17/05/2020

La denuncia de Ramona Medina sobre el desastre de la Villa 31 en sus propias palabras

La vocera de La Garganta Poderosa había grabado a fines de abril una entrevista para Prensa Obrera; sus palabras enjuician hoy a los funcionarios responsables de su muerte y la de sus vecinos

Ramona Medina vivía en la villa 31, más precisamente en el sector bajo autopista, uno de los más afectados por el proceso de urbanización impuesto por el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, el cual fue avanzando de espaldas a las necesidades reales de las y los vecinos. Hoy el barrio se encuentra ante el crecimiento exponencial del coronavirus, agravado por la falta de trabajo y asistencia de los gobiernos.


“Hace casi dos años que estoy esperando que me relocalicen, en mi casa vivimos amontonados 6 personas” explicaba Ramona, quien, como muchos vecinos, también venía denunciando la falta de agua y la situación de insalubridad antes el avance de la pandemia. “A 3 casas tienen Covid-19 confirmado 11 personas y no hay higiene, no vinieron a limpiar”. Su conclusión fue clara, “no están haciendo nada”.



“El tema de la reurbanización en la villa 31 fue un total fraude” explicó Ramona, quien participaba de la agrupación La Poderosa y a quien el gobierno de la ciudad le había prometido un departamento acorde a las necesidades de su familia y sobre todo de su hija Guada, quien padece Síndrome de West, Síndrome de Aicardi y está en silla de ruedas.


También relató su batalla por una respuesta a las promesas realizadas “Empezamos la lucha con pedir el departamento adecuado que esté hecho supuestamente como ellos me dijeron a medida para mi hija y para todas sus necesidades”. Ramona nos contó como a pesar de reclamar insistentemente y haber presentado papeles de especialistas, la entrega de la vivienda prometida  “nunca pasó”.

 




La secretaría que está a cargo del proceso de urbanización de la Villa 31 es responsabilidad de Diego Fernández, funcionario que depende directamente de Larreta y quien viene recibiendo numerosas denuncias de parte de los vecinos por su mala gestión.



“A esta gente le importa 3 carajos, se cagaron en mi necesidad, se cagaron en la necesidad de mi hija” denuncia Ramona, quien era diabética, insulinodependiente y dependía de una relocalización para mejorar la calidad de vida de ella y su familia. Como la mayoría, sufría el hacinamiento, “en una  pieza de 3×3, con un baño y una cocina estrecha”, otro factor para el aumento de los contagios


Al hacinamiento se le superpone otra de las problemáticas del barrio que es la falta de trabajo, “con esto de la cuarentena, tenemos que estar conviviendo 6 personas” y “tenemos que trabajar para comer”. Ramona y su familia subsistían principalmente haciendo “pan casero y cosas dulces para vender”.




Organicemos la defensa de nuestras vidas


El caso de Ramona es solo una muestra de la grave situación de la cual el Estado es absolutamente responsable por el abandono de los barrios. La villa 31, donde los infectados se cuentan de a cientos, es el ejemplo más alarmante de lo que comienza a proliferar en los barrios postergados de la ciudad de Buenos Aires, como en la 1-11-14, donde la crisis sanitaria, sumada a la económica, comienza a golpear cada vez con fuerza


Es imperiosa la necesidad de que se implemente un protocolo de acción en las villas de la ciudad, discutido con los vecinos y vecinas para que sean ellos mismos quienes organicen la defensa de sus vidas.



Reclamemos un seguro al desocupado de $30.000, aumento de las partidas de alimentos para comedores y merenderos, reparto de kits de higiene y limpieza para las familias que lo requieran, testeos masivos y resguardo de las familias que tengan algún miembro que haya estado en contacto estrecho con alguien infectado. Solo las y los trabajadores organizados de manera independiente podemos darle una salida real a la lucha contra esta pandemia.


 



 

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