15/05/2003 | 800

Fuera Reutemann de Santa Fe ¡Y el Ejercito!

El descenso de las aguas apenas si ha comenzado en Santa Fe. La ínfima parte de los santafesinos damnificados que pudieron regresar a sus casas debieron afrontar dolorosamente la pérdida completa de todas sus pertenencias. En muchos casos, inclusive, la pérdida de las propias viviendas, destruidas por la erosión de las aguas. Pero la mayoría de los inundados sigue con sus barrios y casas tapadas por el agua, en especial en las zonas obreras más humildes y más populosas.


El total de los santafesinos afectados supera los 250.000, más de la mitad de la población de la ciudad: fueron obligados a sufrir los estragos de una inundación que se ha demostrado claramente que el gobierno se negó a prevenir. Al colapso del agua, de las muertes que aumentan día a día, y de las pérdidas, el gobierno de Reutemann le agrega el caos, el desabastecimiento de alimentos y productos esenciales para la subsistencia de la población, el abandono total ante la propagación de las enfermedades que surgen por la inundación (hepatitis, disentería, etc.) y el manoseo de los evacuados y autoevacuados de parte de funcionarios y punteros para recibir una ayuda miserable. Eso, cuando la reciben.


«Siguen los problemas con la entrega de alimentos. Por segundo día consecutivo el comité de emergencia no entregó cajas con comida a los autoevacuados argumentando falta de stock y también problemas organizativos y de falta de identificación de las personas. En estas condiciones se encuentran unas 50.000 pers onas» (¡!) (Clarín, 7/5). Además, no está resuelto el abastecimiento de la ciudad, motivo por el cual en «la capital no hay leche (¡es el centro lechero del país!), los precios de la carne se triplicaron y el kilo de pan pasó de 1,40 a 8 pesos» (Página/12, 3/5). Para peor, los punteros se roban las cajas de asistencia que llegan por la solidaridad de todos los trabajadores del país, motivo por el cual ya se han instruido causas contra el gobierno santafesino «por el faltante de alimentos donados» (Clarín, 7/5). En los barrios obreros, los trabajadores denunciaron ser pésimamente abastecidos por centros vecinales armados por el gobierno, en medio del «escenario de una dura pelea entre punteros políticos, de sectores enfrentados del peronismo local» (Página/12,4/5).


La responsabilidad del gobierno patronal, antes y después de la crecida de las aguas, está alimentando una profunda rebelión popular.


Reutemann no se mojó ni el taco de sus zapatos, pero tiene el agua hasta el cuello.


 


Comienza la organización y la movilización populares


En los centros de refugiados y entre las decenas de miles de autoevacuados han comenzado a formarse comisiones de reclamo y de movilización contra el gobierno. Avanza entre los trabajadores la conciencia de que cuando bajen las aguas las viviendas estarán inhabitables, por lo que aumenta la ocupación de edificios y de casas por parte de quienes tienen sus hogares bajo las aguas. La lista de desaparecidos supera el millar de personas. Aunque el gobierno oculta la cantidad de los muertos y ha desplazado a los bomberos de las tareas de rescate para evitar que se conozcan las verdaderas cifras, la lista de víctimas fatales podría ascender a más de 500 personas.


En los primeros días de la semana pasada, más de «doscientas personas autoevacuadas y autoorganizadas se concentraron frente a la Legislatura para reclamar colchones y comida para quienes, en algunos casos, llevaban tres días sin alimentarse» (Página/12, 3/5). Han comenzado movilizaciones desde los refugios; se ha puesto en pie una asamblea de inundados en la Plaza Constituyente; y para el jueves 15 de mayo, a días de las elecciones presidenciales, se prepara una masiva movilización hacia la Casa de Gobierno que reclamará la indemnización total a los damnificados, asistencia para todos los inundados, subsidio a los desocupados, control de las mercaderías para la asistencia en manos de los afectados, desde la recepción hasta el reparto, aumento salarial para todos los trabajadores, no a la militarización brutal que ha impuesto Reutemann para evitar que las cosas se le escapen de las manos, esclarecimiento e identificación inmediata de todos los desaparecidos, ningún desalojo, Fuera Reutemann y todos los responsables.


La bronca popular abarca a todos los sectores de la población de Santa Fe, incluida a la clase media, que repudia al gobierno que votó masivamente. La crisis política que se ha abierto en Santa Fe ha enfrentado a la población con el intendente Alvarez, con el gobernador Reutemann y con las fuerzas represivas que han militarizado la provincia y hasta con el Ejército, que pretende asumir el control de la asistencia a los inundados. El jefe del Ejército lo vivió en carne propia, cuando «salió a recorrer los barrios acompañado por un séquito de oficiales y la prensa. La excusa era llevar agua potable y alimentos a las personas que se habían quedado cuidando las casas. Todo era muy amable y la sonrisa de Brinzoni acompañaba cada entrega» (Página/12, 4/5). La sonrisa del milico se congeló cuando desde una casa del barrio Santa Rosa de Lima, un hombre y su hijo, armados con una carabina calibre 12, lo encañonaron al grito de «Váyanse, qué vienen a mandarse la parte» (ídem).


 


Militarización y toque de queda


La situación del gobierno de Reutemann se hace insostenible hora tras hora. La respuesta de Duhalde y de Reutemann ha sido la militarización de la ciudad, ocupada por la Gendarmería, la Prefectura, la Policía Federal ÿque ha desplazado a la Policía provincial, en su gran mayoría también damnificada por la inundación, y la presencia de miles de efectivos del Ejército. Se ha establecido el toque de queda a partir de las 19 horas y «la Nación puso en marcha la Ley de Seguridad Nacional sobre la capital» (Página/12, 3/5). El objetivo principal de las fuerzas represivas es el control sobre los centros de evacuados y sobre los barrios donde los trabajadores se autoorganizan para defender sus casas cubiertas por las aguas.


El operativo político-militar está al servicio, además, de evitar que, en medio de la tragedia que vive la mayoría de la población santafesina, las elecciones del 18 de mayo no se transformen en un escándalo que ponga en riesgo toda la salida política armada por el gobierno nacional. Incluso el propio Duhalde, en la conferencia de prensa que realizó con Reutemann, puso en duda la realización de las elecciones en la provincia, consciente del repudio masivo que la movilización de los aparatos patronales va a causar en una provincia que todavía está semi-sumergida.


El desplazamiento por decreto del director de Obras Hidráulicas de la provincia es un intento desesperado de Reutemann de autopreservación de un gobierno repudiado por toda la población santafesina, que exige que se vayan todos los responsables.


La autoorganización de la población y la movilización contra el gobierno de Reutemann son el germen de comités de trabajadores y vecinos que tomen en sus manos la reconstrucción de la provincia bajo su control, incompatible con la permanencia del régimen político de Reutemann y cía.


Fuera Reutemann, fuera el ejército de Santa Fe. La reconstrucción de la provincia y la satisfacción de las reivindicaciones de la mayoría popular sólo es posible imponiendo una Asamblea Popular Constituyente que tome el poder en sus manos, bajo el control de comités de obreros y vecinos.