07/08/2016

Hebe de Bonafini y el poder judicial


Foto: gentileza de Infobae


 


 


En el examen de cualquier acontecimiento de relevancia debemos partir siempre de las fuerzas sociales en presencia. Los protagonistas procuran embellecer sus posiciones con argumentos variados, pero de ningún modo deben ser el punto de partida de una caracterización adecuada. No hay guerra imperialista, por ejemplo, que no haya sido presentada como una cruzada por la paz o la defensa de los intereses nacionales colectivos. Este mecanismo de ocultamiento o manipulación solamente puede ser desmontada mediante una mirada más abarcadora: aquella que pone de manifiesto los intereses sociales en pugna. Es el procedimiento que debemos seguir al abordar la citación judicial a Hebe Bonafini e incluso todos los episodios judiciales que envuelven al kircherismo.


 


 


Macrismo


 


Más allá de los expedientes, la ofensiva judicial contra el kirchernismo busca dotar de legitimidad política al gobierno macrista. Por eso es acompañada con fervor por la gran prensa y los medios de comunicación. El gobierno actual es débil, carece de los recursos políticos y económicos necesarios para imponer una política de ajuste; tiene que desarrollar una iniciativa permanente para obtenerlos. Está en juego una política de tarifazos, de confiscación de la fuerza de trabajo y de mutilación del derecho laboral, es decir la política del capital financiero y la burguesía nativa. La andanada oficial contra el kirchnerismo responde también al objetivo de extorsionar a la oposición complaciente que integran el centroizquierda, Massa y la mayor parte del FpV, para obtener el apoyo parlamentario a los proyectos del macrismo e incluso para proceder a una captación de caudillos y punteros que amplíe las posibilidades electorales de Cambiemos en las elecciones del año que viene. La corruptela desvergonzada del gobierno anterior viene como anillo al dedo para la supervivencia de un gobierno que es la punta de lanza de una ofensiva capitalista que tiene alcance internacional. Por eso han pasado por Argentina los Obama, Hollande, Renzi, Kerry y cualquier día de estos tendremos a la pirata Theresa May.


 


La andanada judicial contra los ladrones de la década ganada opera como un encubrimiento de una política reaccionaria. Oculta, asimismo, la corruptela fenomenal del oficialismo actual y la violación del estado de derecho. Macri ha sido absuelto del delito comprobado de espionaje y Sturzenegger de la estafa de megacanje de 2001, que él se empeñó en dilatar durante quince años. El asunto de los Panamá Papers o del negociado de Grindetti con los bonos Tango, en la Ciudad, ha salido de la plana de los diarios y del ajetreo judicial. Lo mismo ocurre con la responsabilidad del gobierno por las muertes en Costa Salguero. El macrismo acata a un juez municipal de NY cuando se trata de pagar a los fondos buitres, pero desacata a la Corte Suprema de la Nación Argentina, que le ordena la publicidad del acuerdo YPF-Chevron firmado por el kirchnerismo. La Corte, a su vez, tolera esta manifiesta violación jurídica y se convierte en cómplice de la violación del derecho por parte del gobierno macrista. Marcos Peña sigue manejando el Tesoro con los superpoderes K, y el Banco Central financia el déficit fiscal a cambio de papelitos de colores, como se hacía antes, sin importarles la independencia que siempre reclamaron para la autoridad monetaria. Por la milésima parte de esto, el Congreso brasileño le ha armado un juicio político golpista a Rousseff.


 


 


Kirchnerismo


 


La otra parte del conflicto representa a otro bando capitalista integrado por una legión de corruptos. Sostuvo a Repsol hasta que vació las reservas de YPF y luego la indemnizó con u$s 8 mil millones por los servicios prestados. Mantuvo a rajatablas, a fuerza de subsidios, las privatizaciones menemistas. Entregó el ‘shale’ a Chevron. Pagó u$s 175 mil millones de deuda externa (lo que provocó el vaciamiento financiero del Estado). Canceló con intereses y punitorios la deuda estatizada de los capitalistas privados con el Club de París. Impuso el impuesto confiscatorio al salario y mantuvo un régimen impositivo de vía libre a la renta financiera, mientras gravaba el 55% de los salarios con impuestos al consumo. El bloque K se identifica con los Eurnekian, Cristóbal López, los contratistas de la Cámara de la Construcción. Durante ocho años, el kirchnerismo transó con el macrismo por los negocios inmobiliarios de la Ciudad – desde la AU3 hasta los terrenos ferroviarios y los de la Costanera sur – y fue un apoyo fundamental para la proyección nacional del macrismo desde el territorio porteño.


 


Estamos ante una pelea entre dos fuerzas de carácter capitalista por un posicionamiento económico y político completamente ajeno a los intereses de los trabajadores; más precisamente: por un posicionamiento hostil a los intereses de los trabajadores. Hace 14 años que Hebe Bonafini ha dejado de representar la lucha por los derechos humanos del mundo del trabajo y la juventud. No marchó para condenar el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra; al revés, apoyó al gobierno de los Luna, los Schiavi, los Jaime, los Pedraza, los Cirigliano y los Romero – una red única que quedó de manifiesto en la tragedia de Once. No marchó con los familiares de Once, ni por la aparición de Jorge Julio López o Luciano Arruga. No hizo nada contra el gatillo fácil y la tortura en las comisarías, en la década ganada, ni contra la infiltración, el espionaje y la delación de los servicios K conducidos por Stiusso.


 


 


Izquierda


 


La obligación de los luchadores es denunciar el carácter capitalista y anti-obrero de los protagonistas enfrentados en estas lides jurídicas y sus operaciones de encubrimiento. Mientras se enfrentan no dejan de transar, como lo demuestra el apoyo del Movimiento Evita al endeudamiento feroz del gobierno de la provincia de Buenos Aires y a sus políticas, a cambio del apoyo dinerario a sus aparatos. El poder judicial es una marioneta de los intereses capitalistas y de los lobbys del Estado; por eso absuelve a algunos, beneficia con delación premiada a otros y no condena a nadie, ni lleva las investigaciones hacia sus instancias últimas. Hebe Bonafini decide rechazar la convocatoria judicial, pero CFK viene desde Santa Cruz a recorrer Comodoro Py. Cuando se ha decidido ‘resistir’, el ejemplo lo deben lo/as jefe/as. Los revolucionarios han utilizado los estrados judiciales, en numerosas ocasiones, para denunciar al régimen de turno – por ejemplo Fidel Castro cuando pronunció “La Historia me Absolverá”. Boicotear el ‘acoso’ judicial no es necesariamente la conducta más combativa. Hebe y los K han elegido la peor variante, pues han arreglado la declaración con el juez. Todo esto demuestra que estamos ante un conflicto de fuerzas antagónicas a la clase obrera.


 


Los luchadores debemos mostrar el avanzado estado de descomposición de las fuerzas políticas en presencia (corrupción al por mayor en TODAS ellas) para acentuar la atención de los trabajadores hacia una alternativa política de la clase obrera. El más mínimo respaldo a la acción de una de ellas (ni que hablar de juntar filas con Zanini y De Vido), hipoteca la estrategia política fundamental de la izquierda que es ganar a una mayoría de la clase obrera para luchar por un gobierno de trabajadores.

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