La lucha contra el fraude
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Como veníamos anunciando desde hace tiempo, el gobierno preparó el terreno para desarrollar un gran fraude. Se aseguró que los presidentes de mesa fueran designados por el oficialismo, obviando el sistema de sorteos; que los certificados de escrutinio no consignaran los datos del número de votantes y de votos emitidos, etc.
Frente a este cuadro, el Partido Obrero salió a una campaña de denuncia pública.
El objetivo más importante fue conseguir fiscales por mesa para garantizar la presencia de nuestras boletas.
Este objetivo se convirtió en un verdadero desafío para la militancia del Partido, en cuanto crear la conciencia de la necesidad de defender el voto enfrentándose al gran aparato oficialista (ver nota aparte de Carina), y además porque implicaba romper con la rutina de instalar solamente fiscales generales en las escuelas. Esta campaña significaba constituir equipos de fiscales por mesa en cada una de las escuelas, lo cual nos llevó a buscar contactos e ir casa por casa, explicando y organizando este dispositivo.
Logramos cerca de 900 fiscales que actuaron consecuentemente peleando y defendiendo el voto del Partido Obrero, enfrentando irregularidades y agresiones por parte del oficialismo, que tenía como principal aliado a la policía.
El día de las elecciones se presentaron innumerables situaciones fraudulentas que nos obligaron a denunciar a través de los medios y a movilizar el mismo día de las elecciones a los fiscales para reforzar las zonas más afectadas. El principal hecho que se presentó en la jornada, producto de los primeros indicios de la alta votación que obtendría el Partido, fue la acción sistemática y simultánea de robarnos masivamente las boletas, lo cual nos obligó a imponer en algunas zonas la fiscalización de los cuartos oscuros cada un votante. La maniobra fraudulenta estaba dirigida a agotar las reservas de boletas, a fin de impedir la reposición y evitar la presencia de boletas de la oposición en los cuartos oscuros. Por otro lado, retiraban las boletas del PO y dividían en dos bultos las del oficialismo, para simular que estaban las siete listas.
Esta lucha contra el fraude constrastó con la de IU, que se limitó a la denuncia porque casi no tenían fiscales en las escuelas, y algo parecido ocurrió con el ASI. El Partido Obrero logró que en algunos distritos, sectores enteros de la UCR se volcaran al cuidado de nuestras boletas, a pesar de que la posición de la cúpula era la abstención y que otra fracción intervenía con lista propia en la capital.
Todos los fiscales, el sacrificio y la notable organización para coordinar tamaña movilización, son parte imprescindible del balance que explica la victoria obtenida.

