a IU como una fuerza con un «discurso anticapitalista, prosocialista» (?) que se ha sabido articular «con propuestas reformistas coyunturales».


La unidad de la izquierda debería servir como «masa crítica … para poder generar un proceso de construcción de una alternativa de carácter democrático y popular en la Argentina» (ídem, 11/11, con el ‘centro’). Es decir, que se define como furgón de cola de un proyecto antisocialista.


El Mst hace su propia contribución al frente centro de la izquierda, con el apoyo que acaba de dar al FA de Uruguay. Aunque lo adjetivó de ‘crítico’, ese apoyo no es menos rotundo, porque todo apoyo tiene siempre algún componente crítico. Lo que importa es que el FA integra una de las variantes del imperialismo, como lo dejó en claro el embajador norteamericano en Montevideo (Ver Prensa Obrera, Nº649). El PC y el Mst no están unidos en un planteo coyuntural sino estratégico; si no están unidos en un partido es porque pretenden rescatar una imagen de pluralismo que les permita pescar tanto en la derecha como en la izquierda del escenario opositor.


Refuerza la tendencia a este macaneo generalizado el abusivo recurso que hace el Mst de la muletilla del «voto castigo» cada vez que quiere caracterizar el resultado de una elección. Lo usa tanto cuando el centroizquierda le gana a la derecha como cuando ocurre lo contrario, es decir que carece de contenido. Aun así no deja de representar un aval a la Alianza, la cual, de acuerdo a ese criterio, ha recibido un ‘voto-premio’ por su ficticia oposición al menemismo. Al Mst ni se le ocurre que la reiteración de los ‘votos-castigos’ solamente prueba la solidez del electoralismo como medio de atadura de las masas al régimen capitalista. Es decir que cuando ejercen el ‘voto-castigo’, los obreros en realidad se están castigando a sí mismos. Es por este motivo que el ‘voto castigo’puede coexistir con el ‘anti-voto castigo’, como ocurrió con la aplastante victoria de Rico en San Miguel y la muy importante de Ruckauf-Cavallo en Buenos Aires. Lo que el ‘voto-castigo’ tiene en común con el ‘anti-voto castigo’ es que, en los dos casos, los obreros siguen a sus verdugos, o sea que el castigo y el no castigo son esencialmente lo mismo.


A la luz de estas posiciones del PC y del Mst, ¿se puede hablar sin-ce-ra-men-te de unidad de la izquierda sin proceder a una discusión política?

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