11/03/1993 | 384

La “jubilación privada” está para el cachetazo

Los 30.000 manifestantes que el miércoles 10 ocuparon las adyacencias del Congreso hicieron algo más que demostrar el crecimiento de la oposición popular al gobierno entreguista.


Por sobre todas las cosas pusieron en evidencia que es posible derrotar uno de los proyectos más espúreos del menemismo y, con seguridad, el más vital para su continuidad política.


Es que la movilización del 10 se combina con una agudización excepcional de las contradicciones internas del gobierno y de los grupos “privatizadores” que lo sostienen. El presidente del Banco Río acaba de denunciar la versión final del proyecto oficial, a la que califica nada menos que como una “contrarreforma”, y no ha vacilado en denunciar a “grupos privados”, y aún “extranjeros”, como posibles interesados en una estatización de las jubilaciones a través de la incorporación del Banco Nación.


Menem, comprometido con el FMI, ha vuelto a insistir en que sacaría la “privatización” por decreto, y hasta se descuenta que vetaría los artículos que incorporó al proyecto luego de un acuerdo con diputados que responden a Bordón —un futuro candidato que ya cuenta con el apoyo económico del partido Demócrata de los Estados Unidos.


Están reunidas las condiciones, entonces, para una victoria decisiva.


¿Pero es una victoria decisiva lo que quieren la UCR, los burócratas de las 62, o sus colegas del CTA? ¿O quieren llegar a un acuerdo con el gobierno?


Tuvieron dos veces la oportunidad de acabar con el proyecto privatista en las Comisiones del Congreso y evitaron hacerlo. Recién ahora, depués de dos largos años de luchas y de denuncias de los jubilados y de algunos partidos de izquierda, han comenzado a coquetear con una movilización popular, a la que quieren llevar por el inviable camino del plebiscito.


Coinciden entre sí en que se debe aumentar la edad para jubilarse y derogar el 82% móvil. Coinciden así con el gobierno en expropiar un patrimonio y un derecho conquistados por la clase obrera.


Como los plazos para la sanción de la ley se acortan, la lucha ha entrado objetivamente en una fase decisiva. Sus dirigentes “oficiales” y “conspicuos” son los mismos que enterraron la reciente lucha educativa.


La vía de la victoria es la acción directa, la movilización consecuente.


El Partido Obrero le propone al pueblo en lucha dos consignas: Por una marcha inmediata a Plaza de Mayo, Por un Paro Activo Nacional. Los sindicatos de las 62 y del CTA tienen suficiente “quórum” para parar el país.


Basta de amagar, hay que pegar.

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