Políticas

3/2/2022

La OIT advierte que se perderían 27 millones de puestos laborales en 2023

Mientras todavía no se recuperan los puestos perdidos desde 2020, particularmente en América Latina.

La Organización Internacional del Trabajo dio a conocer nuevas cifras sobre los mercados laborales del mundo en las últimas semanas. Quizás la más impactante sea que, ni bien culminamos el primer mes del 2022, ya presentan como un hecho una pérdida de puestos de trabajo que promediará los 27 millones para 2023. Esto cuantifica los vastos alcances de la crisis mundial del capitalismo, que convirtió particularmente a América Latina en uno de los epicentros del desempleo y la pobreza.

Esta crisis ya estaba francamente abierta al reportarse los primeros contagios, por lo que la pandemia no hizo otra cosa más que potenciar contradicciones previamente planteadas. La expansión del Coronavirus sirvió entonces de mascarón de proa a los capitalistas y los gobiernos del mundo para presentar los efectos devastadores de la crisis como un resultado inevitable de los confinamientos y las medidas sanitarias. A nadie se le puede escapar que estas últimas tuvieron un impacto visible, claro, pero el Covid-19 desembarcó ya de por sí en aguas turbias. El desempleo pasó entonces de abarcar a 186 millones de personas, en 2019, a 207 millones en la actualidad.

Casualmente, los indicios “más alentadores” de la recuperación de puestos laborales, según la OIT, se dan en Europa y Estados Unidos. En tanto, los más preocupantes, en América Latina y el sudeste asiático; si consideramos que escasea la información o las cifras precisas sobre la situación en África, el continente de mayor pauperización social. Según las mismas estimaciones de la OIT, la “crisis de empleo” podría llegar a extenderse en América Latina incluso hasta 2024. A pesar de que señalan que respecto de 2020 hubo cierta “mejoría” en 2021, pasando de una tasa de desempleo del 10,6% al 9,6%, las expectativas de crecimiento para la región en el año en curso son de un insípido 2%, lo que sin duda no alienta a un mejor panorama.

Así, se podría recuperar, en el mejor de los casos, un 0,3% de los puestos de trabajo perdidos. En palabras de la propia OIT, “es insuficiente para volver a los niveles de 2019, cuando los índices del mercado laboral distaban de ser positivos”. Además, el organismo propone el concepto de “comorbilidades sociales” frente a la crisis de trabajo; que América Latina “es más vulnerable porque tiene mayor desigualdad e informalidad laboral”. También llama la atención sobre la enorme cantidad de desocupados que continúan buscando empleo sin resultados: 28 millones de personas, para ser exactos.

Un dato sumamente alarmante es cómo esto afecta particularmente a las mujeres trabajadoras. La tasa de desocupación se mantiene desde el inicio de la pandemia en un nivel inmutable, 12,4%. En criterios estadísticos, no se recuperó ningún puesto de trabajo. Todas estas cifras son las que explican las estimaciones de la Cepal, que aduce que la agudización de la pobreza está yendo cada vez más lejos, con 5 millones de latinoamericanos nuevos bajo la línea de “extrema pobreza” en 2021. Esto acucia un crecimiento sostenido de esta condición del 13,1% al 13,8% en América Latina desde el primer caso de Coronavirus.

Ahora bien, la OIT, dependiente de las Naciones Unidas, llama particularmente la atención sobre el crecimiento de la “población inactiva” -aquellos desempleados que siquiera buscan trabajo, mayormente por la resignación de no encontrar. Es la demostración cabal de cómo esta etapa de crisis de un capitalismo senil consagró la desocupación masiva como un factor estructural, destruyendo las fuerzas productivas a gran escala y bloqueando su desarrollo. El enorme porcentaje de población que comprende este sector “inactivo”, argumentan, puede “conducir a una inestabilidad social y afectar a la gobernabilidad”. Aquí nos encontramos con una cuestión fundamental: es clara la preocupación de los gobiernos del mundo por la oleada de rebeliones que se abrió paso en el continente, a sabiendas de que se plantea una mayor aceleración de las contradicciones que las motorizaron.

Nuestro país, que ya tiene el salario mínimo bajo la línea de indigencia, la pobreza merodeando a la mitad de la población y la desocupación encima del 8%, camina hacia una profundización exponencial del ajuste, la confiscación del bolsillo popular y un plan de guerra en regla contra los trabajadores. El anuncio reciente de un acuerdo primario con el Fondo Monetario Internacional augura que la miseria, el hambre y el saqueo se multiplicarán; al turno en que se siguen efectuando despidos cotidianamente engrosando los índices que analiza la OIT.

Los trabajadores tenemos por delante la tarea de defender nuestros puestos de trabajo, nuestros salarios y nuestras condiciones de vida en general. Para recuperar los puestos de empleo es indiscutible, a su vez, la necesidad de romper de lleno el pacto con el Fondo Monetario Internacional. El pago de la deuda externa es incompatible por todos los flancos con la generación de un ahorro nacional que permita crear puestos de trabajo genuino. Movilicemos masivamente este martes 8 de febrero bajo esta perspectiva.