25/10/2018 | 1525

La Iglesia, el macrismo, los bueyes y las cornadas

La misa masiva que congregó, bajo la sotana de dos importantes arzobispos, al moyanismo, a buena parte del Pejota y al kirchnerismo político y sindical, desató el enojo del macrismo y de sus medios afines. “Macri y la Iglesia, nunca tan mal”, tituló el editorialista N° 1 de La Nación este lunes. Los lenguaraces del oficialismo se indignaron por la indulgencia de los obispos hacia Moyano. Desde luego, no tuvieron el mismo enojo cuando lo más granado de la clase capitalista, en ocasión del Coloquio de Idea, reclamó ser indultada frente al ‘cuaderno gate’.


El choque entre el gobierno y la Iglesia es indudable, y debe anotarse como otro de los síntomas de desagregación del régimen. Otra cosa muy distinta es atribuirles a los obispos una intención ´disolvente’ respecto del orden económico y político considerado en su conjunto. Lo que en verdad ocurre es que el clero -y en primer lugar, el Vaticano- ha tomado nota del derrumbe económico y político del gobierno, sobre el cual revolotea el fantasma de una reacción obrera y popular contra la bancarrota en curso. De cara a esa realidad, la Iglesia ha salido a trabajar en un amplio operativo preventivo, dirigido a colocar en caja a la perspectiva de una rebelión popular.


Toma y daca


Detrás de este propósito, la misa de Luján ha sido el escenario de un toma y daca muy claro entre curas y burócratas. Del lado de los primeros, los responsables de una institución golpeada por una de las movilizaciones de masas más grandes de la historia -la “marea verde” por el aborto legal- y por las denuncias más atroces de abusos sexuales, ha salido a revestirse con un barniz de reivindicaciones “antiajuste” y, en ese trabajo, reforzar su cooptación de las cúpulas sindicales y ´piqueteras´ en favor de su orientación reaccionaria.


“Algunos observaron -dice La Nación- que en la misa del sábado predominaron banderas celestes y blancas y no se vieron pañuelos verdes, (los cuales) forman parte del folklore de todas las manifestaciones”. La Iglesia, por lo tanto, sacó su tajada de los ´servicios espirituales´ que prestó en Luján. A cambio de ello, los Moyano lograron una bendición, en medio de las acusaciones extorsivas de la Justicia y el gobierno en relación con sus manejos económicos. La amenaza de un “paro en defensa propia” por parte del espacio del 21F quedó rápidamente archivada, y fue reemplazada por una misa.


Junto al intercambio de favores, Iglesia y burocracia fueron a misa detrás de un interés común: “administrar” la inquietud popular frente al crecimiento de la miseria social, los tarifazos, la caída del salario y los despidos. La colocación de los sindicatos bajo el sermón de una misa es una perspectiva antagónica a cualquier lucha en serio para derrotar al ajuste.


Relevo político


La Iglesia, sin embargo, no sólo trabaja por “adormecer” la lucha contra el gobierno. En las primeras filas del rezo de Luján, y junto a la burocracia, se encontraba un amplio espectro de dirigentes pejotistas y kirchneristas, de los intendentes a La Cámpora, de Guillermo Moreno a Daniel Scioli. La Iglesia trabaja activamente para encauzar un relevo político que no rompa los cauces de los partidos y bloques que, en el Congreso o en las provincias, acompañan la orientación estratégica de trasladarle a las masas la factura de la crisis nacional.


Dos días después de Luján, otro clerical, Felipe Solá, se candidateaba oficiosamente como presidenciable de un “panperonismo”, con afinidad con otro de los principales amigos del Papa, Juan Grabois. En el camino, se llevaron a Victoria Donda y su pañuelo verde. Los piqueteros de Libres del Sur no han tenido empacho en salir a caucionar a uno de los responsables políticos del Puente Pueyrredón, y amigo del mismo Vaticano que se empeñó a fondo para frustrar la sanción del aborto legal. Solá se prueba el traje que podría dejar vacante un agravamiento de la situación judicial de CFK, cargándose en una bolsa común al pejotismo y al kirchnerismo. Scioli también se ha anotado para esta “unidad” que ha sido bendecida en Luján el sábado pasado, y cuyo programa se adivina: mantenerse en el redil del FMI, pero discutir la “contención social”; dejar intactas las “conquistas” del macrismo en materia de entrega nacional y confiscación a las masas -Scioli saludó en Tucumán ´los avances en Vaca Muerta´. Y mantener a raya a la enorme movilización desatada contra el clero y por los derechos de las mujeres. Este fue el mensaje de Luján.


Los socios políticos y sindicales del Vaticano no pueden ni quieren derrotar a la masacre social que perpetra el macrismo. Son socios en la aprobación del Presupuesto 2019, pieza fundamental del pacto colonial con el Fondo. En oposición a esa política sin futuro, luchemos por un Congreso de bases de todas las centrales y sindicatos, para resolver un paro activo y un plan de lucha a fondo, hasta la huelga general para derrotar al gobierno fondomonetarista e imponer una Asamblea Constituyente libre y soberana, que adopte las medidas elementales para que la crisis la paguen los capitalistas y, también, el fin del Estado clerical.


 


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