28/09/2018

La pobreza se devora a los trabajadores

Todo el mundo sabe que el dato de pobreza difundido ayer por el INDEC –dando cuenta que en junio un 27% de los argentinos revistaban en esa condición– es sólo un anticipo de lo que nos espera para el tercer y cuarto trimestre de este año. Para esa fecha, con una inflación del 45-50% anual, y aumentos paritarios en la mitad de esa cifra, la pobreza va a superar holgadamente los 30 puntos, abarcando a 15 millones de argentinos.


Mauricio Macri salió a abrir el paraguas respecto de ese escenario brutal, anunciando algún refuerzo “por única vez” de las asignaciones sociales para el mes de diciembre. Con ello, refrendó la tesis que todos los gobiernos de las últimas décadas, sin excepción, han esgrimido frente a la pauperización que los tuvo como responsables. La pobreza, según ellos, abarcaría a los “excluidos”, marginados o desempleados. De todos modos, el asistencialismo oficial, hay que decirlo, ya ha sido largamente devorado por la devaluación y la carestía. Veamos: mientras que la AUH se encuentra en 1.350 pesos, la canasta básica calculada por el Indec le asigna a un hijo mayor de 5 años un gasto promedio… de 4.000 pesos mensuales.


Pero el (mezquino) planteo asistencial del macrismo oculta lo más importante, a saber, que la pobreza ha penetrado con fuerza en la clase obrera ocupada, incluso en la que percibe un salario formal. Si la desocupación orilla hoy el 10%, y la pobreza alcanza al 30% de la población, ello significa que las dos terceras partes de los pobres registrados trabajan. Aunque se presume que la mayoría de ellos son trabajadores precarizados, es bueno recordar que en los salarios básicos iniciales de gremios como la UOM o la UOCRA, casi todas las categorías se encuentran por debajo de la actual “línea de pobreza”, o sea, 20.600 pesos.


El cálculo de la “canasta de pobreza” incluye los gastos elementales de alimentación, transporte y vestimenta, pero no integra, por ejemplo, a los alquileres –ni que decir de la recreación y otros gastos. Se trata de una versión degradada de la canasta familiar, o sea, del verdadero cálculo del valor de la fuerza de trabajo, que involucra al conjunto de las necesidades de sostenimiento material y moral de una familia trabajadora. Es significativo que este cálculo –el de la canasta familiar– haya sido discontinuado por casi todos los organismos estadísticos. Se adivina en ello la intención del Estado capitalista de “naturalizar” a la canasta familiar como canasta de pobreza.


De acuerdo a la Universidad Nacional de Rosario, esa canasta familiar se ubicaría hoy en los 33.000 pesos. Siguiendo a las estadísticas de distribución del ingreso del mismo INDEC, el 70% de las personas no alcanza a percibir ese ingreso. Si suponemos una familia donde dos adultos trabajan, de todos modos la cifra de los hogares que no llegan a la canasta familiar es del 40%. Naturalmente, las estadísticas minimizan las consecuencias sobre los ingresos familiares de cuestiones tales como la degradación de la educación o la salud públicas –y también las obras sociales– , que obligan a los trabajadores a recurrir a la escuela privada o a pagar aranceles para la atención médica. El kirchnerismo, que denuncia la pobreza actual, consolidó uno de los pilares del empobrecimiento de la clase obrera, que es el trabajo precario.


Detrás de la “línea de pobreza”, por lo tanto, se esconde una agresión al conjunto de los trabajadores –ocupados y desocupados. El nuevo acuerdo con el FMI tiene el objetivo estratégico de acentuar este empobrecimiento, a través de una nueva vuelta tuerca en la desvalorización de los salarios y jubilaciones y en la escalada de despidos y suspensiones. La burocracia sindical, se desentiende de la pobreza que penetra en las grandes concentraciones obreras. Es necesario poner de pie a los sindicatos para enfrentar la catástrofe social que ha desatado el gobierno fondomonetarista y sus cómplices de las gobernaciones. Congreso de delegados de base mandatos de todos los sindicatos y centrales, para luchar por la reapertura inmediata de paritarias, la indexación mensual de los salarios y jubilaciones, la duplicación de planes y asignaciones y la ocupación de fábricas y reparticiones contra los despidos.

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