16/11/2018

La Corte, una crisis de arriba hacia abajo

Por Jacyn

La fractura expuesta que recorre a la Corte Suprema se extiende bastante más allá del Palacio de Tribunales. El martes pasado, el tribunal le “puso fecha” al tratamiento de varios fallos estratégicos, que tendrán lugar antes de fin de año. El primero se relaciona con la actualización de haberes jubilatorios, donde la Corte tendrá que resolver sobre un jubilado que reclamó que sus haberes se recalculen con un índice diferente al que utiliza el gobierno, y que redundaría –para el caso que está en litigio– que la jubilación inicial pase a representar del 42 al 56% de su último salario. El gobierno teme que un fallo favorable al jubilado genere “un efecto cascada en los 150.000 casos que aún no tienen sentencia firma”. Según informan los periodistas judiciales, tres de los magistrados –Rosatti, Maqueda y el ex presidente Lorenzetti– fallarían a favor, mientras que el nuevo presidente de la Corte y su vice –Rosenkrantz y Highton de Nolasco– actuarían en defensa de los intereses del gobierno. Según el diario Infobae, Rosenkrantz venía postergando el debate sobre este fallo, pero los otros tres lo intimaron a ponerle fecha. En la misma exigencia ingresó otro tema conflictivo: la aplicación del 2×1 al jefe de inteligencia del Ejército videliano, Rufino Batalla. En este caso, Rosenkrantz también votaría, en minoría, en favor del represor. De este modo, el presidente macrista de la Corte terminaría el año cargando con varios fallos cruciales en contra.


La agenda judicial se completa con el tratamiento de una cautelar favorable a la Asociación de Magistrados para que el impuesto a las Ganancias no alcance a los jueces y el planteo de inconstitucionalidad de la ley de lemas de la provincia de Santa Cruz.


Golpe fracasado


Estas derrotas tienen lugar apenas tres meses después que, en un golpe palaciego inspirado por el gobierno, Rosenkrantz se alzara con la presidencia de la Corte, y con los mismos votos de quienes hoy se aprestan a fallar contra el gobierno. “Nadie se explica y menos se explica el Gobierno cómo una operación que había salido bien termina saliendo no tan bien o directamente mal. Y no es cualquier operación: es nada menos que un cambio en la relación de fuerzas dentro de la Corte Suprema que mejoraba la posición de la Casa Rosada”, reseña Ricardo Roa en Clarín (14/11). Desde aquel momento hasta hoy, lo que explica el viraje de la mayoría de la Corte es el desplome económico y político del macrismo. La pretensión de “ordenar” a la Corte desde la Casa Rosada ha fracasado. La trascendencia de este revés político debe considerarse a la luz del conjunto de la crisis de régimen. Es que esa crisis, precisamente, ha colocado buena parte de los asuntos económicos y políticos bajo el arbitraje de la justicia. Esa larga lista va desde los jubilados y los ajustes tarifarios confiscatorios hasta el destino de la clase capitalista argentina, buena parte de cuyos integrantes viene desfilando desde hace meses por Comodoro Py.


Precisamente, la causa de los cuadernos es el escenario de una guerra sorda entre jueces, respecto del destino de los empresarios involucrados. Como botón de muestra, y en un mismo día, el diario La Nación registra dos versiones antagónicas sobre el tratamiento de la cuestión en la justicia. De un lado, se señala que la Cámara Federal que trata esta causa “haría una distinción entre los empresarios y los separaría en dos grupos”, “los que armaron el mecanismo de recaudación”, de un lado, y, del otro, los que “realizaron pagos puntuales”. A reglón seguido, Hugo Alconada Mon subraya que “todos los empresarios repitieron la misma defensa” de victimización, pero “un porcentaje elevadísimo de esas compañías reincidieron en los negocios con el Estado nacional”. “Es decir, que en vez de alejarse de los funcionarios que ahora dicen que los apretaban, muchas empresas acumularon hasta 50 o más contratos” (La Nación, 11/11).


Transición


El trasfondo del debate es cómo salvar a  la clase capitalista que se encuentra en el banquillo de los acusados. Los cortesanos que ahora revisten como "semiopositores" son los mismos que votaron el 2×1 para los genocidas y todos los fallos laborales reaccionarios, lo cual retrata al carácter del frente político con el que podrían estar coqueteando. Cabe recordar que Lorenzetti se apoltronó en la presidencia de la Corte “diseñada” por Néstor Kirchner para arbitrar la salida de la bancarrota del 2001 y que Rosatti ocupó el cargo de ministro de Justicia durante su presidencia, en reemplazo de Gustavo Beliz.  La fractura de la corte refleja una transición al interior del propio de régimen, pero de desenlace incierto.


Retomando al editorialista de Clarín, “el 2-3 es de hoy y puede pasar de nuevo a ser 3-2 mañana sin que ninguno de los jugadores se mosquee”. 


 

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