27/12/2001 | 735

La década que culminó en la Plaza de Mayo

Las enormes movilizaciones de masas del miércoles 19 y el jueves 20, que voltearon al gobierno de De la Rúa y Cavallo, son la culminación de casi una década de movilización piquetera en todo el país.
Por Editor

El Santiagueñazo


La grandiosa movilización política de los explotados santiagueños de diciembre de 1993, que demolió a su paso todas las sedes del poder político provincial y las mansiones de los corruptos políticos patronales, abrió una nueva época en la Argentina: la era de las puebladas y los levantamientos populares. No tuvo nada de espontánea, como no lo tuvo luego ninguna de las puebladas y, mucho menos que cualquiera, la que tiró abajo a De la Rúa y Cavallo: fue precedida por una seguidilla de huelgas y manifestaciones de los empleados públicos y violentas oscilaciones políticas del pueblo, expresadas en las elecciones de octubre de 1993.


El Santiagueñazo marcó el nacimiento de una nueva época en Argentina. Primero porque fue la consecuencia del agotamiento del Plan Cavallo, que sólo pudo sobrevivir creando y produciendo nuevos Santiagueñazos, cada vez mayores y más extendidos en todo el país. Segundo, porque le mostró al conjunto de los movimientos reivindicativos de la Argentina el camino de la huelga general, de la acción callejera, de la ocupación de edificios, de las asambleas populares y del poder. Por todo esto, mientras todavía se sucedían los acontecimientos, el PO calificó al Santiagueñazo como «el Cordobazo de los ’90», y anticipamos que este levantamiento popular marcaría una época en la Argentina.


El primer Cutralcazo


En junio de 1996, durante toda una semana, la ruta 22 fue cortada por los piqueteros de Cutral Co y Plaza Huincul, que rechazaron a la Gendarmería y obligaron al gobierno a ceder frente a numerosas reivindicaciones. La pueblada de Cutral Co y Plaza Huincul fue preparada por las numerosas movilizaciones que, desde hacía un año, venían protagonizando las organizaciones de desocupados de la provincia.


En Cutral Co, señalamos entonces, «hubo una revolución» (Prensa Obrera, 4/7/96).


Primero, porque la pueblada «puso al desnudo la contradicción irreconciliable entre las necesidades de la mayoría popular y el Estado capitalista, incluso en su forma democrática. Mostró que la soberanía popular, completamente ficticia en el marco de la democracia capitalista, se reencuentra a sí misma en la movilización popular»… algo que algunos parecieron descubrir recién en diciembre de 2001… para proceder nuevamente, de manera inmediata, a la expropiación política del pueblo.


Segundo, porque los piqueteros cuestionaron el conjunto del proceso privatizador y plantearon «meter la mano en las petroleras», es decir, un programa que planteaba, todavía de una manera incompleta, la completa reorganización social del país.


Tercero, porque los piqueteros exigieron derecho de voz y voto en la distribución de víveres, es decir que opusieron el derecho a la gestión popular frente al derrumbe de las instituciones estatales existentes.


Mayo-julio de 1997: Cutral Co, Tartagal, Jujuy, Cruz del Eje


En el curso de 45 días, estallaron enormes puebladas en Neuquén, Salta, Jujuy y Córdoba, en las que se movilizaron y lucharon decenas de miles de piqueteros. Su rasgo común fue, en primer lugar, la dominación política sobre el movimiento de masas que ejercían sectores patronales y pequeñoburgueses *a través de las llamadas «multisectoriales»* y la política con que los enfrentó el gobierno menemista: fracasada la represión, combinó la oferta «planes Trabajar», con las manipulaciones políticas de las «multisectoriales» y la Iglesia para desarmar a los movimientos de lucha.


La envergadura que estaba tomando el movimiento de las puebladas fue uno de los factores decisivos para el nacimiento de la Alianza, que se produce con un objetivo concientemente antipiquetero. Como dijo Alfonsín: «para canalizar la protesta», es decir para castrar sus tendencias a la independencia política.


El sistemático incumplimiento de los acuerdos llevaría a los piqueteros a nuevos levantamientos populares, para lo cual debería alumbrarse una nueva dirección política.


Corrientes: la Alianza debuta asesinando trabajadores


La etapa final del menemismo se desarrolló bajo el signo de enormes luchas provinciales: Jujuy, Tucumán y, sobre todo, Corrientes, donde los empleados públicos y todo el pueblo explotado se movilizaban contra la liquidación de sus condiciones de vida por las camarillas patronales.


La ocupación de los puentes que unen Corrientes con Chaco eran el símbolo de la pueblada correntina. Allí golpeó el gobierno «progresista» de la Alianza, el cual desató una violentísima represión que dejó varios muertos. La salvaje represión en Corrientes marcaba el completo agotamiento del «progresismo» como fuerza reformista o de afirmación de la independencia nacional casi antes de comenzar.


Denunciamos entonces que este gobierno servil, «para cumplir con sus mandantes capitalistas, no ahorrará sangre del pueblo» (Prensa Obrera, 23 de diciembre de 1999). Así lo hizo durante todo su mandato *asesinando piqueteros en Salta* y hasta sus últimas horas. La Alianza terminó como había debutado: asesinando trabajadores.


