07/11/1998 | 607

La Alianza le ofrece a Menem una ‘política de Estado’

Cuando faltan apenas 20 días para las internas de la Alianza, Alfonsín y Alvarez le han planteado al gobierno la necesidad de un acuerdo «por encima de la competencia electoral» respecto de Malvinas. Si se tiene en cuenta que el respeto a las privatizaciones ya ha sido colocado en ese lugar de privilegio y que lo mismo ocurre con la deuda externa y con la liquidación de los derechos laborales, a la‘competencia electoral’ no le quedaría nada. Lo cual no impide que las elecciones y las carreras electorales de sus políticos consuman un enorme presupuesto.


Pero el tema de la ‘política de Estado’ tiene más tela para cortar. Porque, ¿ para qué proponerle algo así a un menemismo al que se califica muerto y a cuyo jefe se le promete pasar el resto de su vida entre cuatro rejas? La oferta de Alfonsín y Alvarez traiciona la falta de convicciones de la Alianza, pero significa por sobre todo un salvoconducto al menemismo, precisamente por las mismas razones de Estado que tuvieron Alfonsin y Menem para dárselo a Videla, Massera y Galtieri. Lo que protege a Menem es aquello mismo que defienden Alvarez y Alfonsín: las privatizaciones, la deuda externa, la reforma laboral, la entrega de Malvinas.


Proponerle al gobierno saliente una ‘política de Estado’ es ofrecerle co-gobernar en el futuro. Esto ya lo vienen anticipando los analistas de la Alianza cuando advierten que luego del 99 la mayoría parlamentaria seguirá en manos del menemismo. Pero esto no es razón para co-gobernar sino que obligaría a la Alianza, si fuera anti-menemista, a impulsar una política que enfrente el bloqueo que representaría esa circunstancia. De otro modo, sería el menemismo quien estaría gobernando bajo la fachada de un gobierno aliancista.


La pregunta más importante es, sin embargo, qué apuro tenía el dúo aliancista en hacer una oferta que representa una apuesta a la nada. La respuesta es sencilla: el planteo de la ‘política de Estado’ es una exigencia de los ingleses, o sea de los norteamericanos. Al primer ministro Blair se le reprochó en su país aceptar la visita de un presidente que se va en lugar de hacerlo con el próximo. Blair retrucó diciendo que por la vía de Menem se llega a la Alianza, a la cual conviene tratarla con los métodos del hecho consumado. Si el próximo presidente es un aliancista, vendrá con la ‘política de Estado’ debajo del brazo, sin la necesidad de esperar a que inaugure su mandato.


En suma, la Alianza es un menemismo sin circo.

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