21/04/2011 | 1173

La Cámpora, con la patota del Indec y los contratos basura en el Estado

La semana pasada, la Comisión de Legislación del Trabajo de la Legislatura porteña votó una declaración para repudiar el despido de nuestro compañero Facundo Lahitte del Indec.

Recogiendo las denuncias de la junta interna de ATE, el pronunciamiento denuncia la cesantía y la persecución gremial a Facundo. Aunque este tipo de acciones declarativas suelen sumar la firma de los diputados, en este caso hubo una disidencia: la del kirchnerista Juan Cabandié, uno de los principales dirigentes de La Cámpora. Al fundamentar el voto en contra sobre el «supuesto» (sic) despido de Facundo, Cabandié sostuvo que el Indec resolvió «no renovarle el contrato», una decisión » absolutamente legal y habitual en la administración pública cuando se ha cumplido con la tarea estipulada». Cabandié se suma al argumento de todos los cesanteadores de trabajadores estatales precarizados, o sea: «el cese del contrato». Todos los años, sin embargo, el Estado renueva los contratos de más de 40.000 trabajadores que ejecutan tareas regulares de la planta. El «contrato de servicios» es la coartada para justificar una relación laboral precaria, que el Estado puede interrumpir si el trabajador se organiza gremialmente o -como en el caso de Facundo- se levanta contra las tropelías de la manipulación de estadísticas.

La izquierda «k» solía criticar la persecución gremial en el Indec. De un tiempo a esta parte, sin embargo, sus escribas han colocado a Moreno y sus patotas del lado de la «resistencia nacional». Pero los gurkas oficiales han virado al compás del propio FMI, que negocia con Boudou un blanqueo de las fechorías de Moreno en el marco de la normalización definitiva de la deuda externa.

Cabandié, que suele lamentarse por la «herencia del neoliberalismo y la década menemista», se ha aferrado a una de las «conquistas» más preciadas de esa década contra los trabajadores: el trabajo precario, que los Kirchner han dejado en pie. A la hora de perseguir a los que luchan con independencia de la burocracia y del gobierno, a los camporistas les salen todas las ínfulas de Cavallo. Los integrantes de la AEA o la UIA, algunos de los cuales se han alarmado por la incorporación de directores camporistas a sus directorios, deberían respirar tranquilos.

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