16/04/2020 | 1589

Gravemos a los capitalistas, de verdad

El proyecto del Frente de Izquierda

Los diputados Romina Del Plá y Nicolás Del Caño presentaron esta semana un proyecto de ley para establecer impuestos progresivos a las grandes fortunas capitalistas. Se trata de uno de los planteos programáticos del Frente de Izquierda más oportunos y necesarios en medio de la crisis social, económica y sanitaria que atravesamos frente a la pandemia.


El propio gobierno ha tenido que tomar el asunto de estos gravámenes como bandera, naturalmente tomando el “título” para devaluar el contenido -al igual que hicieran con nuestro reclamo por la prohibición de despidos y suspensiones, que dio lugar a un decreto no solamente tardío y tremendamente limitado, sino que ni siquiera sirve para los efectos que se propone, ya que la sangría de despidos no cesa.


Más allá del título, la iniciativa que prepara el gobierno -y que buscarían aprobar en el Congreso-, acorde con lo que ha trascendido hasta el momento, a la clase capitalista no le haría ni cosquillas (ver “Impuesto a la riqueza: ‘son dos mangos con veinte aunque paguen todos’”). Huelga decir que se viene el lobby imparable por las “exclusiones” -similar al que terminó incluyendo entre las “actividades esenciales” exentas de la cuarentena a las curtiembres o la minería. Según Infobae (15/4), el gobierno tiene la “expectativa” de recaudar cerca de unos 3 mil millones de dólares -en la versión más auspiciosa que ha trascendido hasta el momento. 


El proyecto del FIT


Nuestro proyecto de impuestos extraordinarios a las grandes rentas y fortunas, por el contrario, se propone adicionar unos 15.000 millones de dólares ante la pandemia. Lo hemos formulado como una medida de emergencia, excepcional, ante las imperiosas necesidades sociales que presenta el cuadro de crisis profunda que vive el país.


Para personas humanas, se establece un piso patrimonial que a diciembre de 2019 supere los 100 millones de pesos, incluyendo las acciones y participaciones societarias, con alícuotas progresivas (contra los casi 200 millones que tomaría de base el gobierno si se calculan los 3 millones de dólares al valor de cambio oficial). Adicionalmente, se establecen impuestos especiales y progresivos a las ganancias bancarias, a las altas rentas (beneficios empresariales y rentas de capital), a la gran propiedad de la tierra (a partir de las 5.000 hectáreas) y, finalmente, a las viviendas ociosas. Como se ve, atacamos de conjunto todas las aristas de la ganancia capitalista que amasa fortunas. Lo contrario, es papel pintado.


La tasa progresiva que establecemos se duplicará para todos los activos que no hayan sido declarados en la Afip -es decir, para los evasores fiscales. Mientras los blanqueos de todos los gobiernos (desde Macri hasta Cristina) los han premiado, con esta ley los castigamos. 


Finalmente, con lo recaudado se crea un Fondo Especial de Emergencia, bajo control de un comité de trabajadores electos de la Salud, del Instituto Nacional de la Vivienda, de la Afip y técnicos de universidades públicas, destinado a financiar la compra de material sanitario (equipamiento médico y hospitalario, respiradores, etc.) para todos los centros de salud; la compra y producción de alcohol en gel, jabones y mascarillas, para el sistema de salud y toda la población; la contratación de mayor personal de salud y el pago de salarios acordes; el financiamiento de un salario mínimo de cuarentena de 30.000 pesos para todos los trabajadores (registrados y no registrados, de casas particulares, monotributistas) y para el financiamiento de un plan de construcción de 100.000 viviendas populares y urbanización de las villas y asentamientos. 


Nuestra ley limita exclusivamente a estos destinos el uso de los fondos y excluye taxativamente que sean dirigidos al pago de la deuda. Denunciamos que el FMI y los acreedores privados, por el contrario, vienen alentando una suba de impuestos de modo tal de asegurarse que van a cobrar y que el país va a cumplir con sus compromisos: una sangría fenomenal del ahorro nacional.


Desde luego, nuestro proyecto se inscribe en un planteo de conjunto ante la pandemia que, además del no pago de la deuda, incorpora la apertura de los libros y cuentas de las empresas, la reconversión industrial para atender masivamente las necesidades de la salud, la centralización urgente de todo el sistema sanitario, la nacionalización de los recursos energéticos y del comercio exterior, y el control obrero y popular sobre todas las medidas.

 




 

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