10/06/2004 | 854

La confiscación a los trabajadores

La recaudación impositiva de mayo fue festejada por el gobierno como un “récord histórico” y una expresión del “vigoroso” crecimiento económico. Pero, en realidad, no hace más que traducir la confiscación económica de los trabajadores que provocaron la devaluación y la inflación. No expresa –todo lo contrario– ningún aumento del consumo ni del empleo.


Con relación al año 2001 (cinco primeros meses), la recaudación se duplicó, pasando de 19.533 millones a 39.549 millones de pesos. Si se resta el promedio de la inflación mayorista (más del 100%), minorista (50%) y el dólar (200%), en pesos constantes no hay, sin embargo, ningún aumento.


La devaluación y la inflación elevaron de manera formidable la tasa de explotación del obrero y las ganancias capitalistas. Además, hubo un aumento de los precios internacionales de los granos.


La recaudación impositiva expresa esta confiscación capitalista. Los ingresos por el IVA, que marcan el consumo interno, pasaron de 7.199 millones a 11.715 millones, un aumento del 62%, por debajo del promedio de la inflación mayorista y minorista. El consumo interno está por debajo de los deprimidos niveles de 2001 y el aumento de la recaudación nominal del IVA obedece a la inflación.


La recaudación por ganancias y bienes personales aumentó 6.000 millones; por comercio exterior, 5.200 millones, y por el impuesto al cheque, 3.000 millones. Estos impuestos son una fracción de las excepcionales ganancias de la burguesía agraria, petrolera e industrial.


De aquí en más, el aumento de la recaudación depende de una mayor inflación y de una mayor devaluación del peso, pero esto comprimiría el consumo interno. Los precios internacionales en baja anulan una fuente de las superganancias. Por esa razón la burguesía agraria y petrolera quiere que se eliminen las retenciones a las exportaciones, y la burguesía industrial y comercial el impuesto al cheque. Eso obligaría al gobierno a reemplazarlos por otros impuestos, que seguramente recaerán sobre la clase media y la población trabajadora.


Además de lo señalado, el propio presupuesto es un mecanismo de confiscación del pueblo. Porque mientras en pesos los ingresos se duplicaron, los gastos crecieron apenas el 20% y las jubilaciones y los sueldos de los estatales permanecieron congelados. El cacareado superávit fiscal es la expresión numérica o contable de una confiscación económica. Para decirlo en lenguaje kirchnerista: les sacan a los pobres, para pagar los intereses al FMI, al Banco Mundial y a los acreedores usureros.


 

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