29/06/2021

Jujuy: el voto nulo del grupo de Altamira

Ruptura con el frente único y ataque al FIT-U.

Las elecciones jujeñas no solo han puesto de manifiesto el carácter reaccionario, antidemocrático y fraudulento del régimen de Morales, que nada tiene que envidiarle al régimen de Gildo Insfrán. También ha puesto en completa evidencia algo que debe ser fuertemente considerado por toda la izquierda argentina y que el Partido Obrero viene señalando desde hace ya dos años: el grupo de Altamira es un grupo sin principios, que carece de cualquier tipo de coherencia y no le teme al ridículo.

Sucede que Altamira y su grupo, en el mismo momento en que llamaban a desarrollar una interna abierta de toda la izquierda valiéndose para ello del mecanismo de las Paso, llamaron a impugnar el voto en Jujuy. De esta manera, objetivamente, el grupo de Altamira boicoteó el voto por la lista del Frente de Izquierda Unidad, la única lista que lucha por una alternativa política de los trabajadores en forma independiente de todos los bloques y partidos políticos patronales. Aunque el voto de las 15 personas que integran el grupo de Altamira no tuvo incidencia alguna en el resultado electoral jujeño -y su iniciativa quedó indiferenciada de los sectores más atrasados de la población que ponen cualquier cosa en el sobre- su posición arroja conclusiones políticas importantes sobre cuál ha sido la deriva del grupo que rompió con el PO.

Veamos. El grupo de Altamira convoca a los partidos de la izquierda argentina a constituir un frente electoral, pero ni siquiera está dispuesto a votar a esos partidos allí donde Altamira no se presenta. En el pasado, en Entre Ríos, el PO ha llamado a votar por el MST, la única lista de izquierda que se presentaba. Una línea de principios, histórica en el PO, estando Altamira aún en el partido. Incluso, una fuerza que se reclama de la izquierda revolucionaria puede, bajo ciertas circunstancias, llamar a votar a fuerzas o candidatos burgueses o pequeñoburgueses. Por ejemplo, todas las fuerzas del FIT-U y el propio Altamira llamamos a votar en el balotaje brasileño de 2018 por Haddad contra Bolsonaro. Eso no significó, de ningún modo, un apoyo político a Haddad y mucho menos un llamado a la constitución de una alianza con el PT. Desde la concepción del PO se trató de una decisión táctica, que nunca puso en cuestión la defensa de la independencia de clase y la necesidad de desenmascarar a las fuerzas frentepopulistas. Ahora Altamira procede al revés. Convoca a la realización de un frente a fuerzas a las que no está dispuesto ni siquiera a votar. La incoherencia y el ridículo no podían ser mayores.

Señalemos que el rechazo de Iñaki Aldasoro (el referente del grupo de Altamira en Jujuy) a integrar el Frente de Izquierda Unidad en las recientes elecciones se debió exclusivamente a un problema de ubicación en la lista. Además, Altamira se presenta en Salta por afuera del FIT-U, tratando de usurpar el nombre del Partido Obrero en una alianza con el Nuevo MAS, los campeones de la presencialidad. Se impone le pregunta ¿a qué se debe toda esta incoherencia y falta de principios? La respuesta es sencilla: el grupo de Altamira se ha cristalizado como una secta, es decir, como una pequeña organización que prioriza sus intereses de grupo por sobre encima de los intereses generales de la clase trabajadora. Su ruptura con el frente único de clase, en general, y su rechazo al FIT-U, en particular, son una expresión muy cabal de esa evolución sectaria. Es que el ataque sistemático al Frente de Izquierda significa el ataque al único frente político que, con sus contradicciones y límites, no se apartó nunca de un campo de independencia de clase, tanto en el terreno electoral como en el parlamentario.

Pero también el planteo de Altamira de unas Paso de toda la izquierda, “donde cada partido debería limitarse a defender su programa en un debate”, es expresión de esta deriva. El derecho a “defender su programa” le asiste a cada organización sin la necesidad de pedirle permiso a nadie y sin por eso tener que sacrificar el frente único de clase contra los partidos patronales. Luego de la experiencia de Jujuy, ahora sabemos que si existieran unas Paso de la izquierda el grupo de Altamira no llamaría a votar por la lista resultante de esa compulsa.

Dime de qué te jactas…

El grupo de Altamira acusa al Partido Obrero de viabilizar una intervención judicial. Se trata de una falacia. El comité nacional del PO -apoyado en su carta orgánica, inspirada en su estatuto histórico- se limitó a intervenir la regional para reintegrar al trabajo partidario nacional la personería del PO jujeño, que estaba siendo usufructuada por un grupo que hacía dos años rompió con el partido. En cambio, quién sí ha acudido en forma sistemática a la Justicia burguesa ha sido el grupo de Altamira, intentando ilegalizar al Partido Obrero en el juzgado de Servini de Cubría.

Se sabe también que el grupo de Altamira no se cansa de acusar a la izquierda y al PO de “parlamentarista” y “electoralista”. Pero la bancada en la Cámara de Diputados en Jujuy que usufructuó Aldasoro no fue puesta al servicio de la organización y la lucha de los trabajadores. La sucursal jujeña de Altamira fue incapaz de estructurar una organización política militante. Ha sido el recientemente reconstruido Partido Obrero, sobre la base de una política de alcance nacional, quien se volcó a la organización de los sectores más golpeados de la clase trabajadora. Y gracias a ese trabajo, el PO hizo una actividad política mucho más intensa y aportó más fiscales en defensa del voto al FIT-U que en el pasado.

El grupo de Altamira, en cambio, no está presente en ninguna lucha. Se ausentó de la marcha a Plaza de Mayo del 11 de junio, impulsada por el Plenario del Sindicalismo Combativo, de la cual participaron las luchas de EMA, de Just, la Clínica San Andrés y los sindicatos combativos. Se ausentó también de la gigantesca marcha de la unidad piquetera del viernes 18 y de los cortes y movilizaciones de los trabajadores de EMA y Bimbo del jueves 24. ¿Por qué? Porque solo se encargan de juntar afiliaciones para la presentación electoral… “Al ladrón, al ladrón”… grita el ladrón.

El derrotero del grupo de Altamira arroja un balance categórico.