18/06/1998 | 589

La «democracia» se moviliza en defensa de Videla

El mismo día que el juez Marquevich ordenó la de tención de Videla se puso en marcha la ‘movilización democrática’ para sacar al genocida de la cárcel y para evitarle un sinsabor similar a sus numerosos compinches.


Luis Moreno Ocampo, el ‘mediático’ ex ayudante de la fiscalía en el juicio a las Juntas, sacó a relucir la cosa juzgada para justificar que Videla fuera liberado por un delito del que ya había sido absuelto. La Nación, Ambito y El Cronista se lanzaron como fieras a la defensa de esta posición, que venía respaldada por un ‘demócrata’ con foja impecable. Pero lo que Moreno Ocampo dejó al desnudo no es de ningún modo la inocencia o inimputabilidad de Videla y de los ex comandantes en la ejecución de un plan integral de secuestro de niños nacidos en cautiverio, sino la perfidia del Tribunal que los juzgó en 1985, al absolverlos del único delito que no podía ser anulado, eventualmente, por ningún indulto.


El domingo 14, La Nación publicó un editorial casi soez contra Marquevich, que llega incluso a la reivindicación de Videla. Sin ninguna prueba, alude a una motivación política de la detención, que el diario vincula al viaje de Menem a París; se apodera sin escrúpulos del argumento de Moreno Ocampo, aunque para ese día la ‘tesis’ de éste ya había sido objetada por el ex fiscal Strassera y hasta en parte por Arslanian; y no ‘olvida’ por supuesto de recordar los vínculos que se le atibuyen al juez con Yabrán. Al final, el ‘democrático’ diario afirma que «A Videla lo espera el juicio de la historia», algo que linda con la apología al delito y que en todo caso revela que a La Nación lo tienen sin cuidado los fallos del Tribunal que juzgó a los ex comandantes, tanto para los casos en que los absolvió como en aquéllos que los encontró culpables y por los cuales los condenó a candena perpetua.


El diario de los Mitre no se detuvo aquí. Comenzó a titular su primera página con referencias a «planteos militares» e inició simultáneamente una ofensiva sobre Martín Balza, el comandante del ejército, para que saque a Videla de la cárcel. Es así que volvió a mentar todos los negociados en los que Balza aparece con alguna responsabilidad, en especial los contrabandos de armas a Ecuador y Croacia y la explosión del arsenal de Río Tercero.‘Coincidentemente’, empezó una nueva serie sobre Yabrán que apunta a sus vínculos con el gobierno. Menem acusó el impacto, porque pasó de declarar que Argentina tenía la mejor justicia del mundo a objetar a Marquevich porque no habría tenido en cuenta que el delito que imputa a Videla es «cosa juzgada».


El establecimiento, en principio, de un plan criminal para el secuestro de niños nacidos en cautiverio, no solamente afecta a los ex comandantes; llega incluso a militares que se encuentran en actividad y hasta con pedidos de ascenso. El Estado capitalista no puede permitir que se cuestione a los protectores armados de la propiedad privada; cuando se insinúa una posibilidad semejante, el verso democrático se agota. Lo reemplaza el ‘estado de derecho’ de la ‘cosa juzgada’ o el estado de fuerza de las cosas que en ninguna circunstancia se pueden juzgar.


¿Cuál es la lógica humana o el elemental sentido común que puede aplicar el concepto de «cosa juzgada» a un crimen «imprescriptible»? En el juzgado de Marquevich, los abogados de las Madres y las Abuelas han acumulado una cantidad enorme de nuevas evidencias que ponen de manifiesto la existencia de un plan criminal de secuestros de niños. Una de dos: o estas evidencias no pueden ser examinadas por lo de la cosa juzgada y en este caso los delitos no pueden ser sancionados, es decir que prescriben; o para que esto no ocurra y los delitos conserven su carácter de imprescriptibles, las evidencias nuevas deben tomarse como elementos de un nuevo juicio.


Hay que decir, por otra parte, que el secuestro de niños respondió a un plan de caracter internacional, establecido expresamente en los reglamentos de las fuerzas armadas norteamericanas. Es decir que el juzgamiento de Videla obligaría a declarar a los militares yanquis y pondría de manifiesto el papel criminal internacional del Pentágono.


Moreno Ocampo es un simpatizante de la Alianza y el más entusiasta defensor de las ambiciones de ‘mani puliti’ del Frepaso. ¿Cuál fue la actitud de los locuaces frepasistas con motivo de la detención de Videla? ¡Dudar de Marquevich! Es decir, acompañar la vocinglería de los genocidas, sus amigos y sus financistas. Pero si Marquevich debe ser puesto en duda en este caso, es porque seguramente acabará liberando a Videla, no por haberlo detenido. La Alianza y el Frepaso han sido puntales en la ‘movilización democrática’ en favor de Videla, porque su encubrimiento es fundamental para que se lo pueda liberar en nombre de la ‘seguridad jurídica’ de la ‘cosa juzgada’.


El espectáculo es miserable, pero instructivo. La miseria enseña más que la grandeza; ésta aprende de aquélla. De un solo golpe, Videla se ha transformado en la medida de la democracia y de los demócratas. El pueblo debe intervenir con todos sus métodos para poner fin a esta situación. El capitalismo es una historia de crímenes de lesa humanidad.

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