01/07/2004 | 857

La crisis politica y los piqueteros

La pudrición del estado capitalista se ve en las comisarias

El 26 de junio, la movilización que partió de Puente Pueyrredón y culminó en Plaza de Mayo volvió a mostrar el vigor del movimiento piquetero. Los miles y miles de manifestantes no solo dieron vida a una jornada que ha sido incorporada a las grandes efemérides de la clase obrera. También enarbolaron una bandera que decía “el Estado sigue encubriendo, juicio y castigo a los culpables”. A dos años de la masacre, se expresó el fracaso del gobierno en disolver el movimiento de lucha que concentra las contradicciones que el capitalismo y su gobierno ‘popular’ son incapaces de resolver. El documento suscripto por casi 200 organizaciones trazó una delimitación tajante con el gobierno continuista. El asesinato del compañero piquetero de la FTV de La Boca ahondó el derrumbe de la política oficial. Días antes, el boletín interno del gobierno decía que “para la Casa Rosada existe una situación de cambio, el lanzamiento del frente piquetero kirchnerista le abrió la posibilidad de aislar al ala opositora” (Página12/ 23/6)


El asesinato del dirigente piquetero de la FTV–CTA cobró su real dimensión con la ocupación de la comisaría de La Boca por parte de la FTV. El papel de la policía del Estado capitalista, reprimir y matar a los explotados, intentó ser disimulado como un enfrentamiento entre Duhalde y Kirchner. “Le tiraron el primer muerto a Kirchner”, dijo Bonasso, de la misma forma que hubiera podido decir que los asesinatos de 1919, en la Semana Trágica, por la policía de Yrigoyen, fueron los “primeros” muertos que le tiraron a Yrigoyen, y los de la Patagonia, de 1921, los ‘segundos’ muertos, etc.


Bonasso, un investigador cuidadoso cuando quiere, se olvida de la campaña que su gobierno viene haciendo contra el movimiento piquetero en forma incesante. En la conferencia de prensa en la que se anunció la movilización obrera y piquetera a La Boca por el juicio y castigo a los asesinos de Cisneros, la dirección de la CTA no suscribió la caracterización de un crimen político fruto de la interna. Llamó a un paro general –el resto de las centrales sindicales no sacó siquiera un comunicado.


Crimen político


La muerte de Cisneros es un crimen político contra el movimiento popular. En la semana ha sido ferozmente golpeada una dirigente del Sindicato Obrero de la Industria del Pescado; han sido detenidos y torturados por bandas armadas compañeros del Polo y del Partido Obrero en La Matanza; dos compañeros del Polo Obrero permanecen detenidos en San Fernando; ha muerto Diego Lucena, miembro del Polo Obrero, en un hecho del que la Bonaerense quiere desembarazarse a cualquier costo. En palabras de alguien a quien nadie podría atribuir simpatías por el PO: “La familia reconstruyó los hechos lo mejor que pudo. Diego Lucena y otros asistentes a un boliche fueron expulsados a empujones por los “patovicas” por algún roce menor. Siguieron la discusión en la calle, detrás fueron dos patrulleros, se oyó un tiro. Conclusión: los policías le dieron el alto con un disparo de sus armas y luego lo golpearon hasta acabar con su vida” (Horacio Pagina/12 Verbitsky, 27/6). O sea que fue un asesinato selectivo, a la Sharon, contra un luchador “marcado” por la Bonaerense. La única ‘lucha armada’ que está en acción es la de la policía contra los piqueteros y los pibes de los barrios obreros.


Un gobierno impotente


“No vamos a reprimir con esta policía de gatillo fácil”, dice Kirchner (Clarín, 27/6), ¡pero eso está ocurriendo! Las mafias de la Bonaerense, la Federal, la Gendarmería o el Servicio Penitenciario reprimen a pura bala.


El gobierno de Kirchner es una resaca del Argentinazo, no puede superar la descomposición del Estado porque representa a ese Estado; su largo paso por Santa Cruz lo mostró como el más puntero de los punteros. Pacta con el FMI y el Tesoro norteamericano una transferencia de ingresos gigantesca de las masas argentinas al capital financiero. Por eso su gobierno registra el mayor nivel de desigualdad social de la historia. A los que cortan demasiada tela con el enfrentamiento entre un Kirchner “transparente” y un Duhalde “mafioso”, bastaría recordarles que tienen un mismo ministro de Economía en común, Lavagna, el hombre de Techint y del peso ultradevaluado. Cuando “salte” Lavagna será otra cosa. La bancarrota “nacional y popular” dejará al desnudo la ‘única verdad’: las salidas capitalistas son incompatibles con la supervivencia de los trabajadores.


En toda esta crisis, el movimiento piquetero demostró que, más allá de sus fracciones, es un movimiento social real: la organización de los desocupados que luchan contra la miseria extrema que impone el capital. Los punteros que el Estado coopta los hunden, como ocurre con la burocracia en los sindicatos; la explotación del capital los une.


El movimiento piquetero es más que un movimiento práctico en luchas. Es un programa que dice que sólo el gobierno de los explotados puede superar el presente estado de cosas. No en vano ha sido el único políticamente capaz de diferenciarse del gobierno “popular” y pronosticar la entrega al imperialismo.


Hay que explicarle esto al conjunto de las clases sociales oprimidas.

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