27/08/2015 | 1378

Justicia por Ariel Velásquez


En la noche del 7 de agosto, previa a las Paso, el joven jujeño Ariel Velásquez fue baleado cuando regresaba a su casa. Ariel militaba para el radicalismo. Ese mismo día, había sufrido un altercado con un grupo de la Tupac Amaru, mientras intentaba repartir boletas en un barrio. Allí, fue echado del lugar al grito de: «este barrio es de la Tupac». En los hechos, que terminaron provocando su muerte el miércoles pasado, participaron varias personas y no hay indicios de robo. 


 


Patota paraestatal


 


La historia de violencia que envuelve a la Tupac Amaru se ha manifestado en todos los ámbitos, y siempre bajo la forma de una patota de represión paraestatal. Este 25 de agosto se dará sentencia en el caso de «Pato» Condorí, asesinado en una toma de tierras en Humahuaca por un grupo de la agrupación Tití Guerra, perteneciente en ese momento a la Red de Organizaciones Sociales de Milagro Sala. En las elecciones municipales de 2013, cuando el «Perro» Santillán recuperó el gremio, el actual concejal por el Frente Unidos y Organizados, José Bejarano, le apuntó con un arma a los integrantes de la lista Blanca (está filmado y denunciado). En plena campaña electoral de 2013, la propia Sala sufrió un atentado por parte un grupo de individuos que realizaron disparos sobre su columna, ese grupo pertenecía a la Tupac Amaru y había sido desplazado de la organización.


 


En esta campaña electoral, las acciones violentas fueron moneda corriente: apretadas en las pegatinas, atentados contra los frentes de casas de candidatos, o ataques con gas pimienta. Estos son los antecedentes de quienes amenazaron a Ariel en la misma tarde de su crimen. 


 


La defensa de las patotas, cuestión de Estado


 


Todavía más grave ha sido la determinación con la cual el gobierno nacional y la propia presidenta salieron en defensa de Milagro Sala. Cristina Kirchner esgrimió una supuesta afiliación de Velásquez a la Tupac. Pero se demostró que esa afiliación está falsificada, desde el nombre hasta la firma. Desde la agrupación denunciada han salido a decir que no podría haber sido militante del radicalismo y estudiar en un secundario de la Tupac, lo que demuestra la brutal regimentación que se ejerce sobre los jóvenes y trabajadores jujeños por parte de Sala y su aparato. Para el kirchnerismo, cerrar filas con las patotas paraoficiales es una cuestión de Estado, y así se demostró en ocasión del crimen de nuestro compañero Mariano Ferreyra.


 


El Partido Obrero se ha solidarizado y participado activamente en las movilizaciones para exigir el esclarecimiento del hecho y el juicio y castigo a los responsables. En la movilización del pasado viernes, fuimos el único partido que se movilizó como tal, junto a la juventud radical, exigiendo justicia por Ariel. La UCR, sin embargo, no se empeñó en una gran movilización, ni siquiera participaron sus dirigentes principales.


 


Es necesario preparar una gran movilización sobre la Justicia y el poder político, por el esclarecimiento de los hechos, el juicio y castigo a los responsables y el fin de la represión estatal y paraestatal en la provincia.

En esta nota

También te puede interesar:

En el acto del día de ayer, en la cancha de Ferro, quisieron despegarse del fracaso macrista de cara al 2023.
El gobernador logró reelegirse con el 76% de los votos contra un PJ incapaz de ser oposición.
Solo el Frente de Izquierda Unidad se pronunció por su libertad.
Entre aprietes y amenazas, la política punteril se hace carne en las palabras de la diputada de “Salvemos las 2 vidas”.
Una “renovación” de la mano de Nosiglia, Angelici y Posse.