06/09/2001 | 720

Izquierda Unida: Una elección oportunista

Por Editor

IU tiene que sentirse más que satisfecha, pero no sólo por la cantidad de votos que obtuvo en las elecciones del domingo pasado en Córdoba, sino porque corresponde a sus más caras aspiraciones, o mejor, a su política.


IU pasó de los 22.000 votos de su mejor elección previa, en las provinciales de octubre de 1999, a 85.000, cosechando votos de protesta, fundamentalmente de los barrios de clase media (donde tiene su mayor peso el radicalismo), ya que en las barriadas obreras su porcentaje cae a la mitad. Este crecimiento, como el maná bíblico, lo obtuvo sin necesidad de hacer una campaña electoral. La agitación y los candidatos de IU brillaron por su ausencia. Pero IU es concurrencista por definición, o sea por principios, independientemente de la situación política. Por eso se le escapó el potencial abstencionista de masas, que se desarrollaba al impulso de la crisis de poder. Un cálculo crudo, la posibilidad de crecer en votos y de crear así un «precedente» para las elecciones de octubre próximo, hizo las veces de criterio político. La falta de campaña, entonces, se explica como la única forma de compatibilizar la contradicción entre la necesidad de denunciar una convocatoria constitucional golpista y reaccionaria por un lado, y participar en el engendro, por el otro. El silencio es salud y, por lo que se ve, redituable, claro que para los que buscan esa clase de rédito. La distancia que IU puso con la tendencia de masas al voto en blanco es la misma que la ha separado del movimiento piquetero: su exacerbado electoralismo. Por eso, mejor que un corte de ruta es un escrache frente a Crónica TV.


Ahora, la convencional electa por IU le dice a Página/12 (4/9) que se proponen que la «Constituyente» delasotista se declare soberana. Un verdadero despropósito, claro, porque ella ya es todo lo soberana que De la Sota quiere, o sea sumisa. Pero IU tampoco pretende que esa soberanía desplace al gobernador del poder, de modo que no sería soberana de ningún modo ya que seguiría gobernando el régimen de turno. Lo único que IU pretende es que se amplíe el orden del día fijado por De la Sota, para incluir otros puntos. Entre esos puntos no hay ninguno referido a los salarios; ninguno referido a la desocupación; ninguno referido a reestatizar el Banco de Córdoba o abrir las cuentas de los bancos; ninguno contra la privatización de Epec y ninguno contra los despidos en las automotrices; ni tampoco sobre la gratuidad de la salud. Pero en este desierto hay un punto, sí….


Ese punto plantea «La eliminación de los fueros para aquellos temas que no tengan que ver con las opiniones políticas de los legisladores» (Página/12).


Es francamente terrible. ¿Quién va a tipificar si el asunto entra o no en las «opiniones políticas»? El Parlamento capitalista. Es decir que se le da a éste los medios para expulsar a los diputados obreros del parlamento, mediante el simple recurso de convertir una opinión política en un «tema diverso». El reclamo de IU ni se plantea la necesidad de defender a los diputados obreros; está pensado, a la Chacho o a la Carrió, desde la necesidad de «castigar a los corruptos», desde la necesidad de salvar al Parlamento burgués de sus propios parlamentarios, desde la defensa a rajatablas del parlamentarismo vacío y formalista. Un Parlamento así, sin embargo, es incompatible con los diputados obreros, porque cada denuncia de éstos suena como injuria en los oídos patronales… y la injuria será el pretexto del desafuero.


El voto a IU es una recepción pasiva, limitada al proceso electoral, de una crisis de conjunto del régimen burgués. Esto quiere decir oportunista.

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