Políticas

14/8/2026

La inflación vuelve a golpear: los salarios cada vez rinden menos

Tarifas, alimentos, alquileres y deterioro del ingreso profundizan la crisis de las familias trabajadoras.

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Trabajadores pobres.

La inflación volvió a acelerarse en julio y desmiente la propaganda oficial sobre una baja consolidada de los precios. El 2,1% informado por el Indec, frente al 1,9% de junio, convive con aumentos mayores en alimentos, vivienda y servicios, con una canasta alimentaria que subió 2,6%, salarios registrados que siguen perdiendo contra los precios y el ingreso real de los trabajadores que permanece por debajo de noviembre de 2023. Se agravan la pobreza, el endeudamiento y la crisis de las familias obreras.

El dato oficial no alcanza para describir el golpe que reciben los hogares, cuando para el mes de julio los servicios aumentaron 3,1%, bastante por encima del 1,6% de los bienes, mientras vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subieron 2,2%. Los precios regulados aumentaron otro 2,1%, impulsados entre otros factores por transporte, prepagas y electricidad, donde se imponen los tarifazos y la liberación de precios de Milei.

Cabe señalar que la metodología empleada por el gobierno para el cálculo del IPC subestima deliberadamente la incidencia de los servicios en el promedio de la variación de precios, como una artimaña estadística para esconder una situación aún más grave.

Una inflación que no desapareció

La desaceleración que el gobierno presenta como una conquista permanente es una farsa, cuando el IPC pasó de 1,9% en junio a 2,1% en julio y acumula 19,3% de aumento en lo que va del año. En los últimos doce meses el aumento llega al 33,8%. No hay “inflación derrotada”, sino una persistencia de aumentos que sigue deteriorando los ingresos populares. Esto en un cuadro donde le gobierno refuerza la recesión y se endeuda para sostener la bicicleta financiera: dos mecanismos para contener el tipo de cambio y que aún así no logran parar la inflación.

El problema se vuelve más evidente cuando se observa el impacto sobre los consumos de las familias trabajadoras: la Canasta Básica Alimentaria aumentó 2,6% en julio y acumula 37,4% interanual, tratándose de los consumos obligados para los trabajadores. La Canasta Básica Total, en cambio, subió 2,2% y 36,1% en doce meses, ubicándose por arriba de los $1.564.000: una medida que una porción significativa de los trabajadores no alcanza con sus salarios.

La canasta también queda corta

Que la CBA aumente 2,6% mientras el índice general marca 2,1% significa que los bienes indispensables para alimentarse se encarecieron por encima del promedio, castigando aún más a los trabajadores.

Los números a los que asciende la canasta básica incluso no contemplan rubros significativos como el de los alquileres –que importan parte significativa de los gastos familiares-, pero el IPC registra aumentos en alquileres y servicios vinculados a la vivienda, que van desde el 44% hasta el 73% de aumento interanual según la región, con un resultado que coloca el costo real de sostener un hogar muy lejos de la cifra utilizada como frontera estadística para la pobreza.

Salarios que pierden terreno

En mayo, los salarios registrados quedaron por debajo de la inflación y acumularon una pérdida real del 3,4% interanual: 2,9% en el sector privado y 4,3% entre los trabajadores públicos. Desde noviembre de 2023 la pérdida alcanza el 8,7% en promedio, con un retroceso del 3,6% entre privados y cercano al 18% entre estatales.

Así se completa el cuadro que el discurso oficial intenta separar en estadísticas aisladas: los precios siguen aumentando, los alimentos corren por encima del promedio y los salarios no recuperan lo perdido. Incluso allí donde los ingresos nominales crecen, no necesariamente recuperan capacidad de compra. La supuesta normalización convive con trabajadores que deben endeudarse, restringir consumos básicos o multiplicar empleos para llegar a fin de mes.

El gobierno necesita presentar cada punto de desaceleración como una victoria porque su política económica se sostiene sobre la licuación de los ingresos de los trabajadores. Pero una inflación que vuelve a subir, una canasta que aumenta más que el IPC y salarios que siguen por debajo de 2023 muestran el verdadero balance y una crisis que no fue superada, sino descargada sobre los trabajadores.

Hace falta recuperar salarios frente a la inflación, recomponer jubilaciones, frenar los tarifazos y garantizar el acceso a la vivienda. Esto en el contexto donde se están desarrollándose importantes conflictos por el salario, como la lucha de docentes de las provincias y la huelga de la docencia universitaria, entre otros, contra la orientación capituladora de la burocracia cegetista. Los números oficiales alcanzan para mostrar que el ajuste de Milei recae solo sobre quienes viven de su trabajo, por lo que hay que reforzar todas las luchas obreras para derrotar esta política criminal y echar a este gobierno antiobrero y antipopular.

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