Las puebladas de Tartagal y Mosconi


En diciembre de 1999 y en mayo de 2000, en todo el norte de Salta se vivieron dos puebladas excepcionales. Por su masividad, por su determinación para enfrentar la represión (que en el caso de la pueblada de mayo de 2000 llegó a expulsar a la Gendarmería de Mosconi) y, sobre todo, porque a su frente estuvo una dirección clasista que había superado políticamente a las «multisectoriales» y se encaminaba a convertirse en una dirección política del conjunto de las masas explotadas del norte salteño.


En las puebladas del norte salteño se perfilaba el carácter obrero, clasista y piquetero de la oposición política que debió enfrentar durante los dos años de su mandato el gobierno aliancista.


Los cortes de La Matanza y el Gran Buenos Aires


A mediados de octubre de 2000, comienza el gran corte de La Matanza, que rápidamente se extiende a todo el Gran Buenos Aires. Paralelamente, estalla una nueva pueblada en el norte salteño: es la primera expresión general de la «Argentina Piquetera»; ya llegarían otras, más profundas y coordinadas.


El movimiento de cortes de ruta que se extendió por todo el Gran Buenos Aires tampoco era «espontáneo»: fue preparado por asambleas y deliberaciones en las que participaron decenas de organizaciones piqueteras, que se habían construido *en una dura lucha política y organizativa* durante los últimos tres años.


El gobierno de la Alianza echó lastre concediendo varios miles de «planes Trabajar», cuyo cumplimiento efectivo debería ser más tarde impuesto por nuevas movilizaciones.


En el norte de Salta, la reacción popular ante el asesinato del trabajador Aníbal Verón es fulminante: el pueblo echa a la Gendarmería y ocupa la comisaría de Mosconi. La Policía es obligada a huir en desbandada. El intento represivo fracasa rotundamente: no puede quebrar a la dirección piquetera clasista que había dirigido los últimos cortes. Esta dirección convocará, poco después, un Congreso piquetero que establece un programa completo de reorganización social de la provincia y de la nación, cuyo punto de partida es la expropiación de los pulpos petroleros.


De la pueblada de Mosconi a la I Asamblea Nacional Piquetera


En junio de este año estalla una nueva pueblada en Mosconi, por el aumento de los salarios de los trabajadores de la construcción y la renovación de los «planes Trabajar» caídos. La pueblada fue preparada por una extendida movilización piquetera, que en los meses previos había logrado imponerle a las grandes petroleras de la zona la contratación de cientos de trabajadores y la elevación de sus salarios a 2,50 pesos la hora («el convenio del piquetero») en lugar de los 0,90 peso que establecía el convenio de la construcción. El gobierno intentó frenar esta movilización encarcelando a los dirigentes piqueteros José Barraza, César Raineri y Carlos Gil. A estas detenciones, luego se sumarían muchas otras.


La Gendarmería reprimió a balazo limpio pero fue expulsada del pueblo. Los piqueteros quedaron dueños de la ciudad, como única expresión de poder reconocida por la población trabajadora. El fracaso de la vía represiva estaba señalando los límites que la crisis política y económica le imponía al propio gobierno.


Poco después se reunió la I° Asamblea Nacional Piquetera, que fue un verdadero Congreso de trabajadores ocupados y desocupados, que reunió movimientos de lucha de todo el país. Según La Nación (23/12), la reunión de esta Asamblea provocó «terror» en el gobierno aliancista. Votó un plan de lucha de cortes escalonados y una movilización a la Plaza de Mayo que fue excepcionalmente masiva.


Después de la Asamblea Nacional Piquetera, los cortes de ruta, las movilizaciones y las ocupaciones continuaron extendiéndose por todo el país, incluyendo a creciente sectores de la clase media (estudiantes, pequeños comerciantes).


Las semanas finales


La lucha piquetera de los desocupados, los obreros ocupados e incluso las capas medias de la población (que recurrían a los métodos de lucha de los piqueteros) signaron las últimas semanas del gobierno de la Alianza. Las ocupaciones de Zanón en Neuquén, de los edificios de Telefónica y Telecom en la lucha contra los despidos, de las plantas cordobesas que despedían a sus trabajadores y las grandes movilizaciones de masas *como las de Córdoba y Neuquén* estaban señalando una nueva fase del ascenso de la lucha popular ante el agravamiento de lacrisis. Contra todo esto se estrellaron Cavallo y De la Rúa.


Las grandes movilizaciones populares que derrocaron a Cavallo primero y a De la Rúa horas después, sólo pueden parecerles «espontáneas» a quienes estuvieron ausentes del largo y doloroso proceso de la lucha de las masas explotadas argentinas contra el gran capital y contra el régimen político democrático que lo defiende y lo protege. Ha sido la experiencia de esta lucha, de casi una década, la que convenció a los explotados de que había que marchar a los centros del poder político y movilizarse contra las instituciones del Estado democrático para hacer valer la soberanía popular.


Esta experiencia fundamental está grabada en la conciencia de millones: los que han expropiado políticamente la movilización popular pronto lo habrán de comprender en carne propia.

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