06/01/2011 | 1162

La índole de un «politólogo latinoamericano»

A propósito de una nota de Mario Toer

Mario Toer (Página/12, 3/1) convoca al kirchnerismo a salir a debatir abiertamente con los trotskistas allí donde nos presentemos. Dice que lo hará «sin aprioris», pero todo su artículo es un extendido a priori que condensa más lugares comunes que los que pueden caber en una columna de opinión. Y se ataja: «sin bravatas». Sin embargo, todo su razonamiento es una bravata miserable. La formula justo cuando el gobierno encarcela a dos militantes obreros del PO y manda a procesar a otros más (de lo que no dice ni palabra). Esto, ¿no habla de la índole de su autor?

Recordemos su tesis: el trotskismo -léase el Partido Obrero- le hace el juego a la derecha. Y todavía más: «El problema es que son los principales artífices del crecimiento de la derecha, incluso en sectores populares.» Y abunda: los trotskistas tenemos una capacidad «para nutrir los argumentos del macrismo en la ciudad o incluso incrementar la matrícula en universidades privadas» (sic). Hasta abonamos a un «trotskismo silvestre» -categoría pergeñada por el politólogo latinoamericano- «que a veces se suma a punteros y vivillos dispuestos a nutrirse de beneficios propios o que coquetean con los adláteres del PRO.» ¿Qué tal?

Tamaña tesis trabaja sobre un supuesto que despliega con sentencia profesoral: «…el arte de la política implica, al menos, una cierta capacidad para obtener una creciente y apreciable audiencia en el escenario en el que se está inserto». De todas las definiciones sobre el «arte» de la política, Toer escoge la más marketinera: aquella que, lejos de asociar la política a la lucha por la transformación social o por el poder, la emparenta con los resultados del rating o de la encuesta reciente. Más que del arte de la política, de lo que parece estar hablando es del arte de quedar bien parado en el momento y el lugar oportunos. La etapa superior del posibilismo.

A partir de aquí, avanza con la siguiente cadena de asociaciones: los trotskistas no ocupamos el escenario, para hacerlo recurrimos a la «desmesura», tales desmesuras afectan a los sectores populares y de todo esto se deriva que la derecha crece. El criterio para definir el significado de «desmesura» también es cuantitativo. El «Cordobazo» o el 20 de diciembre no fueron desmesurados, pero sí el corte de las vías en Avellaneda.

Sobre esta base, salvo las rebeliones populares cuyas desmesuras son admitidas por Toer, las luchas de los trabajadores de un sector que enfrenten a «las injusticias que el modo de producir capitalista provoca» -con corte de rutas o vías- carecerían de la mesura tolerable. El término «desmesura», entonces, completa su sentido con el Código Penal. Toda una lección por parte del profesor.

Pero más que rebatir el punto, nos interesa subrayar otro supuesto, del cual Toer nada concluye. Para el autor, efectivamente las injusticias existen: «Si no supiéramos que antiguas injusticias nutren su impaciencia…». O «lo grotesco que perdura en muchos ámbitos y que a veces los hace aparecer verosímiles».

Más allá de que tales expresiones figuran antes como concesiones que como denuncias -incluso más allá de que las coloca como entelequias que perduran vaya a saber por qué diablos- lo concreto es que no da detalle de una sola injusticia ni de un solo grotesco. Ni criollo ni latinoamericano.

Y este es el punto central. Porque, de hacerlo, lo desmesurado pasaría a ser la política oficial que promueve el trabajo precario de un tercerizado. ¿O no es «desmesurada» la pertinaz falta de respuesta a un reclamo que probó todas las alternativas hasta llegar al corte del 20 de octubre, en el que estaba Mariano Ferreyra, con muy pocos trabajadores más? ¿No es «desmesurado» que, recién tras el asesinato de Mariano y las masivas movilizaciones -masivas, no con crecientes audiencias frente a la pantalla, sino con miles y miles de manifestantes en la calle- en repudio al crimen y la patota sindical, el gobierno haya recibido a los tercerizados? ¿Y no cabría asignarle algunos de los sentidos del término «desmesura» al hecho de que el gobierno se haya comprometido por acta a pagarles el salario de convenio a partir del 1º de diciembre, a efectivizar a todos, a evitar despidos… y no haya cumplido ninguno de esos puntos al día del último corte de vías? Si no es «desmesura», ¿será «antigua injusticia», «grotesco»?

El asesinato de Mariano Ferreyra por una patota asociada con el gobierno y los empresarios en la gestión ferroviaria y en la Secretaría de Transporte no reconoce, en nuestro polemista, siquiera la mención de una ‘desmesura’.

Pero el profesor no escribe una nota para debatir sobre ni con el trotskismo. Toer -representante de «Carta Abierta» y de un pseudo sindicato en la UBA creado por el gobierno- escribe para recusar las luchas en curso contra el modelo nacional y popular, el cual juega con todo con la derecha: desde el reconocimiento primigenio de la deuda fraudulenta y las privatizaciones saqueadoras hasta la convocatoria al capital financiero para regular el Indek y llegar a un ‘arreglo’ con el Club de París para pagar la deuda externa estatizada por la dictadura.

Escribe, además, para dar letra y reanimar a las propias filas kirchneristas, a aquellos que son «más permeables al debate de ideas» y al reconocimiento de los hechos concretos, a quienes les empieza a no cerrar lo que «desnudó» el asesinato de Mariano Ferreyra: la alianza de hierro con la burocracia sindical. O el crimen de los Qom: la alianza inconmovible con Insfrán -objeto de una homenaje, días antes, por La Cámpora. O el pacto con Macri para desalojar a los pobres de toda pobreza sin poner un peso ni vivienda y disponiendo a la Federal para asesinar primero y a la gendarmería para militarizar el Conurbano después.

Tiene razón Toer: la tarea central sigue siendo desnudar a los gobiernos nacionales y populares «para que no confundan a los trabajadores». Confundirlos -y eso es lo que hace su artículo al naturalizar las injusticias y calificar de desmesura a la respuesta de los trabajadores para enfrentarlas- no sólo es hacerle el juego al gobierno -como si su escrito fuera «concebido por encargo». Es también hacerle el juego a la derecha que reclama lo mismo: que apliquen el Código Penal y la policía frente a tanta desmesura. Todavía más: es colocarse decididamente a la derecha.

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