26/10/2000 | 685

Juri continúa los planes de Llach

Los primeros trascendidos no dejan lugar a dudas. El nombramiento del nuevo ministro de Educación tiene por objeto profundizar la política clerical, privatista y flexibilizadora.


La nueva conducción educativa «no abandonaría la idea de encarar reformas en la carrera docente aun a sabiendas de que en algún momento se reabrirían frentes de tormenta con el gremio docente por la reforma del régimen laboral y las normas que regulan las licencias de los maestros» (La Nación, 25/9). Entre las propuestas figura la del salario «por mérito» (una suerte de salario a destajo en función del supuesto rendimiento del docente), que pasaría a sustituir a las actuales bonificaciones por antigüedad. Juri declaró que mantendría la iniciativa de Llach de exigir un título postprimario para los maestros, lo cual implica la pérdida de validez de los actuales títulos y de la estabilidad laboral, y el reciclaje compulsivo de la docencia. La curia, por su parte, tiene «una expectativa benevolente hacia quien abre una nueva etapa ministerial» (La Nación, 26/9).


El flamante ministro, reivindicó la política de imponer cupos y aranceles ‘voluntarios’ en Córdoba. El ministro también aclaró que no habría más dinero, es decir, que seguirá el congelamiento salarial y de las partidas presupuestarias, que han sufrido la consecuencia de sucesivos recortes. Tal vez ahora sea el turno de otros *acaba de decir Llach* que, con mayor habilidad política, puedan concretar las cosas que yo no pude» (La Nación, 25/9). Ctera ya se anotó para el ‘diálogo’ convocado por Juri, encubriendo la función y los objetivos del mismo.


El cambio de figuras no altera el hecho de que las mismas contradicciones con que tropezó el Pacto Federal II estarán presentes a la hora de buscar un nuevo compromiso. Llach se tuvo que ir por la oposición de docentes y estudiantes que, en Neuquén y Santa Fe, hicieron naufragar el Pacto Federal I; ni hablar del hecho de que en Capital la reforma todavía no pudo empezar. El último paro nacional de Ctera fue, en provincia de Buenos Aires, uno de los más masivos de los últimos tiempos. El pasado 8 de septiembre, Suteba Matanza realizó una movilización de 3.000 compañeros acompañado de un cese de tareas, lo que fue imitado por otros distritos (San Martín, Ezeiza, Sarmiento). Asistimos a un principio de rebelión contra la burocracia Celeste.


Surge con claridad, de este cuadro, que se abre una gran oportunidad para que el movimiento docente y estudiantil encare una lucha victoriosa. La forma de enfrentar consecuentemente las tentativas por reflotar el Pacto Educativo II es la lucha por un básico acorde a nuestras necesidades, de 700 pesos, porque la conquista del salario inviabiliza toda la política flexibilizadora en marcha y constituye un golpe demoledor a la reforma educativa. Los docentes no debemos limitarnos a defendernos de los golpes del gobierno sino que debemos trazarnos una perspectiva para recuperar lo perdido.


Constituiría un crimen, ahora que Llach renunció, establecer un compás de espera. El gremio tiene que pasar a la ofensiva y no esperar la ofensiva del gobierno.

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