Políticas

25/10/2001

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Gobierno a la deriva, Asamblea Constituyente

El diario La Prensa marcó bien el tono. “Gobierno paralizado”, tituló el lunes; “Gestión desesperada”, el miércoles.


Apenas una semana después de las elecciones, quedó al desnudo la “crisis de poder” que señaló todo el tiempo el Partido Obrero. Al negarse a “canjear” una parte menor de la deuda provincial, los bancos le bajaron el pulgar a Cavallo y, ya se verá, a De la Rúa.


Lo mismo acaba de hacer el propio gobierno norteamericano, con la decisión de cortar los préstamos oficiales a Argentina.


La deuda externa acabó hundiendo a los “endeudadores”. Pero esta deuda es sólo la punta visible de un derrumbe que hace al conjunto de la organización social capitalista de Argentina. La desocupación declarada ya supera el 20%. El derrumbe industrial no tiene antecedentes en la historia.


No solamente está definitivamente cuestionada la gestión de De la Rúa. Las administraciones provinciales del peronismo se encuentran en situación desesperada. Si la cesación de pagos amenaza acabar con el gobierno del primero, cualquier “arreglo” a la crisis provocará el inmediato derrumbe de las segundas.


No sólo la Alianza está terminada, el peronismo tampoco alcanza a ser una salida de recambio. El desenlace de la crisis inicia un nuevo período político.


Se aprecia ahora la importancia del planteo del Partido Obrero de reemplazar, mediante la movilización, la lucha y la huelga general, a los gobiernos decrépitos de la Nación y las provincias por Asambleas Constituyentes soberanas.


Llamamos a las organizaciones piqueteras y a los partidos de izquierda a reunirnos en un Plenario deliberativo nacional, para desarrollar la salida a esta crisis en todas sus consecuencias.


Que las Asambleas Constituyentes se hagan cargo del poder, significará poner en pie un gobierno nacional y en las provincias que, por primera vez en la historia, será responsable ante una asamblea popular deliberativa. Significará un gobierno que no podrá invocar restricciones constitucionales para enfrentar la crisis en función de los intereses de los trabajadores. Un marco deliberativo de esta amplitud abrirá el camino para que la mayoría de las masas se convenza de la necesidad de que gobiernen los trabajadores.