24/02/2000 | 655

Izquierda Unida en el campo el FMI

El PC apoya la atomización sindical

El comunista abogado laboralista se envalentona postmodernamente. «No podemos tener más temas tabú … se trata de romper algunos tabúes que históricamente teníamos en la izquierda en materia de unidad y democracia sindical, en materia de convención colectiva», declara. Y utiliza los mismos argumentos que las patronales, el gobierno y las burocracias antiobreras: «¿Por qué razón voy a estar en contra de un convenio de empresa que es más beneficioso que un convenio general de la actividad? (¿para quién?, nota del redactor) Esto hay que replantearlo. No pretendo tener la verdad revelada sobre esta cuestión, pero no me puedo aferrar a ideas cristalizadas que ya no me sirven».


Pero el abogado comunista se ‘equivoca’ de cabo a rabo: el ataque a los convenios colectivos es el corazón de la reforma laboral. El gobierno pretende destruir la ultraactividad que mantiene vigente un convenio hasta que sea acordado otro, para mejor imponer la atomización en la negociación colectiva y en la organización sindical.


Quienes propugnan hoy los convenios por empresa son el FMI, el Banco Mundial, la Unión Industrial, la Sociedad Rural, la Asociación de Bancos y la Cámara de Comercio. Es decir, los grandes monopolios. ¿Y por qué lo hacen? ¿Para beneficiar al trabajador? Por supuesto que no. Quieren imponer los convenios por empresa, no para mejorar el nivel salarial y las conquistas de los trabajadores, sino para atomizar su organización y resistencia y poder descargar mejor la flexibilización laboral, la superexplotación y el retroceso del salario. Esto lo dicen claramente los ‘papers’ que envió el FMI al gobierno de De la Rúa.


El convenio por industria ha sido históricamente una bandera de lucha y una conquista del movimiento sindical para contraponer a los intereses patronales la unidad de la clase obrera, eliminando divisiones entre fábricas y ramas, entre regiones diferentes, entre pequeñas, medianas y grandes empresas. Desde siempre las patronales y los gobiernos capitalistas quisieron quebrar esta conquista. Con el peso de su lucha y su unidad, el movimiento obrero ha impuesto a las patronales pequeñas y grandes un mínimo salarial similar para todos los trabajadores de la industria. «A igual trabajo, igual salario» es una de las consignas históricas del movimiento obrero, que ahora el PC quiere abandonar.


El PC rompe con los preceptos más elementales del comunismo y del sindicalismo. La clase negocia como clase, planteaban las resoluciones de la Internacional Sindical Roja surgida de la revolución rusa de 1917. El sindicalismo clasista es una escuela de comunismo, pero el PC tira todo esto al tacho de basura, de la mano de los proyectos del FMI, la Alianza y la burocracia sindical.


 


Contra las «grandes huelgas»


Lógicamente, este apoyo a la atomización sindical viene de la mano del abandono de la acción directa en la lucha de clases. Así, en el reportaje de marras se afirma: «Las grandes huelgas de los últimos años, como la ferroviaria o la de telefónicos, fueron grandes derrotas, y hay que sacar conclusiones. Y fueron derrotas con miles de personas en la calle. Se trata de encontrar nuevas formas de lucha». El PC se suma a la cantinela de las burocracias centroizquierdistas que plantean el abandono de los ‘viejos métodos de lucha’, de las huelgas y ocupaciones, y la adopción de ‘nuevos métodos’ como el de la carpa docente o los congresos conjuntos con las cámaras empresarias.


Las grandes huelgas –sólo posibles por la existencia de sindicatos y convenios por industria, que elevan la masividad y profundidad de la lucha de clases– fueron derrotadas no por la ineficiencia de las organizaciones obreras, sino por la traición de las direcciones sindicales burocráticas enfeudadas al Estado. Con la propuesta del PC ya no se plantearán más luchas de conjunto del movimiento obrero, sino la atomización del mismo, el ‘sálvese quien pueda’ a gusto de la depredación patronal.


No es casual que para el abogado comunista «la idea básica de la negociación colectiva es la de canalizar y controlar los conflictos». Esa es la idea del Estado, de las patronales y de los partidarios de la colaboración de clases. Para los clasistas, la negociación colectiva permite unificar la voluntad de lucha de la clase obrera para imponer sus reivindicaciones ante el Estado y la clase patronal, para generar una movilización de conjunto de la clase que partiendo de su lucha reivindicativa ponga en crisis al Estado y se plantee como objetivo la toma del poder político para la clase obrera.


 


Avalado por el Comité Central


Pero ésta no es una posición de un afiliado comunista, que un distraído redactor comunista colocó en la página central del periódico comunista. En el número anterior (Propuesta 3/2) se publica una «Declaración del Comité Ejecutivo del Partido Comunista». Allí se critica el proyecto de reforma laboral de De la Rúa porque «pretende adjudicar carácter progresista a la intención de habilitar la negociación por empresa con el cuento de que debilitaría a la burocracia sindical, lo que es mentira ya que el proyecto mantiene la primacía de las organizaciones con personería gremial sobre las simplemente inscriptas (el caso de las que adhieren a la CTA) para garantizar el monopolio de la CGT en la negociación». El Comité Ejecutivo del PC no se opone a los convenios por empresa, sino que reclama la participación en los mismos de los sectores «que adhieren a la CTA». Pero los convenios de empresa ya vienen siendo firmados desde hace un tiempo por las burocracias sindicales cegetistas y ceteístas. De lo que se trata es de rechazar la atomización sindical y plantear la lucha por convenciones colectivas por industria y paritarios elegidos en Asamblea, cosa que el PC no hace.


 


Atomización y paralelismo sindical


Esta no es una posición nueva en el PC. Ya hemos criticado (ver revista En Defensa del Marxismo 3/99) que en su periódico (Propuesta 6/8/98) desarrollara una tesis en favor del «paralelismo» en el movimiento sindical. Dice que, en 1945, el peronismo «desde arriba, paralelizó a muchos sindicatos», y que ahora se trata de promover una «paralelización desde abajo». De la mano del FMI y de la Alianza


 


¿También devaluacionistas?


En el reportaje ya citado, el abogado laboralista –azuzado por el reportero del periódico comunista, que le pregunta sobre «las distorsiones generadas por la convertibilidad»– contesta que «no cabe ninguna duda de que el tema de la convertibilidad hay que discutirlo. Aquí todo el mundo patea para adelante este tema con un tipo de cambio que produce distorsiones…». En otro reportaje publicado en el mismo número de Propuesta, José Rigane, dirigente de la CTA, también se queja de que «el tema es que no existen políticas de reactivación que favorezcan la apertura de fuentes de trabajo y, obviamente, que lo que hoy está planteado termina siendo, aunque no se lo desee, una continuidad de lo que fue el menemismo». Se publicitan así posiciones de devaluación monetaria claramente antiobreras.


La Izquierda Unida, una alianza estratégica del PC y el MST, se coloca en el campo de los que propugnan la atomización sindical y de los que actúan como lobbistas (grupos de presión) en favor de las patronales Pymes.

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