17/07/1997 | 548

La ‘marcha’ de ‘la verdadera oposición’

Los diarios varían en sus cálculos. Algunos estiman la concurrencia a la Marcha del Trabajo, el pasado viernes 11, en 25.000 asistentes, otros en 40.000. Sea como fuere, la concurrencia no superó, y probablemente fue menor, a la de la Marcha Docente en junio pasado.


La comparación también resulta desfavorable, en número, como en espíritu e iniciativa de movilización, con la Marcha Federal de junio de 1994, a pesar de que la actualidad se encuentra todavía bajo el influjo de los cortes de ruta y de la lucha de masas contra la gendarmería.


La Marcha fue esencialmente una movilización de aparatos, es decir que no convocó a las masas desorganizadas que son las protagonistas principales de las luchas presentes. Los organizadores no querían otra cosa cuando convocaron a esta marcha sin impulsar al mismo tiempo un paro general activo.


La ausencia de una reivindicación popular central, algo que caracteriza a todas las movilizaciones ‘opositoras’, apuntó también a restar combatividad al movimiento. La consigna ‘trabajo para todos’ o ‘marcha por el trabajo’ no obliga al gobierno de turno a ceder absolutamente en nada a la presión de la calle o de la lucha, sino que deriva el reclamo a una negociación de características o alcances indefinidos. El gobierno no fue emplazado a nada, ni siquiera a que satisfaga el reclamo de 450 pesos de subsidio a los desocupados, pero circunscripto a los ‘jefes de familia’, que reclama la CTA. Existe una coincidencia entre el oficialismo y la oposición a considerar solamente a los ‘jefes de familia’ cuando se trata de subsidios, ‘planes de trabajo’ o ‘planes comunitarios’, porque esto les permite reducir en un 70 por ciento la atención a los compañeros desocupados. Se trata, no hace falta decirlo, de una discriminación a la juventud y a la mujer.


La presencia, junto a la CTA y el MTA, del Frepaso, la UCR, las 62 (o sea, una parte del duhaldismo) e incluso la izquierda, convirtió a la jornada del viernes 11 en una demostración opositora, la que, en ausencia de cualquier otra, constituye la ‘verdadera oposición’. Pero la política de esta ‘verdadera oposición’ no es poner fin al gobierno de Menem y de Duhalde mediante la acción de masas, sino propiciar su recambio a largo plazo mediante el recurso electoral, y esto sin alterar las grandes‘reformas’ menemianas, como las privatizaciones, la mayor deuda externa, el indulto y toda la herencia jurídica correspondiente. Como lo dijo Marta Maffei, que en esta oportunidad habló por toda la CTA, se trata de utilizar el ‘castigo’ del voto. El mismo objetivo tiene el MTA, varios de cuyos dirigentes son candidatos del Frepaso.


Esta política que consiste en valerse de movilizaciones controladas para favorecer a la oposición política electoral, también beneficia a Duhalde, y probablemente a él más que a ningún otro. Duhalde se ha esforzado por aparecer en los últimos meses como un opositor concreto a Menem, como ha ocurrido con el caso Yabrán o con la discusión acerca de un ministerio para ‘reactivar’ la producción.


Duhalde tiene sus fichas puestas en la CGT y en las 62; no hay que olvidar los vasos comunicantes entre Daer y Lorenzo Miguel, que hoy se encuentran transitoriamente opacados por los reveses que ha sufrido la UOM frente al Smata, con relación a la jurisdicción sindical de algunas plantas automotrices. Sin embargo, el ‘acuerdo laboral’entre la burocracia de la CGT y el gobierno beneficia principalmente a la UOM, que es el sindicato que más habría perdido si ya se hubieran establecido los convenios por empresa. También son fluidas las relaciones del MTA con Duhalde, como lo revela el elenco de colaboradores que trabaja para las publicaciones que promociona el MTA (revista Línea, por ejemplo).


En una palabra, la Marcha Federal encubre simplemente los intereses de los partidos patronales de oposición y de Duhalde. Esto nos lleva a una constatación harto interesante: que los ‘izquierdistas’ que se han opuesto a un frente de izquierda para las próximas elecciones, denunciando en él una posición electoralista, disimulan con sus llamados a la lucha detrás de la estrategia de la ‘verdadera oposición’, un desvergonzado electoralismo patronal y proimperialista. El Partido Obrero ha intervenido en la Marcha, pero no para apoyar la política capitalista, sino las reivindicaciones de las masas; no para aceptar un movimiento de aparatos, sino para reclamar la huelga general activa; no para hacer de furgón de cola del capitalismo ‘opositor’, sino para denunciar esta estrategia seguidista, que históricamente ha sido la causa reiterada de las derrotas obreras, y plantear una política independiente.


La convocatoria a un paro para el próximo 8 de agosto no modifica la cuestión de la estrategia política y los intereses de clase a los que sirve. Así como el ‘acuerdo laboral’ de la burocracia cegetista con el menemismo pretende evitar paros generales antes de las elecciones, la política de manifestaciones o paros aislados y distantes de la ‘verdadera oposición’ pretende llegar a las elecciones con un marco de ‘agitación’ controlado. Es una política al servicio de contener la rebelión popular en determinados marcos y evitar que pueda ser una excusa para que el menemismo ‘asuste’ con el ‘peligro’ opositor.


Llamamos a los trabajadores a votar reivindicaciones concretas y la organización de la huelga general. Los llamamos a separarse de la falsa oposición capitalista y a formar un frente de izquierda y del movimiento obrero combativo.


Las reivindicaciones concretas que están en la calle son: Subsidio al desocupado de 450 pesos, a partir de los 16 años, sin discriminación, garantizando la cobertura de salud. Aumento salarial del 50 por ciento. Retiro de la ‘reforma laboral’ pactada con la CGT, por la jornada de ocho horas; eliminación de primas, presentismo o salario por productividad; estabilidad para todo trabajador bajo contrato precario.


Abramos locales en masa en todos los barrios y pueblos del país, para organizar la lucha y el frente electoral de los trabajadores.


Fuera Menem-Duhalde.

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