Políticas

27/1/2022

La demagogia de Cristina Kirchner en Honduras

"Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago".

Cristina Kirchner viajó a Honduras para asistir a la asunción de la presidenta electa Xiomara Castro, y, en su estadía, brindó una conferencia titulada “Los pueblos siempre vuelven”, donde blandió una supuesta oposición a las políticas de ajuste dictadas por los organismos multilaterales de crédito. Ajuste que, sin embargo, su gobierno aplica en los hechos rechazando cualquier rumbo alternativo.

El título de la convocatoria alude a que luego del resurgimiento de experiencias derechistas en la región, en algunos países volvieron al gobierno representantes más ligados al nacionalismo burgués. Tal es el caso de Evo Morales en Bolivia luego del golpe, de Alberto Fernández en Argentina, de Boric en Chile y de la propia Xiomara Castro en Honduras. No obstante, es preciso aclarar que, a pesar de la demagogia nacionalista, todos ellos le dieron la espalda a los pueblos que enfrentaron en las calles las derivas golpistas orquestadas por el imperialismo -“los golpes judiciales” como los denominó CFK en su alocución- y hasta los que se levantaron en el último tiempo en distintos rincones del continente incluso contra presidentes de derecha como en Chile y en Colombia.

En su discurso, Cristina Kirchner condenó el ajuste que demandan los organismos multilaterales, cuando el gobierno del Frente de Todos, por mencionar un ejemplo, acaba consagrar una pérdida real del 5,3% en las trasferencias devengadas en el pago de jubilaciones y pensiones durante el 2021, en pos de congraciarse con el FMI. A su vez, el kirchnerismo se endeudó constantemente con estas entidades, lo cual explica gran parte del crecimiento que tuvo la deuda pública nominada en dólares entre el 2011 y el 2015 por aproximadamente USD 30 mil millones.

A contramano de las características emancipatorias que CFK pretende adjudicar a la década kirchnerista, lo cierto es que en ese período se le pagaron en efectivo USD 10 mil millones al FMI, se firmó una renegociación usuraria con el Club de París y se consumó un pacto leonino con Chevrón. El surgimiento de su corriente política, lejos de perseguir el objetivo de lograr la “autodeterminación de los pueblos”, como afirmó la exmandataria, tuvo la finalidad de recomponer al capital en crisis, profundizando el saqueo de las cajas del Estado, y, por otra parte, desactivar el proceso de rebelión popular luego del Argentinazo.

Finalmente, el rescate de la deuda externa es la orientación del gobierno del cual es vicepresidenta. Solo en 2021 los préstamos contraídos con los organismos multilaterales sumaron USD 654 millones. Además, el gobierno viene cumpliendo uno por uno los vencimientos con Fondo y el conjunto de la coalición oficial coincide en reconocer la totalidad de esa hipoteca fraudulenta, en detrimento de las necesidades populares. En resumen, la exmandataria vocifera contra el FMI y las consecuencias sociales de arribar a un acuerdo pero en ningún momento plantea romper con esa política de sometimiento.

Sí acertó en señalar que “en lo que se debe medir la virtud en gobierno es en la calidad de vida de los pueblos”. Sin embargo, se trata de una vara poco conveniente para evaluar a la gestión del Frente de Todos, en la que ocupa el cargo de vicepresidenta, donde los niveles de pobreza alcanzan al 40,2% de la población, la inflación pulveriza día a día los ingresos de las familias trabajadoras y 4 millones de jubilados perciben haberes de indigencia.

Vale también detenerse en el siguiente fragmento del discurso: “¿Qué pasa cuando el Estado reduce su presencia en educación, salud y la explotación que impacta en el cambio climático? ¿Hay un vacío que nadie ocupa? No, es ocupado por los narcos. Los narcos aparecen porque son los que construyen las escuelas que el Estado no construye por tener que aplicar las políticas de ajuste de los organismos multilaterales”. Esta tesis oculta que el Estado, bajo todos los gobiernos capitalistas -tanto “nacionalistas” como “neoliberales”- está siempre presente a la hora de permitir el avance del narcotráfico y el delito organizado, como se verifica de manera cotidiana en los barrios donde la policía es absolutamente cómplice de las mafias que operan allí y son un verdadero flagelo para la juventud.

Por lo demás, durante el gobierno de CFK se extendió la concesión privada de la Hidrovía del Paraná y todo el complejo de puertos privados, que son el principal canal del comercio de drogas. Incluso cargó las tintas sobre los bancos de las grandes potencias que lavan el dinero del narcotráfico, sin mencionar que durante su mandato presidencial, en el afán de obtener divisas para el pago de la deuda, se llevaron a cabo dos blanqueos de capitales, que propiciaron justamente el lavado de dinero proveniente de actividades delictivas.

La vicepresidenta se cuidó de defender la explotación petrolera en mar abierto, aclarando que en Noruega funciona bien porque invierten en seguridad; una verdadera provocación al movimiento de lucha local que viene rechazando el intento de avanzar con la exploración sísmica frente a las costas marplatenses, por parte de la empresa noruega Equinor, debido al peligro que acarrea para la fauna marina y el golpe que sería para las pesca y el turismo que son pilares de la región. El oficialismo está metido hasta el tuétano en promover nuevos emprendimientos extractivistas con la expectativa de que ingresen dólares necesarios para pagarle al FMI, contra el pueblo movilizado en defensa, como ocurrió recientemente en Chubut donde se impidió que prospere la megaminería.

Parafraseando a la exmandataria, “la verdad de la milanesa” es que el gobierno del cual forma parte tiene en agenda propinar nuevos ataques a los sectores populares: se vienen aumentos en las tarifas de gas y luz, se aceleró el ritmo devaluatorio lo cual impacta de lleno en la inflación, y, como si fuera poco, se recortaron las partidas destinadas a educación, salud y asistencia social para este año. Se llegue o no a un acuerdo en lo inmediato con el FMI, la hoja de ruta gubernamental seguirá siendo el ajuste, con lo que prima organizar la pelea por imponer una agenda en favor de los trabajadores.

Es verdad que “el pueblo siempre vuelve”, como lo demuestran las rebeliones latinoamericanas contra los planes fondomonetaristas, mal que le pese a los gobiernos hambreadores, tanto los pretendidos “nacionales y populares” como los derechistas. Por eso, de lo que se trata es de construir una alternativa política propia de los trabajadores.