04/09/2014 | 1330

Ironía, política y lucha

Acerca de «Pororó y sus compañeros van a la marcha»

«Pororó es un campesino misionero que tiene una vida terrible, se va a la ciudad y por algún motivo se termina yendo a la movilización. La película intenta contar los por qué de cómo se dieron las cosas», contó al portal El Territorio el actor y director Iván Moschner al hablar de «Pororó y sus compañeros van a la marcha» (2013), primera película del grupo de teatro independiente «Morena Cantero Jrs.».

De la selva misionera al mundo fabril, de la experiencia de la explotación a la crítica de la vida cotidiana burguesa, el guión salió de algunos de los sketchs que el grupo escribió desde el año de su fundación en 1995. Se filmó a pulmón en decenas de locaciones, con más de cuarenta actores y un gran trabajo de montaje. Las actuaciones tienen elementos del teatro grotesco. «Es independiente del independiente. Lo único que tenemos es la cámara y todo lo que precisa la computadora para el editor. Y todo el resto es conseguir y conseguir. Si no lo hacíamos así, no lo hacíamos más», señaló Moschner durante una filmación que llevó dos años.

El film narra con humor negro, ironía y canciones (desde la música popular brasileña hasta los cantitos creados por la militancia del Partido Obrero en diversas movilizaciones) los dramas que viven Pororó (interpretado por Ariel Aguirre), sus compañeros y sus opresores.

Se trata de una película polémica, sexual y políticamente desafiante de los sentidos comunes y que muestra una sociedad atravesada por las diferencias de clases y sus luchas. «Pororó y sus compañeros van a la marcha» recupera algunos rasgos provocadores del surrealismo, en especial la idea de la sexualidad (el eros) y el deseo como algo que, conjugado con una visión política, marca una orientación en la transformación de la vida.

El film cobra mucha actualidad cuando Pororó ingresa a trabajar en una fábrica y se encuentra con lo que hoy vemos en televisión todos los días: despidos, bajos salarios, huelgas, movilizaciones, asambleas. La ironía y la denuncia se ven manifiestas en la película, por ejemplo, cuando el gerente Anchorena (Eduardo Perelló), al enterarse de la existencia de una activista politizada, plantea que «en la solicitud de empleo debería decir a qué partido están afiliados», mientras que el patrón Don Augusto (Martín Vega) responsabiliza a la burocracia sindical: «Lo que pasa es que el gordo se está ablandando ¡Treinta años al frente del gremio y ya no tiene reflejos!».

Un papel de vanguardia lo juegan las mujeres en el film. En una asamblea, una mujer cuenta una experiencia de acción colectiva contra la violencia machista similar a un testimonio de Paso a las luchadores, la producción del Ojo Obrero. En otro momento, la trabajadora más conciente de la fábrica, Almirón (Marian Pe), le explica a un compañero escéptico: «Somos obreros nosotros, somos los que generamos y producimos el dinero que recauda esta fábrica. Podríamos ponerla a funcionar nosotros, tranquilamente. Si echáramos a los 16 gerentes y capataces, la fábrica la ponemos a funcionar nosotros. Pero si echan a los 120 obreros, ¿cómo funcionan los talleres?».


Nicolás Rijman