05/01/2005 | 883

Ibarra debe renunciar

Asamblea Constituyente en la ciudad para acabar con todas las mafias

Aníbal Ibarra admitió en su reciente conferencia de prensa la responsabilidad del Estado de la Ciudad en la tragedia de Cromañón.

En otras circunstancias, el reconocimiento habría podido funcionar como una ‘autocrítica’ interesante, pero no luego de 183 vidas sacrificadas y cinco años de gobierno.

La tragedia volvió a poner al desnudo que gobiernos como los de Ibarra y Estados como el de la Ciudad actúan como protectores y promotores de negocios que ponen en peligro la salud y la vida de la población.

La desgracia no fue mayor porque las fiestas despoblaron a los hospitales de cirugías y de pacientes que fueron a pasar las fiestas en familia.

Faltaron respiradores, que tuvieron que pasar de hospital en hospital.

No hay inspectores para boliches, como no los hay tampoco para controlar las normas laborales o sanitarias.

Hay poco más de 50 inspectores de trabajo para decenas de miles de establecimientos.

Sin inspectores ni controles, los empresarios reducen el ‘costo de explotación’.

La Bolsa antes que la vida.

El gobierno de Ibarra representa a los intereses del espectáculo.

Lo prueba “La Trastienda” del vice Telerman o la disco “Follia” del ex gerente del Colón Pablo Batalla.

El Estado de la Ciudad que ‘colapsó’ en su función de protección social representa los intereses de los grandes empresarios.

¡Con Macri, el Estado de empresarios vaciadores sin control llegaría a su apogeo!

No en vano existe en la Ciudad un co-gobierno de Ibarra y Macri, como lo demuestra la cesión de la presidencia de la Legislatura al partido macrista.

Por eso Macri no ha abierto la boca frente a la catástrofe de Cromañón.

Ibarra debe renunciar para que la ciudadanía pueda abrir el absceso y extirpar todo el pus.

No para que suba Telerman o Santiago de Estrada.

Para barrer con las mafias político-capitalistas que gobiernan necesitamos una Asamblea Constituyente de toda la Ciudad, donde impongamos las normas bajo las que queremos vivir, el control democrático cotidiano por parte del pueblo, el destino del dinero del presupuesto y las medidas que pongan fin a la miseria y falta de trabajo.

A la Ciudad le sobra la plata, porque tiene un producto bruto de 100.000 millones de pesos para dos millones y medio de personas.

En la calle vuelve a resonar el slogan “que se vayan todos”.

Con razón.

Porque no hay ‘una segunda oportunidad’ para los políticos que hundieron la Argentina.

Tres años después del Argentinazo, los asesinos han vuelto al lugar del crimen y el pueblo exige castigo.

Partido Obrero (3/1)

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