30/05/1995 | 449

Fuera el FMI de la Universidad

Menem salvó su gobierno, y de yapa obtuvo la reelección, como consecuen­cia del gigantesco socorro que le prestó la banca internacional. Una leve disidencia con los acreedores le hu­biera costado simplemente la cabeza. El mismo Frepaso pretendió ganarse el de­recho a la sucesión, proclamando su in­conmovible compromiso de pagar todas las deudas internacionales y de permitir toda la fuga de capitales que le reclama­ra el capital financiero internacional.


El 14 de mayo, el electorado del país, carente de una alternativa independien­te de la gran burguesía, fue víctima de un escenario construido por la banca mun­dial. Como Cavallo se lo reconoció a The Wall Street Journal (4/5), “si no hubié­ramos ido al Fondo en búsqueda de apoyo, habríamos sido forzados a devaluar”.


Pero precisamente por haber puesto las reservas del país al servicio de la Bolsa, la economía nacional se ha hundi­do en una crisis que crece de día en día. El 90% de las provincias se encuentra en cesación de pagos; la industria automo­triz, tanto terminales como autopartistas, se encuentra paralizada —con sus­pensiones que, en la mayor parte de los casos, no reconoce el pago de los alanos caídos.


La desocupación, que Menem promete remediar en su segundo mandato, crece a pasos agigantados. El famoso retorno de los depósitos a los bancos simplemente que la recesión en industria expulsa al dinero de la circulación. La situación financiera en el plano internacional está muy lejos de haber superado el “efecto tequila”, pues el sólo rumor de que Aeroméxico no había logrado cancelar una deuda, el viernes pasado, hundió al dólar y a la Bolsa neoyorquina, y produjo una baja genera­lizada en toda América Latina.


Es significativo que el gobierno no pueda rematar sus acciones en las em­presas de gas, debido a la falta de interés en el mercado financiero.


Los extremos a que está llegando la crisis económica, aunque no explican los enfrentamientos entre el ejecutivo y el congreso, constituyen sí su telón de fon­do. Es que los derechos que pierda cual­quier sector de la burguesía, constituye, en el contexto actual, una causa suficien­te para su desaparición. Pero precisa­mente porque el 14 de mayo ganó la Bolsa, Menem y Cavallo están obligados a transitar todos los caminos inconstitu­cionales para imponer el punto de vista de los grandes pulpos, atrincherados con los laboratorios internacionales en el re­damo de una ley de patentes extranjeri­zante.


Con el agravamiento de la crisis social se produce, entonces, una agudización de los enfrentamientos dentro de la burgue­sía explotadora. Aunque haya sacado el 50% de los votos efectivos (y esto apelan­do al fraude), Menem se parece más a un gobierno con mandato prorroga­do que con mandato renovado. Es así como él mismo encara, al menos, las próximas elecciones en Santa Fe y en la Capital, donde su probable derrota pue­de disipar rápidamente los resultados del 14 pasado.


Claro que como no se trata de cambiar de verdugo, es necesario que, para la próxima Constituyente de la ciudad de Buenos Aires el movimiento popular de­signe a sus propios candidatos para lu­char contra la destrucción de la sa­lud, de la universidad y la educa­ción; contra las altas tarifas, los malos servicios y los negociados con las contra­tistas; contra el desalojo y la especula­ción inmobiliaria; la recuperación del sistema jubilatorio y de sus conquistas; por un plan urbano, en fin, bajo la direc­ción y en beneficio de las mayorías traba­jadoras.


La consigna de la hora es, con todo, asegurar la victoria del movi­miento estudiantil, que está luchando en todo el país por el retiro del Congreso del proyecto de ley de enseñanza supe­rior. Este proyecto pretende arancelizar los estudios, es decir producir otra confiscación de los salarios, y des­truir, en beneficio de un puñado de pul­pos capitalistas, el patrimonio univer­sitario acumulado.


La contradicción que paraliza a los explotados argentinos está probable­mente bien representada por el pueblo de Concordia, Entre Ríos, quien junto con el voto a Menem se opuso, con el 80% de los sufragios, a la privatización de la represa de Salto Grande. Para que quede claro a nivel nacional lo que parece muy claro a nivel local, a nivel de lugar de trabajo y a nivel de lugar de estudios, es necesario simplemente llevar a la victo­ria las reivindicaciones y luchas de las localidades, fábricas y colegios.


Para eso es necesario la victoria de los estudiantes universitarios. Marchemos con ellos. Desarrollemos las luchas. Pre­paremos de este modo un gran combate nacional.