23/04/1998 | 582

La lucha por el 1º de Mayo

El sábado 18 se realizó en la localidad de Bosques un plenario de partidos y organizaciones reivindicativas de los trabajadores para discutir la realización de un acto clasista el 1º de Mayo. En la Mesa que dirigió los debates estuvieron los desocupados del MTD de Florencio Varela, la Comisión Interna del Banco Patricios y un delegado de los mineros huelguistas de Río Turbio. Entre la asistencia estaban delegaciones de los choferes del TDO, del Inti, del Diario Popular, de Atulp, estudiantiles, de desocupados, barriales, de derechos humanos. Entre los partidos y grupos políticos presentes se encontraban el Mas, el Pts, la Ums, la Lsr y el PO.


El debate rápidamente se polarizó entre los que no querían que en el acto hablaran los partidos de izquierda y los que apoyaban que fuera un acto unitarioque unificara a las organizaciones partidistas y no partidistas de los trabajadores. Detrás de la postura antipolítica se colocaron —por momentos hasta en forma macartista— organizaciones como la Ums o el representante de la Correpi.


La otra posición, sostenida en lo fundamental por el Partido Obrero, fue apoyada por la mayoría de las delegaciones obreras presentes. De los tres miembros de la mesa, las dos organizaciones en lucha —el Banco Patricios y los mineros de Río Turbio— se pronunciaron por un acto unitario entre las organizaciones partidistas y no partidistas de la clase obrera.


El MTD presentó como perspectiva el impulso a un «centro coordinador de las luchas», oponiéndose a cualquier paso en favor de la estructuración política independiente de la clase obrera. Uno de sus miembros manifestó que aunque personalmente estaba de acuerdo, había muchos ‘prejuicios’ en la masa. Precisamente, los prejuicios contra la actividad política de los trabajadores son fomentados por la burguesía, porque para ella la estructuración política de la clase obrera tiene el carácter de un peligro estratégico, o sea, que acaba con su dominación y explotación.


El PO planteo la necesidad de superar la división, que también promueve la burguesía, entre las luchas reivindicativas y la lucha política de los trabajadores. Para los capitalistas, las reivindicaciones no deben tener un alcance político, o sea, no deben cuestionar su poder. Cada vez que ello ocurre (ver notas sobre Río Turbio) habla de ‘infiltración’ y /o ‘subversión’. Cada vez que las organizaciones obreras intentan intervenir en el plano político en forma independiente se les reclama que se atengan a su especificidad reivindicativa.


Para la clase patronal es fundamental mantener esta división.


El peronismo y la Alianza promueven esta división artificiosa de la clase obrera. El peronismo siempre se encargó de regimentar a los trabajadores al Estado por medio de sindicatos férreamente burocratizados. Pero el peronismo se encuentra ante una crisis mortal, que constituye una oportunidad histórica para superar toda la regimentación capitalista de las masas explotados. Esto plantea, no ya la necesidad sino la obligación de que los trabajadores se organicen políticamente en forma independiente, que construyan su propio partido de clase. Esta es la tarea de la hora.


Para poder resistir las tremendas ofensivas patronales, apoyadas por las burocracias de la Cgt, el Mta y la Cta y para que las luchas reivindicativas avancen, es necesario politizarlas, es necesario que la vanguardia de esas luchas tenga un objetivo estratégico que le dé la capacidad práctica para arrancar las organizaciones obreras de manos de la burocracia y el Estado. Las burocracias antiobreras no pisotean a las bases por la fuerza de sus patotas, sino por el poder del Estado y la acción mentirosa de los partidos patronales y pequeño burgueses. Si esto no es comprendido, primero por la vanguardia politizada, y luego por el conjunto de la masa trabajadora; una y otra vez las burocracias llevarán las luchas al desgaste y a la derrota.


Para que surjan nuevas direcciones del movimiento obrero y popular, que permitan superar esta impasse, es necesaria la politización revolucionaria del movimiento obrero.


El Mas y el Pts apoyaron en general la necesidad de luchar por la independencia política, pero se negaron luego a convocar al 1º de mayo con el planteo de construir un partido de la clase obrera.


El Mas cambió luego incluso esta posición. Dijo que a partir del cierre del conflicto de Río Turbio no había condiciones para un acto unitario, por falta de grandes luchas. El Pts sostuvo que para poder plantear la construcción de un partido de la clase obrera contra los partidos burgueses, era necesario como condición, que las direcciones sindicales se orientaran en ese sentido. Lo cual pone al desnudo su verdadera política frente a la burocracia.


Izquierda Unida (IU) ni siquiera se ha planteado el problema. Tempranamente se lanzó a un acto de claro tinte electoralista 99.


Cuando el peronismo y la Alianza forman un bloque político unido para votar la impunidad definitiva de los genocidas; cuando anuncian que votarán conjuntamente el proyecto de ‘reforma laboral’, para reducir las indemnizaciones por despido y para que los ‘contratos basura’ dejen de ser una excepción legal para transformarse en norma; cuando todos los partidos ‘populares’ se disputan con los gorilas el favor del FMI; o sea, cuando todos los partidos capitalistas tienden a agruparse cada vez más intensamente en un polo contra la clase obrera; en una situación histórica como ésta, no poner en primer lugar la lucha por la organización de la clase obrera en un partido propio significa mandar a los trabajadores al limbo político y condenarlos a nuevas y peores derrotas.


Es necesario luchar para que los trabajadores maduren la experiencia que realmente han vivido. La experiencia del completo agotamiento del peronismo como planteo de independencia nacional. La experiencia del completo fracaso de la pequeña burguesía frepasista y democratizante para construir un movimiento popular contra el imperialismo. La experiencia del seguidismo de la izquierda democratizante, como la que integra Izquierda Unida, a esta pequeña burguesía, a la cual apoyó en el Frente del Sur y en el Frente Grande (el PC apoyó incluso a Alfonsín en sus ‘felices pascuas’ de 1987), y a la que volvió a apoyar recientemente en las personas de Cafiero hijo y Bravo, que sin embargo rápidamente capitularon para asegurarse sus carreras políticas. Todas las clases, menos la clase obrera, han pasado por el escenario político del país con pretensiones de encabezar la liberación nacional, que para algunos era incluso lo mismo que la emancipación social. Han fracasado. La cuestión política de la hora es el partido obrero.


La profundidad de la crisis internacional del capitalismo y del retroceso social que han sufrido las masas no admite otra salida. Es indudable que nuevos derrumbes económicos capitalistas provocarán nuevas luchas y nuevos levantamientos obreros. Pero hace falta que la necesidad de estas nuevas luchas y de estos nuevos levantamientos maduren en el seno de las masas y que esa maduración les sirva para organizarse como clase frente al capitalismo y la burguesía en su conjunto. La experiencia del santiagueñazo y del cutralcazo lo han demostrado en forma concluyente. Es comprensible que la pequeña burguesía se aferre a la ilusión de la posibilidad de una vuelta al pasado menos catastrófico, incluida la pequeña burguesía que no milita en la Alianza o el Frepaso, sino que lo hace en la izquierda democratizante, en las organizaciones populares o que forma las diversas sectas. Pero el obrero que quiere seriamente acabar con la situación actual y abrir una perspectiva para las masas, no necesita de fantasías sino de un programa y de una organización.


O sea, la clase obrera debe conquistar su independencia y formar un partido propio.

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