Políticas
9/3/2026
Gracias a Milei, no podríamos pagar el gas en invierno por la agresión a Irán
El gobierno tiene previsto privatizar la importación de GNL y trasladarle el costo adicional a los trabajadores en medio de un salto de los precios.

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Importación GNL.
La agresión imperialista y sionista contra Irán amenaza con arrastrar más de un problema para el gobierno de Javier Milei, no solo por la amenaza de una nueva escalada devaluacionista e inflacionaria, sino por el impacto directo que esto podría tener en la disparada de las tarifas de luz y gas y los combustibles, con un salto en los precios de los surtidores, y puntualmente en el fracaso prematuro de la privatización de la importación de gas que, bajo los precios actuales, implicaría un saqueo a los bolsillos de usuarios y trabajadores.
El ataque de los Estados Unidos e Israel contra Irán, apoyado ideológicamente por Javier Milei, está impactando en el precio internacional del petróleo y sus derivados, y en el precio de venta del Gas Natural Licuado (GNL) que todos los años el Estado Argentino requiere para satisfacer el crecimiento de la demanda durante el periodo invernal local.
Llegado el invierno el consumo de gas aumenta haciendo insuficiente la producción local proveniente de Vaca Muerta y obligando al Estado a importar GNL para cubrir la demanda, el cual es destinado primero al buque regasificador de Escobar y de ahí a los gasoductos para su consumo doméstico e industrial, un proceso que hasta el invierno del 2025 era organizado y ejecutado íntegramente por la estatal Enarsa.
Sin embargo, el gobierno nacional modificó esta dinámica para el 2026, con la perspectiva de privatizar la logística señalada y desentenderse de los subsidios y erogaciones necesarias para compensar la diferencia de precio entre el gas producido en el país y el GNL importado, cuyo valor suele ser holgadamente superior, con la idea de trasladar la factura final al bolsillo de los trabajadores.
Esta privatización, que ya traía implícita un tarifazo contra los trabajadores, ahora se ve agravada por la disparada del precio del gas en un marco de incertidumbre por la agresión imperialista en Medio Oriente, con el cierre de gigantes del sector como QatarEnergy y una caída de la oferta mundial, sin contar aún con una adjudicación privada del proyecto y con la amenaza de que el precio final se convierta en un disparate para el consumo de los hogares de las familias trabajadoras, privando a millones de personas del acceso a calefacción en invierno.
Esto sumado al impacto de los precios internacionales en el petróleo, en la producción de energía eléctrica y en el subsiguiente aumento del precio internacional de la electricidad, en un marco local con tarifas “dolarizadas”, que frustran toda alternativa barata al consumo de gas.
Además, los precios de las tarifas de los servicios se encuentran dolarizadas, en los marcos de nuevas presiones devaluacionistas que amenazan con empujar aún más los precios. Todo en un contexto de salarios pisados por debajo de la inflación, recesión económica, despidos y ajuste.
Este impacto en las tarifas de gas y electricidad también golpeará a la industria y los comercios, trasladando los precios a los consumidores y afectando aún más el poder adquisitivo de los trabajadores y todas las tendencias recesivas de la economía.
La crisis internacional vuelve a exponer las debilidades y vulnerabilidades de una política económica endeble, totalmente dependiente de la coyuntura internacional y subordinada a los avatares y decisiones del imperialismo, con consecuencia negativas directas sobre la población trabajadora.
La dependencia de Milei del imperialismo norteamericano es notable, subordinando al país a una orientación que afecta directamente los intereses de los trabajadores con el único propósito de “respaldar” las incursiones guerreristas y los planes geopolíticos de Donald Trump y el sionismo.
Lejos de avanzar en una privatización ruinosa de las importaciones de gas se vuelve necesario intervenir toda la cadena de producción y comercialización de gas y energía, poniendo en pie un plan de inversión y obras para ampliar la capacidad productiva y la logística local y defendiendo el acceso al gas del conjunto de la población trabajadora. Esto plantea también la necesidad de movilizarse contra la guerra imperialista, como lo impulsa el Frente de Izquierda, en defensa de los intereses de los trabajadores.




